Por la paz en Colombia

Enriqueta Cabrera

El Premio Nobel de la Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos mostró un amplio reconocimiento internacional a los Acuerdos de Paz en Colombia, que se lograron después de seis años de pláticas, los dos últimos de negociaciones entre el gobierno de Colombia y las FARC en La Habana. El 26 de septiembre pasado una docena de jefes de Estado se dieron cita en Colombia para acompañar la firma de la paz entre el gobierno encabezado por el presidente Juan Manuel Santos y las FARC representadas por Rodrigo Timochenko Lodoño. Finalmente se había alcanzado la paz, tras 52 años en que la guerrilla hiciera la guerra al gobierno y a los colombianos.

El 2 de octubre un plebiscito popular rechazó, en una votación sumamente cerrada, los acuerdos de paz. ¿Qué significaba aquella decisión? Diferencias en política interna habían derrumbado las esperanzas de muchos, lo absurdo, el ex presidente Álvaro Uribe, satisfecho de que su campaña rechazara la paz que él no supo o no pudo construir. Al desconcierto siguió la discusión de lo que habría que hacer, sin desandar el camino recorrido ni cancelar la paz y volver a la guerra. Siete días después el Comité del Premio Nobel anunció la decisión de otorgar el premio al presidente Santos, bien merecido, a pesar del plebiscito. No pocos colombianos pensaron en la posible oportunidad perdida: 52 años de guerra.

La firma de los acuerdos fue una sacudida para los colombianos, tras años de guerra y sufrimientos interminables por secuestros y asesinatos, y el plebiscito se realizó apenas seis días después de la firma. Ningún otro acuerdo de paz reciente en la región fue sujeto a un plebiscito. ¿Qué hubiera sucedido si se hubieran sometido a consulta popular los Acuerdos de Chapultepec que pusieron fin a la guerra entre el FMLN y el gobierno y las fuerzas armadas de El Salvador?

Muchos fueron los asesinatos, los secuestros, los reclutamientos forzados, los combates que afectaron a muchas localidades ocasionando el abandono de hogares con tal de salvar la vida, los desplazados en el interior de Colombia, las alianzas entre guerrilla y narcotraficantes. Pero finalmente y por iniciativa del presidente Santos, las FARC, al iniciar las conversaciones y negociar los acuerdos de paz, dejaban en claro que aquella era una guerra que no podrían ganar, sus fuerzas habían pasado de 20 mil a 5 mil 800, tres de sus principales comandantes habían sido asesinados. Así, fue posible negociar y construir acuerdos.

Como en todos los casos, la negociación implica reconocimientos mutuos para sentarse en la mesa a dialogar. Desde el inicio de las negociaciones estuvo presente el rechazo del ex presidente Uribe en las conversaciones para avanzar en el proceso de paz. Las divisiones políticas internas fomentadas por Uribe resultaron una piedra en el camino por la paz, pero sin duda representan una parte del sentir de la sociedad. Uribe, sin embargo se niega a salir del escenario político colombiano como corresponde a todo ex mandatario. La relación con Juan Manuel Santos fue nula durante seis años, hasta ahora que han iniciado pláticas.

Los Acuerdos de Paz se vinieron abajo el 2 de octubre como resultado del plebiscito: 50.2% se pronunció por el NO y 49.8% por el SI. Paradójico, el pueblo que quiere la paz se pronunció en contra de los acuerdos. Álvaro Uribe, quien estuvo a punto de modificar la Constitución para tener un tercer periodo presidencial y que fue frenado por el Congreso, hizo una enorme campaña por el NO, tocando fibras muy sensibles para toda la población que SI quiere la paz. Rechazó los términos del acuerdo, sobre todo en torno a dos cuestiones: que los guerrilleros que hubieran cometido asesinatos y secuestros lo expresaran para ser juzgados por un tribunal especial y que las FARC se convirtieran en una fuerza política con 10 asientos en el Congreso en los primeros años. Discursos y propaganda de Uribe estuvieron dirigidos a reabrir heridas para lograr el NO. ¿Logró lo que buscaba, entrar en el juego político? Posiblemente, pero no podrá derrumbar lo construido a lo largo de seis años para alcanzar la paz. El margen de negociación es estrecho, por no decir casi nulo, no será fácil.

Los colombianos quieren y necesitan paz para poner fin a 52 sangrientos años. Pero los acuerdos son también concesiones para lograr lo que se busca y las FARC no permitirán retrocesos en lo esencial. Colombia estará mejor con las FARC como partido político, como lo fue (toda proporción guardada) el FMLN en El Salvador. El presidente Juan Manuel Santos tiene la sensibilidad y la pericia política para lograr que prevalezca el logro de la paz en Colombia. En buena hora recibe el Premio Nobel de la Paz.

Periodista y analista internacional

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