Migración y elecciones: polarización

Enriqueta Cabrera

El tema de la inmigración indocumentada en Estados Unidos se mantiene en todos los debates del Partido Republicano, así como en la agenda del Demócrata

El tema de la inmigración indocumentada en Estados Unidos se mantiene en todos los debates del Partido Republicano, así como en la agenda del Demócrata.  Dos posiciones opuestas entre los dos punteros de las primarias: Donald Trump y Hillary Clinton.  Sin duda el tema prevalecerá a lo largo de las primarias y de las campañas electorales a partir del año que entra.  El debate refleja la polarización del tema, la enorme controversia ya no entre dos candidatos, sino entre dos visiones opuestas acerca de lo que debiera ser la reforma migratoria que para Hillary Clinton aparece como necesidad insoslayable, mientras que Trump, sostiene, con un leguaje grosero y ofensivo, que habría que comenzar por borrar del territorio estadounidense a todos y cada uno de los indocumentados echándolos del país y cerrando la frontera con México.

La portada de hace unas semanas de la revista “The Economist” retrata perfectamente lo que Trump representa para los Republicanos y para la Casa Blanca (en el altamente improbable caso de ganar las presidenciales de 2016).  Un helicóptero con el nombre de Trump vuela sobre la Casa Blanca, cuelga a uno de sus costados una cadena de la que pende la rubia peluca del republicano, con grandes letras en la parte superior de la portada se lee: “Washington, we have a problem”.

Pues sí que Trump representa un problema para los republicanos que no hayan como darle la vuelta a su argumento de que hay 11 o 12 millones de delincuentes en Estados Unidos, de que todos son ladrones o violadores, sólo dos en el último debate Jeb Bush y John Kasich le dijeron que era imposible deportar a 12 millones de indocumentados, que tendría un alto costo.  Se referían fundamentalmente al dinero, aunque el mayor costo sea humano.  Otros como Ted Cruz y Marco Rubio se acercan al lenguaje trumpista, no rechazan sus propuestas, tampoco las apoyan pero simpatizan. Por cierto que el senador Rubio de 44 años dio ya un giro de 180 grados después de que hace tiempo apoyara el proyecto bipartidario de reforma migratoria.  El oportunismo se acomoda, sin duda.  La lengua de Trump no para.

Es difícil que Trump gane la candidatura republicana a la presidencia, aunque no imposible. Mucho más difícil, prácticamente imposible, que gane la Presidencia en 2016, nadie la gana ya en EEUU sin el voto latino.  Pero más allá de eso, el problema principal es que la verborrea de Trump despierta todos los demonios del racismo y la xenofobia, las agresiones veladas y abiertas contra los indocumentados latinos (y en general contra los mexicanos y los latinos aunque tengan residencia o ciudadanía).  Contribuye a envenenar la convivencia sobre todo en pequeñas ciudades.

El tema de la inmigración y la deportación reapareció también cuando la Corte de Apelaciones de Nueva Orleans el 9 de noviembre congeló la acción ejecutiva (decreto presidencial)  de Barack Obama sobre inmigración.  Beneficiaría a alrededor de 4 millones de indocumentados que dejarían de ser candidatos a la deportación temporalmente, indocumentados jóvenes que han vivido en el país desde niños y de aquellos que han vivido en Estados Unidos desde 2010 y cuyos hijos son ciudadanos americanos (por haber nacido allá).  Los beneficiados tendrían algo así como una residencia legal que les permitiría trabajar y tener licencia de manejar.  Esos 4 millones representan una tercera parte de los 11 o 12 millones de indocumentados que viven y trabajan en Estados Unidos, de ese tamaño es el tema.

La Corte de Apelaciones congeló el decreto presidencial.  Obama recurrirá a la Suprema Corte que podría resucitarlo antes de que termine su periodo presidencial en 14 meses.  No es seguro, pero sí altamente probable; es la única salida posible.  Llevará tiempo que la Suprema Corte desahogue el tema.  ¿Cuánto? Diversos analistas consideran que la resolución se daría unos cuatro meses antes del fin de la presidencia de Obama, lo que significa que habría premura para actuar y dejar garantizado que esos 4 millones, una tercera parte de los indocumentados, tengan una oportunidad tan justa como necesaria, son muchas vidas las que pueden tener el camino abierto o cerrado en definitiva.  De ese tamaño son las cosas.  Naturalmente, la mayor parte de esos cuatro millones son mexicanos.

Lo curioso es que hay un tema fundamental del que no se habla: las contribuciones de los mexicanos y los latinos a la economía de pequeñas y grandes ciudades de Estados Unidos, como Los Angeles, Chicago o Nueva  York.  El trabajo de los indocumentados aporta mucho más de lo que reciben económica y socialmente.  Ese es el punto.

* Periodista y analista de temas internacionales.

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