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12/03/2016
01:53
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 La educación sentimental de la señorita Sonia
Autora: Susana Constante
Editorial: Fondo de Cultura Económica

Aunque desde los tiempos en que se lleva un recuento de hechos y sucesos de individuos, grupos, sociedades, países, épocas, hay muchas historias de mujeres que han ejercido su derecho al pleno disfrute de su cuerpo y de su sensualidad, sigue asombrando su aparición en la literatura, sobre todo cuando las protagonistas, además, no son juzgadas y calificadas con adjetivos denigrantes; por eso llama la atención esta novela argentina, publicada originalmente en 1979, donde los personajes femeninos son poderosísimos, y se ganan la simpatía de los lectores, porque son muy superiores a los masculinos, a los que utilizan para el placer, pero sobre todo para conseguir la muy rara satisfacción de amar en cuerpo y alma. Muy pocos textos han conseguido esto, sobre todo sin caer ni en la vulgaridad ni menos en la cursilería.

Aunque no se especifica la fecha de la anécdota, el tono y el carácter de los personajes hacen imaginar que se trata de una burguesía acomodada, bajo costumbres tolerantes, si no relajadas, en la que dos mujeres, una madura y otra entrando en la edad de merecer sin que la consideren víctima de pederastia, son atraídas por hombres afectados, tímidos, aunque ardientes; aunque ellos las desean, son ellas las que los seducen aunque permiten que, como en The Last Picture Show (Peter Bogdanovich), las acaricien, manoseen, manipulen, besen, succionen, pero sólo arriba de la cintura, no importa que sean más de uno las que les proporcionen esas sensaciones de manera simultánea.

Pero como también funciona el alma, uno de ellos es objeto del deseo de la más joven, y como es hijo de la otra dama, hay petición de que la joven le conceda el honor de permitirle inaugurar sus actividades sexuales con ella; la mujer madura no sabe que la joven, además de desearlo, también lo ama (más lo primero, aunque lo segundo aumenta lo primero).

La narrativa es poderosísima y el ritmo narrativo es vertiginoso, pero la prosa es delicada, bella y sin perversiones ocultas; no hay castigo ni moralismo, sólo una lección dolorosa: no siempre el triunfo del sexo es el triunfo del amor.

No hay una crítica a la sociedad mojigata, no es una incitación al cambio social-erótico, simplemente es un retrato de cómo sería la vida en una comunidad donde no hubiera represión a los deseos, ni las convenciones ordenaran que la iniciativa fuera de parte del género masculino. Una novela deliciosa aunque triste.

Más maldito karma
Autor: David Safier
Editorial: Seix Barral

Después de vivir el día más desastroso de su vida, Daisy y Barton mueren en un accidente automovilístico; son rechazados por la luz y reencarnan como hormigas, por el mal karma acumulado durante su vida. Con la asesoría de Buda y acompañados de Casanova y Aarg, deben acumular buen karma para ser aceptados por la luz, aunque tengan que aceptar que hay cosas que no podrán recuperar. Tan divertida como la anterior.

Nos vemos allá arriba
Autor: Pierre Lemaitre
Editorial: Salamandra

Si el lector logra pasar de las primeras 100 páginas se encontrará con una de las novelas más interesantes, que aunque se sitúa en la Primera Guerra Mundial, pinta un panorama aterrador en el presente, por la facilidad de los fraudes posibles; muy alejado de la velocidad de los thrillers, exige atención a la narrativa minuciosa y lenta, pero inteligentísima y sugerente; quienes aprueben la corrupción no podrán leerla.

Hamartia (o Hacha)
Autora: Carmen Boullosa
Editorial: Hiperión /UANL

La prolífica Boullosa regresa a la poesía, con un libro breve pero con cuatro secciones muy diferentes; en la primera muy narrativa, con poemas muy extensos que cuentan una historia en fragmentos que se unen para describir un mundo que, aunque pasado, sigue presente; la tercera y cuarta, más breves, experimentan con ritmos alternos; la segunda parte, la más lograda, está hecha de estampas felices y contundentes.

 

La perla asesina. Historia de un aneurisma
Autor: Ignácio de Loyola Brandão
Editorial: Cal y Arena

Los únicos hipocondríacos a los que podemos tolerar es a los que tienen sentido del humor, como es el caso de Brandão, quien mucho antes de saber que padecía un aneurisma que podría aniquilarlo de una u otra manera, imagina diversas enfermedades, se la pasa penando por las consecuencias, envidia a los sanos; no es un libro divertido para los que no están enfermos, pero a sus semejantes nos da consuelo. Excelente.