La evaluación docente a prueba

Eduardo Backhoff Escudero

Imagínese que los pilotos de avión o los médicos no tuvieran que certificarse para ejercer su profesión. ¿Qué nos garantizaría no poner en riesgo nuestras vidas?

Dando por hecho que la evaluación del desempeño docente se debe realizar por ley y que la intención del gobierno es cumplir con esta obligación, muchos se preguntan con escepticismo si la evaluación que están realizando las autoridades educativas, con el aval del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), es válida técnicamente y pertinente educativamente. Dado que las respuestas a estas preguntas son elementales para sustentar o no esta evaluación, me propongo reflexionar sobre ellas en los siguientes párrafos.

Imagínese que los pilotos de avión o los médicos no tuvieran que certificarse para ejercer su profesión. ¿Qué nos garantizaría no poner en riesgo nuestras vidas? Por ello, la evaluación certificadora, tanto de los pilotos como de otros profesionistas, es un requisito indispensable para obtener y renovar temporalmente la licencia para ejercer su profesión.

Algo parecido sucede en los países industrializados cuando una persona desea obtener o renovar su licencia de conducir. Para ello: 1) se evalúa el estado físico de la persona, a través de un examen médico, 2) se examina su conocimiento sobre las reglas de tránsito, con una prueba estandarizada, y 3) se evalúan sus habilidades para conducir un automóvil, con una prueba práctica de manejo. Es importante señalar que esto no sucede en México, donde al futuro conductor, en el mejor de los casos, se le hace un examen de la vista y, en el peor, se le otorga una licencia por tiempo indefinido sin evaluación alguna (como fue el caso del DF).

Con la lógica de certificar competencias profesionales, la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), promulgada en 2013, obliga a los docentes, directores y supervisores de la educación obligatoria a acreditar una evaluación de desempeño, cada cuatro años, para permanecer en su cargo. La LGSPD señala que, en el caso de la función docente, la evaluación del desempeño debe considerar los siguientes elementos: planeación de clase, dominio de contenidos, prácticas didácticas, ambiente en el aula, evaluación y aprendizaje de los alumnos, colaboración con la escuela y diálogo con los padres de familia. Para ello, se deben identificar las características básicas del desempeño docente que sean factibles de observar en contextos culturales diversos.

El diseño de la evaluación del desempeño docente ha representado un reto enorme para el Estado mexicano debido al tamaño y diversidad de su sistema educativo, a la escasez de especialistas en materia de evaluación en el país y a la gran resistencia de los docentes por ser evaluados. Las autoridades educativas propusieron una evaluación que contempla cuatro etapas: 1) Cumplimiento de responsabilidades (participación escolar del profesor y vinculación con padres de familia y comunidad), 2) Evidencias de enseñanza (práctica del docente con base en trabajos de sus alumnos), 3) Examen de conocimientos y competencias didácticas (mediante la solución de casos) y 4) Planeación didáctica argumentada (elaboración de un plan de clase, que incluye el diagnóstico del grupo y el contexto social de la escuela).

Queda claro que los componentes de la evaluación del desempeño docente cubren los elementos que se señalan en la LGSPD y que son factibles de observar, aunque sea de manera indirecta, como es el caso de las prácticas didácticas. Sin embargo, está por verse en qué medida la información empírica proporcionada por los docentes sustentan la validez técnica y pertinencia educativa de los instrumentos utilizados. Asimismo, es importante conocer si los resultados de los maestros fueron afectados negativamente por: 1) el uso de computadoras para responder la evaluación, debido a que muchos docentes no tienen las habilidades digitales suficientes, 2) la extensión excesiva de la evaluación, que duró hasta ocho horas cuando no hubo interrupciones y 3) las condiciones en que se realizaron las evaluaciones en algunos estados, donde prevaleció un clima de violencia social y control policiaco y donde el docente sufrió: a) estrés físico, por tenerse que levantar en la madrugada para ser trasladado en helicópteros a los centros de evaluación, y por la espera para iniciar la evaluación ocasionada por problemas logísticos y técnicos, b) presión emocional, por tenerse que evaluar en un clima adverso entre constantes reclamos de sus compañeros y amenazas de expulsión del sindicato, y c) ansiedad y tensión nerviosa al tenerse que reprogramar su evaluación, por diversos tipos de problemas.

En síntesis, el análisis de la calidad de los instrumentos, de su administración y de las condiciones sociales en que se implementó la evaluación docente, que deberá realizar el INEE próximamente, arrojará información suficiente para, en su caso, identificar errores y poderlos subsanar, a fin de mejorar el proceso de evaluación docente. Si es necesario, habrá que hacer un alto en el camino para corregir los problemas identificados y asegurar que los resultados de la evaluación del desempeño sean válidos y pertinentes, antes de que se tomen decisiones con base en ellos.

A pesar de las dificultades (corregibles) que pudo tener esta primera experiencia, es mejor transitar hacia una cultura de la evaluación y certificación de competencias docentes, que quedarse en los usos y costumbres de regalar licencias (como las de conducir) para toda la vida.

Consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios