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Un cambio de fondo

Editorial EL UNIVERSAL

Ninguna restricción a la circulación de los automovilistas en el Valle de México es poca cosa. Interfiere con la vida cotidiana de millones de personas que dependen del automóvil no sólo por comodidad, sino por necesidades de trabajo, de familia o simplemente porque a veces no hay otra forma de salir o entrar a ciertas zonas de la zona metropolitana. A pesar de ello, sacrificar todos el uso de nuestros vehículos es inevitable a partir de la llamada de atención que significó la implementación de la primera contingencia ambiental en la Ciudad de México en los últimos 14 años.

Es el primer paso. Muchos otros habrá que dar para ir más lejos que sólo evitar una nueva contingencia. Porque el objetivo final no debe ser tan simple, sino mejorar de manera paulativa —y definitiva— la calidad del aire para nosotros y para las generaciones futuras.

Ayer se determinó endurecer el programa Hoy No Circula en las 16 delegaciones de la capital del país y en los 18 municipios conurbados del Estado de México, sin importar el modelo o el engomado de los vehículos. La determinación aplicará a partir del 5 de abril y hasta el 30 de junio, por lo cual dejarán de circular alrededor de un millón de automóviles, de acuerdo con el cálculo oficial. ¿Por qué durante ese periodo de tiempo solamente? Es la época de calor la que evita la circulación del aire y, por lo tanto, la que facilita la concentración de contaminantes sobre el Valle de México.

Sin embargo, ¿no tendría que aprovecharse la coyuntura actual para extender las acciones hacia un proyecto de largo plazo? En entrevista con EL UNIVERSAL el secretario de Ciencia y Tecnología e Innovación de la capital del país, René Drucker Colín, consideró que el problema de la contaminación ambiental en la zona centro no se resolverá en esta administración, pues “hay todo un sistema que debió haberse implementado hace 20 o 25 años, poco a poco, pero que nunca se hizo”.

Entre las cosas que el también investigador sugiere hacer es “mejorar los servicios de transporte público; tiene que ser bastante más extenso y estar coordinado y ordenado”. El problema es multifactorial, afirma.

Es verdad. Al final, a quien más afecta la medida no es a aquellos con acceso a dos vehículos, ni a quienes pueden pedir un servicio privado de transporte, sino a los millones de habitantes cuya única opción —por la falta de una alternativa pública eficiente— es llegar hasta sus trabajos u hogares en automóvil.

Lo que no se hizo en el cuarto de siglo pasado quedará sin resolverse en el corto plazo. Sin embargo, si comenzamos ahora con un plan de largo plazo para la megalópolis, quizá en esta generación logremos vivir mejor que ahora.

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