Quien más tiene, ¿más paga?

Editorial EL UNIVERSAL

En materia tributaria, la característica de México fue mucho tiempo impredecible. Cada año, durante la discusión de la Ley de Ingresos, se imponían nuevos impuestos y se quitaban otros, al antojo de la autoridad hacendaria o de los legisladores. Esa práctica era duramente criticada por la iniciativa privada con el argumento válido de que cada 12 meses cambiaba en el país el panorama fiscal.

Hace dos años se reestructuró el esquema tributario nacional. Desaparecieron los impuestos Empresarial a Tasa Única y a los Depósitos en Efectivo. Pero de acuerdo con los datos de un informe elaborado por la Cepal y Oxfam, la reforma no está dando el resultado que se planteó.

Las cifras señalan que la reforma fiscal no detonó la recaudación; por el contrario, se contrajo como proporción del Producto Interno Bruto. En 2014 la recaudación de impuestos representó 19.5% del PIB, ligeramente menor a 2013 cuando representaba 19.7%. El objetivo buscado era justamente el contrario: elevar la recaudación como porcentaje del tamaño de la economía nacional. En cambio, en países de la OCDE el promedio recaudatorio creció en 2014 a 34.4% del PIB; incluso en naciones de América Latina los ingresos tributarios crecieron y se ubicaron en 21.7% del PIB.

Aunque en los últimos años ha habido mínimos avances en la recaudación, el país aún queda detrás del resto de las naciones. ¿Qué ha fallado en el esquema tributario? Quizá la respuesta se encuentra en otro dato del mismo informe: 10% de la población con los ingresos más elevados en América Latina, incluido México, paga una tasa efectiva del Impuesto Sobre la Renta de entre 1% y 10%. Es decir, las grandes fortunas de este país gozan de privilegios que no tienen en otras partes del mundo, pues, siguiendo con el informe, la población con mayores recursos paga en Estados Unidos un impuesto de 14.2% y en países europeos la tasa sube a 20%.

Uno de los objetivos del cobro de impuestos es que el Estado redistribuya la riqueza del país por medio de obras de infraestructura en las regiones necesitadas o proporcionando servicios públicos de calidad y de atención a la salud a quienes no tienen acceso a ella.

Por las cifras reveladas, el sistema recaudatorio evidentemente aún puede perfeccionarse. Es hora de replantear el sistema fiscal para los grandes capitales y de cerrar resquicios que puedan utilizar para no pagar la tributación debida, medida a la que recurren de manera frecuente. La desigualdad en México es inocultable y uno de los pasos indispensables para disminuirla, debe ser que más pague, quien más tenga... por justicia social.

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