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Hacia la ciudadanía global

Daniel Cabeza de Vaca Hernández

En su último discurso ante Naciones Unidas, el presidente Barack Obama subrayó que el mundo es demasiado pequeño para intentar enfrentar las consecuencias globales, mediante la construcción de muros.

Por el contrario, propuso aumentar el entendimiento, capacidad y cooperación de la sociedad internacional, como la vía para enfrentar —de manera unida— los complejos retos de la globalización.

Frente a éstos, apeló sobre todo a la conciencia de cada persona, justamente para reafirmarse a sí misma, pero siempre a través del reconocimiento del prójimo, en su libertad, en igualdad y con justicia.

Su elocuente discurso, que terminó con un enérgico llamado a los líderes de los países para urgir lo mejor de toda la humanidad, recordó al célebre Discurso de Gettysburg, del 19 de noviembre de 1863, de Abraham Lincoln.

En éste, el preclaro estadista perfiló El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como el único camino para lograr la verdadera democracia y para definir la auténtica vocación pública.

Afortunadamente México, por su naturaleza colectiva, por su testimonio histórico y por su convicción soberana, ha optado —desde sus inicios como nación independiente— por ese sistema político como su forma de vida.

A partir de esa vocación popular, la sociedad mexicana, que hoy goza de madurez y de información oportuna, está plenamente consciente de los enormes desafíos que encara la sociedad mundial.

Las nuevas tecnologías, en especial el internet y las redes sociales, en su calidad de espacios privilegiados para la libertad de expresión, han contribuido decididamente al entendimiento de esa interdependencia.

De esta manera, el cambio climático y la migración ilegal, por ejemplo, son sólo una muestra de los múltiples asuntos que son parte de la abultada agenda cotidiana, de lo que se conoce como la “nueva ciudadanía global”.

Como lo enfatizó el propio Obama en el citado discurso, tal como sucedió con la creación de Naciones Unidas para evitar la tercera guerra mundial, los actuales problemas globales demandan soluciones colectivas innovadoras.

En este sentido, México acierta con su agenda pública en el campo institucional y diplomático, que propone el diálogo, el respeto y el desarrollo entre todas las naciones, como la senda para resolver las dificultades compartidas.

Bajo el concepto de ciudadanía global, subyacen las comunidades locales, que luchan —como la nuestra— por consolidar, ampliar y mejorar la democracia efectiva, para asegurar el disfrute universal de los derechos humanos.

Sin duda, el generoso talante de nuestra nación seguirá en el camino correcto, siempre que apueste en el concierto internacional, por la convivencia que aprecia y respeta a la diversidad, a la dignidad de la persona y a la fraternidad e igualdad.

Consejero de la Judicatura Federal de 2009 a 2014

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