Tamaulipas, un grito de rabia: ¿hasta cuándo?

Carlos Heredia Zubieta

No veo en Tamaulipas a ningún político que cambie el ejercicio del poder para atender las preocupaciones de los ciudadanos

¿Cómo gobernar un estado donde manda la mafia? En 31 entidades se puede calificar al gobernador o al alcalde desde pésimo hasta excelente, que también los hay. Sin embargo, en Tamaulipas no hay gobierno. Allí manda la mafia.

Hace una generación los tamaulipecos nos decíamos a nosotros mismos: nuestro estado tiene todo: 400 km de litoral al Golfo de México, tierra cultivable feraz y cinco ríos que atraviesan al estado a lo largo y ancho de su territorio, y una población cuyos índices socio-económicos son superiores a la media nacional.

Ochenta mil kilómetros cuadrados con 561 km de frontera con la economía más rica del mundo.

Había problemas, claro está, pero el narco y la delincuencia organizada no nos habían tomado a los tamaulipecos como rehenes.

¿Y qué pasó? Entre 1993 y el día de hoy llegaron uno tras otro los cuatro jinetes del Apocalipsis priísta: Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington Ruvalcaba, Eugenio Hernández Flores, y Egidio Torre Cantú. Nos vendieron la idea de que quien ‘se portara bien’ estaba a salvo de la violencia, pero con su tolerancia, complicidad o incluso subordinación, las bandas criminales tomaron Tamaulipas.

Muchos tamaulipecos cayeron en el cáncer de la corrupción gubernamental y del dinero fácil del narco. El PRI siguió comprando y ‘ganando’ elecciones como negocio, lucrando con la impotencia de una sociedad destrozada.

El 5 de junio de 2016 se renovará la gubernatura, las 43 alcaldías y el Congreso local.

Ante el caos, una plataforma electoral mínima debería apuntar a hacer vigentes las garantías constitucionales:

1. Los tamaulipecos no podrán ser privados de la vida, de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales;

2. Cada tamaulipeco desaparecido o asesinado por la delincuencia es parte de nosotros, hay que nombrar a las víctimas, identificarlas por nombre y apellido y hacernos cargo de cada caso;

3. Los tamaulipecos podrán circular libremente por las carreteras del estado y caminar tranquilamente por sus localidades sin temor a ser secuestrados por grupos criminales que les quiten su auto o la vida misma.

No veo en Tamaulipas a dirigente político alguno que cambie el ejercicio del poder para hacer suya la ‘extravagante’ idea de atender las preocupaciones de los ciudadanos.

Si el próximo gobernador o el siguiente alcalde hacen lo mismo de siempre, tendremos resultados igualmente fatales.

¿Por qué no le han pegado a las bandas criminales en el bolsillo? ¿Será que gozan de la protección de políticos y funcionarios? ¿Se necesita que Estados Unidos busque a ex gobernadores corruptos para terminar con la impunidad de que gozan en México? Quien intenta combatir el negocio infernal de corrupción-impunidad-secuestro-extorsión es amenazado o incluso eliminado.

¿Cómo revertir la brutal descomposición del tejido social tamaulipeco?

Hay impotencia y hartazgo, pero también dignidad y valor civil.

El 14 de noviembre se cumplieron cinco años de la gesta de don Alejo Garza Tamez, quien se negó a entregar su rancho en Güemez a una banda criminal y murió defendiéndose.

El 23 de agosto se cumplieron cinco años de la masacre de San Fernando, donde asesinaron a 72 migrantes.

Hoy los tamaulipecos protestan y se organizan. En Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Tampico, Madero, Altamira y cada rincón del estado tenemos que aprender y hacer alianzas con las experiencias de Monterrey, Torreón, Ciudad Juárez y Tijuana, entre otras ciudades, donde están saliendo poco a poco.

En Tamaulipas hay un grito de rabia: ¿cuándo terminará esta tragedia? Y desde el dolor y la resistencia, surge un grito de fuerza que apuesta radicalmente por la vida.

 

Profesor Asociado en el CIDE.

@Carlos_Tampico

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