El problema no es Escobar

Alejandro Hope

Después de mucha reflexión, he concluido que me equivoqué y que los críticos erraron el tiro. Arturo Escobar está excepcionalmente bien calificado para el puesto

Pocos funcionarios han recibido tanta metralla en el último mes como Arturo Escobar. Su nombramiento como subsecretario de prevención en la Segob fue recibido con una avalancha de críticas. En el Congreso, lo más suave que le han dicho es improvisado. Organizaciones diversas de la sociedad civil han solicitado su remoción. Académicos y especialistas se han unido a ese llamado. Y yo me sumé al coro: fui abajofirmante de uno de los desplegados cuestionando su designación.

Pero, después de mucha reflexión, he concluido que me equivoqué y que los críticos erraron el tiro. Arturo Escobar está excepcionalmente bien calificado para el puesto.

¿Pero cómo puedo decir semejante cosa? Permítanme explicar.

La Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana no tiene como propósito prevenir el delito. Si ese fuera su objetivo, ni siquiera existiría. En 2012, cuando se anunció su creación, ya existía un Centro Nacional de Prevención del Delito. Existía además una unidad de prevención en la Comisión Nacional de Seguridad ¿Para qué era necesario crear una tercera instancia burocrática?

Más importante, si la Subsecretaría tuviese a la prevención como objetivo central, hubiera empezado financiando algunas prácticas promisorias en unas cuantas localidades, las hubiera sometido a evaluación rigurosa, y luego, ya con resultados en la mano, las hubiera dotado de escala nacional.

Pero no. Se empezó un programota de 2 mil 500 millones de pesos por año, distribuidos en unas 60 demarcaciones (seleccionadas con criterios misteriosos), y dedicados a financiar lo que fuera. ¿Distribución de lentes en primaria? Va. ¿Plantas deshidratadoras en Apatzingán? Por supuesto. ¿Clínicas de futbol con El Matador Hernández? Para luego es tarde. ¿Megamurales en Pachuca? Pues cómo no. ¿Un “safari urbano” en Tepito? Suena hip y lucidor.

Al no existir evidencia de que algo de lo anterior previniese un solo delito, informaron en la Subsecretaría que lo suyo no eran los delitos, sino los “factores de riesgo”. ¿Y qué era eso? Cualquier cosa que tuviese cualquier tipo de asociación teórica, estadística o metafísica con el delito, desde el desempleo juvenil hasta el consumo de drogas, pasando por el hacinamiento, el embarazo adolescente, la ausencia de parques, la falta de comunicación intrafamiliar y el tiempo dedicado a los videojuegos.

La conclusión es obvia: una Subsecretaría dedicada a atender “factores de riesgo”, con decenas de programas variopintos que no tienen otra cosa en común que el origen del billete y sin nada que se asemeje a evaluación externa, no busca prevenir el delito, sino construir clientelas políticas sin que nadie se dé cuenta. Y para ese rol, Arturo Escobar es un candidato excepcional.

En primer lugar, es un maestro de la simulación: pertenece a un partido que se dice verde y ecologista y que no es ninguna de las dos cosas. Ha defendido vehementemente que la propaganda pura y dura no es más que “informes de resultados”. Además, se trata de un hombre de principios flexibles (por decirlo de algún modo). Puede estar a favor o en contra de la pena de muerte, dependiendo de su ubicación en la estructura político-burocrática. Y como cereza en el pastel, tiene capacidad probada en manejos heterodoxos de dinero.

A mi humilde juicio, le queda pintado el papel de titular de una Subsecretaría de prevención que no busca prevenir otra cosa que no sea la derrota de la coalición en el poder.

Entonces, compañeros de la sociedad civil, hay que cambiar de causa. El problema no es Escobar, sino el esperpento que preside. La demanda no debe ser su renuncia, sino la eliminación de la Subsecretaría. A la voz de ya.

Analista de seguridad

@ahope71

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios