Cataluña y el día después

Alberto Peláez

Si sumamos la aritmética política y leemos el lenguaje plebiscitario, llegaremos a la conclusión de que, con menos de la mitad de votantes, los catalanes no quieren separarse de España.

Pero como el secesionismo es como la estupidez o la gripa, que se propaga con mucha facilidad, continúan Artur Mas y sus secuaces reclamando lo ilegal, lo ilegítimo, un contrasentido anacrónico que, como la violencia, sólo conduce a un callejón sin salida.

Existen demasiados siglos de convivencia, demasiados lazos entre Cataluña y España como para establecer fronteras físicas, políticas o intelectuales. Pero mientras esto ocurre escucho con rubor y vergüenza los discursos de los que quieren la independencia.

Hablaron las urnas, habló la ciudadanía mal que les pese; habló el deseo irrefrenable que todo ser humano tiene de expresar lo que piensa con el corazón y siente con la cabeza.

Y porque Cataluña habló dijo que no quería ser independiente. Eso es lo que, al menos, un 53% manifestó al votar opciones políticas no separatistas e incluyentes mientras un 47% dijo que sí quería la secesión; algo en todo caso muy respetable porque salió de las urnas.

Eso sí, no se trataba de ningún plebiscito sino de unas elecciones autonómicas para elegir al próximo presidente catalán y al Parlamento de esa Comunidad Autónoma en los próximos cuatro años. Pero tanto reclamaron la consulta que la consiguieron, aunque fuera de manera subrepticia e incierta.

Durante la campaña electoral escuchamos palabras que evocan “libertad, justicia, solidaridad e igualdad”. También frases hechas como “la opresión de este pueblo catalán” o bien “vamos a escribir las páginas más gloriosas de la historia de Cataluña”. Se trata de palabras y de frases hechas que sólo me conducen a alejarme más de los que las pronunciaron, los que buscaron la independencia.

España y Cataluña son mucho más grandes que todo eso; son mucho más grandes que la enajenación y vesania de unos pocos, como ha quedado suscrito en estas elecciones catalanas en las que los ciudadanos han querido seguir siendo catalanes y españoles.

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Twitter @pelaez_alberto

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