Violencia política en México y Pakistán: de Luis Donaldo Colosio a Benazir Bhutto

México y Pakistán, ubicados en polos opuestos del mundo, han sido blanco de una recurrente violencia política derivada de sus problemas internos y regionales

Violencia política en México y Pakistán: de Luis Donaldo Colosio a Benazir Bhutto
Escena del crimen - Foto: Josué González/REUTERS
English 20/07/2018 19:51 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 14:59
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México y Pakistán, ubicados en polos opuestos del mundo, han sido blanco de una recurrente violencia política derivada de sus problemas internos y regionales. Desafortunadamente, las campañas electorales de este año en ambos países no han sido la excepción.

Las campañas para la elección general en México cerraron el 27 de junio con un récord de 120 candidatos asesinados (102 hombres y 18 mujeres, 66% de ellos pertenecientes a la oposición) entre el 8 de septiembre de 2017 y el 16 de junio de 2018, de acuerdo con reportes gubernamentales y periodísticos.

Otros 351 funcionarios no elegidos a nivel municipal, estatal y federal fueron sacrificados en el mismo periodo debido a amenazas del narcotráfico y del crimen organizado, disputas por tierras, pugnas locales y otras causas.

Guerrero, Oaxaca, Estado de México y Puebla encabezaron la lista de agresiones en entidades federales, mientras que Nuevo León fue la más segura.

La matanza sin precedente llevó a la misión especial enviada a los comicios por la Organización de Estados Americanos (OEA) a declarar al proceso como uno de los más violentos en América Latina y el Caribe en los últimos años.

Leonel Fernández, ex presidente dominicano y jefe de la misión especial, afirmó que el homicidio de actores políticos, candidatos y precandidatos no tiene comparación en el hemisferio occidental, además del número de personas intimidadas para renunciar a sus candidaturas.

Fernández instó a las autoridades a enfrentar el problema, a fin de garantizar una completa y genuina participación en futuros procesos, así como esclarecer los asesinatos y evitar la impunidad.

En este contexto, es importante recordar el homicidio en 1994 de Luis Donaldo Colosio, abanderado presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), durante uno de los episodios más graves de violencia política en México desde principios del siglo 20.

A pesar de las investigaciones, hasta hoy pocas personas creen en su veredicto final, que lo atribuyó a un tirador solitario guiado por motivaciones personales.

El levantamiento zapatista

Aparte del asesinato de Colosio en la ciudad norteña de Tijuana, 1994 empezó con el levantamiento zapatista en Chiapas en coincidencia con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

También ese año, el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, resultó asesinado en el centro de la Ciudad de México, cuando se perfilaba a dirigir a la mayoría en la Cámara de Diputados.

Los hechos de 1994 tuvieron un profundo efecto en la sociedad mexicana y están considerados entre las causas principales de la derrota del PRI en las elecciones de 2000, cuando el empresario conservador Vicente Fox terminó con sus 71 años de monopolio virtual en el poder.
 

Lo mismo puede decirse respecto al legado de Zulfikar Alí Bhutto, quien fungió como presidente y primer ministro de Pakistán durante los años 70.

Fundador del Partido Popular de Pakistán (PPP)—ubicado en el tercer puesto de los sondeos rumbo a la votación general del 25 de julio—Bhutto afrontó la secesión de Bangladesh y fue responsable del inicio del programa nuclear del país.

Ante una crisis económica, el descontento civil y denuncias de fraude electoral, fue depuesto en un golpe militar en 1977 y ejecutado dos años después.

Los proyectos liberales y modernizantes de Bhutto mantuvieron su popularidad; su hija y heredera política, Benazir (1953-2007) regresó del exilio para ser elegida como premier en 1988.

Una vez más, la poderosa casta militar, aliada con militantes islámicos, entorpeció las reformas del PPP al combinarse con la inexperiencia y los problemas de corrupción de Benazir y su entorno.

La primera mujer que dirigió un gobierno democrático en un país musulmán perdió la elección de 1997 y se autoexilió en Dubai.

Benazir regreso a Pakistán en octubre de 2007 y fue atacada con dos bombas el mismo mes en Karachi. El atentado dejó al menos 180 muertos, pero Bhutto salió ilesa. El PPP acusó a la junta militar del general Pervez Musharraf, quien derrocó al segundo gobierno del primer ministro Nawaz Sharif en 1999.

Musharraf, un activo clave de Estados Unidos en la llamada “guerra contra el terror”, rechazó abrir una averiguación externa como exigió Bhutto.

El 27 de diciembre de 2007, días antes de los comicios parlamentarios, fue acribillada a quemarropa por un hombre que también detonó su chaleco explosivo luego de un mitin en Rawalpindi y al día siguiente, Benazir fue enterrada junto a su padre cerca de Larkana.

Mientras que las autoridades sostuvieron que el atentado fue organizado por el Talibán Pakistaní, que negó la versión, el PPP acusó al gobierno de encubrimiento y los comicios fueron aplazados de enero a febrero de 2008.

Una coalición formada por ese partido y la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz, de Sharif, ganó el proceso, seguido en septiembre por la elección del esposo de Benazir, Asif Alí Zardari, como presidente en reemplazo de Musharraf, quien renunció y escapó a Londres temiendo su destitución.

En 2009, una investigación de Naciones Unidas concluyó que el homicidio de Benazir fue probablemente efectuado por el Talibán Pakistaní con ayuda de elementos delictivos del aparato de inteligencia. Cuatro años más tarde, el fiscal principal del caso, Zulfikar Alí, cayó asesinado a su vez en Islamabad.

Al menos desde 1979, cuando la temida Inteligencia Interservicios y Estados Unidos canalizaron armas y apoyo logístico a los rebeldes islamistas en respuesta a la invasión soviética de Afganistán, el ejército pakistaní ha realizado un peligroso doble juego con respecto a su verdadero compromiso con los valores democráticos y la lucha contra el terrorismo.

Como lo muestran los terribles ataques contra civiles inocentes en la actual campaña electoral, los generales son un obstáculo para el progreso de Pakistán.

Editado por Sofía Danis
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