Un orden mundial multilateral es la mejor respuesta a la amenaza del neocolonialismo
Las estructuras coloniales de la época imperialista europea simbolizada por el explorador genovés fueron reemplazadas tras la creación formal de nuevas repúblicas independientes por otras formas de dominio y dependencia - Ilustración: Archivo/EL UNIVERSAL

Un orden mundial multilateral es la mejor respuesta a la amenaza del neocolonialismo

04/10/2019
14:22
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
-A +A
Bajo diferentes máscaras y pretextos, el neocolonialismo está de vuelta en nuestra era marcada por el declive de la única superpotencia, el regreso de las tendencias nacionalistas y un mundo cada vez más caótico

Read in English

Bajo diferentes máscaras y pretextos, el neocolonialismo está de vuelta en nuestra era marcada por el declive de la única superpotencia, el regreso de las tendencias nacionalistas y un mundo cada vez más caótico, donde otras amenazas a su supervivencia, como el cambio climático y la guerra nuclear, requieren ser enfrentadas con la consolidación de un verdadero orden multilateral.

Con motivo del Día de la Raza (Columbus Day en Estados Unidos) la próxima semana, vale la pena señalar que en numerosos casos en todo el sur global, las estructuras coloniales de la época imperialista europea simbolizada por el explorador genovés fueron reemplazadas tras la creación formal de nuevas repúblicas independientes por otras formas de dominio y dependencia, incluso en la ola de descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Un claro ejemplo de este fenómeno lo aportan las vastas ex colonias francesas en África, conocidas como Françafrique en el país europeo. 

De acuerdo con el periodista Mawuna Remarque Koutonin, para 2014 el banco central de Francia controlaba al menos 85% de las reservas extranjeras—casi USD $500 mil millonesde 12 naciones desde 1961: Benín, Burkina Faso, Camerún, Costa de Marfil, Chad, Gabón, Mali, Níger, República Centroafricana, República del Congo, Senegal y Togo, así como las reservas de Guinea-Bissau y Guinea Ecuatorial.

Además de este pacto postcolonial, similar al injusto “acuerdo sobre la deuda” impuesto a Haití tras su independencia en el siglo XIX, el franco CFA centroafricano es la divisa de Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana y República del Congo.

El acrónimo CFA significa “Cooperación Financiera en África Central”, pero el activista franco beninés Kemi Seba ha establecido que un auténtico desarrollo económico en esos países sólo podrá alcanzarse si se libran de dicha moneda.

Argumentó que a cambio de las garantías proporcionadas por el tesoro francés, las naciones africanas canalizan más dinero a París del que reciben en ayuda

Seba también sostuvo que no participan en las decisiones clave de política monetaria de los países europeos que integran la Eurozona.

Sin embargo, el franco CFA (“Comunidad Financiera de África”) africano occidental, de igual valor que el franco CFA centroafricano, es la moneda de Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Níger, Senegal y Togo.

No debe sorprender entonces que el presidente galo Francois Mitterand resaltara que “sin África, Francia no tendrá historia en el siglo XXI”, mientras que su sucesor Jacques Chirac afirmó en 2008 que “sin África, Francia se deslizará al rango de una tercera potencia [mundial]”.

Francia ha estado involucrada en más de 40 golpes de Estado contra gobiernos africanos en los últimos 50 años; en América, donde el famoso historiador Miguel León-Portilla, quien falleció el martes, analizó el lenguaje y la cultura de los pueblos precolombinos, otras antiguas potencias coloniales han recurrido a la intervención militar directa, como ocurrió durante la Guerra de las Malvinas en 1982.

Fuerza expedicionaria

La fuerza expedicionaria enviada al Atlántico Sur por Margaret Thatcher, la primera ministra británica, a fin de recuperar las islas Malvinas (conocidas en inglés como Falkland), que ocupó la junta militar argentina, fue considerada una rareza en el hemisferio occidental pese a la permanencia de varias colonias en el Caribe y América del Sur.

No obstante, algunos expertos como Martin Sieff creen que que la Guerra de las Malvinas puede verse como parte del proyecto de recolonización del mundo impulsado por Thatcher y el presidente estadounidense Ronald Reagan, que precedió a la caída de la Unión Soviética y la imposición de un breve orden hegemónico occidental y neoliberal.

Hoy, el surgimiento de un mundo multipolar después del fracaso de las invasiones de Afganistán e Irak, así como del fortalecimiento de China y Rusia, abre espacio para nuevas formas de expansionismo y colonialismo.

Un caso típico es la invasión saudita y emiratí de Yemen en 2015, empleando el apoyo al régimen de Abdrabú Mansur Hadi como justificación contra los rebeldes houthi respaldados por Irán.

Bajo el manto de las organizaciones globales, otras potencias buscan mantener o imponer su dominio regional, como Australia en el Pacífico sur.

El gobierno de Canberra se opuso activamente a la anexión indonesia de Timor Oriental cuando el enclave logró independizarse de Portugal en 1975, y encabezó una fuerza de pacificación para restablecer el orden después de que los timorenses votaron por la independencia, en un referéndum supervisado por Naciones Unidas en 1992.

Los estudiosos occidentales, por su parte, han señalado que China es el mejor ejemplo del neocolonialismo debido a la Nueva Ruta de la Seda, desde el Corredor Económico China-Pakistán hasta el puerto de Hambantota en Sri Lanka y su estratégica base naval en Yibuti, ubicada en el Cuerno de África.

Beijing, argumentan, ha prestado más de USD $94 mil millones a gobiernos y empresas estatales africanas. Muchos países dieron la bienvenida a las inversiones chinas porque llegaron sin restricciones como el requerimiento de efectuar elecciones libres o la rendición pública de cuentas.

El gigante asiático procedió así bajo la presunción de que su acceso a los mercados de África, una influencia en aumento y la capacidad de explotar los recursos naturales del continente compensarían cualquier crédito sin pagar.

Mientras que el filósofo francés Bernard-Henri Lévy promovió la intervención occidental en Libia y Siria usando como pretexto la Responsabilidad de Proteger (R2P), un compromiso político para evitar el genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad, las alarmas sonaron en Brasilia en agosto, luego de que el presidente galo Emmanuel Macron tuiteó que “nuestra casa está quemándose. Literalmente. El bosque pluvial del Amazonas—los pulmones que producen 20% del oxígeno de nuestro planeta—está bajo el fuego”, antes de recibir a la cumbre del Grupo de los Siete en Biarritz.

La respuesta de Jair Bolsonaro, el presidente derechista brasileño, fue dura, al declarar en la Asamblea General de la ONU que “es una falacia decir que el Amazonas es una herencia mundial”.

Bolsonaro leyó una presunta carta de apoyo firmada por un grupo indígena, denunciando la explotación de “países que todavía ven en Brasil una colonia sin reglas o soberanía”. Añadió que “la ONU ha jugado un papel fundamental en la eliminación del colonialismo y no podemos permitir que esta mentalidad regrese a estos salones y pasillos con cualquier pretexto”.

Esta no es la primera vez en que círculos occidentales intervienen en Brasil con base en motivos humanitarios y ambientales. 

La Fundación del Bosque Pluvial fue establecida en 1987 por el activista belga Jean-Pierre Dutilleux y el cantante británico Sting, después de que Raoni, un líder indígena brasileño, “les hiciera una solicitud personal para ayudar a proteger las tierras y cultura de su comunidad kayapo”.

La incesante destrucción del medio ambiente, la disputa por los recursos naturales y el cambio climático, sin embargo, tienen el potencial para hacer realidad los planes de injerencia extranjera.

James Stavridis, ex comandante supremo del Comando Sur de Estados Unidos y de la Alianza Atlántica, escribió un ensayo el mes pasado en el que subrayó que “esas columnas de humo que se elevan sobre el Amazonas son una amenaza directa para nuestra seguridad nacional”.

Editado por Sofía Danis
Más artículos de Gabriel Moyssen

Mantente al día con el boletín de El Universal