Suscríbete

Mujeres al volante en Arabia Saudita: ¿Son posibles las reformas sociales y económicas?

Arabia Saudita terminó su posición como el último país que prohibía a las mujeres conducir, parte de la ambiciosa Agenda 2030 decretada por el príncipe heredero Mohamed bin Salman

Mujeres al volante en Arabia Saudita: ¿Son posibles las reformas sociales y económicas?
Majdooleen, una de las primeras mujeres sauditas a quienes se permite conducir en Arabia Saudita, conduce su automóvil en Riad, Arabia Saudita - Foto: Faisal Al Nasser/REUTERS
English 27/06/2018 16:38 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 17:56

Read in English

El domingo pasado, Arabia Saudita terminó su posición como el último país que prohibía a las mujeres conducir—al comenzar la semana laboral en las naciones musulmanas—, en una medida que deberá tener gran impacto positivo en la economía del reino desértico, parte de la ambiciosa Agenda 2030 decretada por el príncipe heredero Mohamed bin Salman.

En el marco de una economía muy dependiente del petróleo—70% de sus ingresos provienen de las exportaciones de hidrocarburos—y bajos precios del crudo, permitir que las mujeres manejen podría generar para El Riad tantas ganancias como la venta de acciones de la compañía estatal petrolera Saudi Aramco, de acuerdo con análisis locales y del Fondo Monetario Internacional (IMF).

El fin de la absurda prohibición, por sí mismo un recordatorio de las reformas largamente aplazadas en la conservadora sociedad saudí, añadiría hasta USD $90,000 millones a la economía para 2030, con los beneficios extendiéndose más allá de esa fecha, mientras que los planes de vender 5% de las acciones de Saudi Aramco en 2019 generaría cerca de USD $100 mil millones.

Al tratarse de una de las ricas monarquías del Golfo Pérsico, 87.2% de las familias sauditas tienen chofer.

Un conductor extranjero gana un mínimo anual de 12,000 riales (casi USD $3,200) además de comida y hospedaje proporcionados por sus patrones, de ahí que 1.3 millones de choferes foráneos serán obligados a dejar el país y 33,000 millones de riales (USD $8,800 millones) regresarán a la economía.

Levantar la prohibición incrementaría asimismo el número de mujeres que buscan trabajo, lo que estimulará a la fuerza laboral y elevará los salarios y la producción en general.

Con apenas 20% de las mujeres económicamente activas, Arabia Saudita se halla incluso por detrás de sus vecinos del Golfo, donde la participación promedio fue de 42% en 2016.

Sumar un punto porcentual a la tasa de participación cada año agregaría unas 70,000 mujeres al mercado laboral, además de aumentar el crecimiento económico en 0.9 puntos porcentuales.

Se espera que Arabia Saudí, el mayor exportador de crudo, registre un PIB de 1.8% este año gracias a la expansión del sector no petrolero después de que el crecimiento se contrajo en 2017.

La economía disminuyó su marcha en los últimos tres años, debido a la caída de los precios petroleros en más de la mitad desde el máximo de USD $115 por barril alcanzado a mediados de 2014.

Tradiciones feudales

Desde su surgimiento como el verdadero poder en la dinastía Saud el año pasado, Mohamed bin Salman, de 32 años y también conocido como MbS, ha tratado de modernizar su país, donde las tradiciones de estilo feudal y un estricto código social y religioso emanado de la secta islámica wahabí son la norma.

Al continuar las reformas graduales promovidas por su enfermo padre, el rey Salman bin Abdulaziz Al Sauden 2015 se garantizó el derecho de las mujeres a votar y ser votadas—MbS ha entendido la necesidad de cambio en un complejo ambiente económico, político e internacional.

Su propia consolidación en el poder llegó como resultado del rompimiento de reglas. Fue designado príncipe heredero tras la decisión del rey Salman de deponer a su sobrino, el príncipe Mohamed bin Nayef, y relevarlo de todos sus cargos.

Aclamado por la prensa occidental como un “reformista liberal”, MbS lanzó en seguida una purga de todos sus competidores potenciales y aliados del príncipe Nayef encarcelando a 500 personas en el hotel Ritz Carlton de El Riad bajo cargos de corrupción, a fin de extraerles más de USD $800,000 millones en activos.

En la arena global, el también primer vicepremier, presidente del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo, así como ministro de Defensa, no ha ocultado su alianza con Israel y Estados Unidos contra la creciente influencia regional de Irán.

Respaldó el levantamiento contra el presidente sirio Bashar el Assad utilizando yihadistas del Estado Islámico y de Al Qaeda etiquetados como “rebeldes moderados” y está detrás de la invasión a Yemen que desencadenó la peor crisis humanitaria internacional.

De frente a los problemas económicos—las reservas internacionales del país cayeron de USD $730 mil millones en 2014 a USD $487 mil millones en 2017—el gobierno recortó el gasto público, impuso el impuesto al valor agregado y endureció las restricciones para los trabajadores extranjeros, que componen cerca de 12 millones de la población total, que asciende a 33 millones de personas (66.7% de los saudíes tiene empleadas domésticas) en un esfuerzo para reducir el desempleo entre los ciudadanos sauditas, que es de casi 29%.

Gracias a MbS, el primer cine en 35 años en Arabia Saudita abrió en abril en El Riad y un estadio deportivo acepta mujeres por primera vez.

Sin embargo, otras dos activistas por los derechos de la mujer fueron arrestadas apenas semanas antes del muy anunciado levantamiento de la prohibición de manejo, y las autoridades prohibieron viajar a muchas otras desde mayo.

Naciones Unidasy Human Rights Watch han documentado el uso de la Corte Criminal Especializada y de la ley antiterrorista para procesar injustamente a defensores de los derechos, escritores y críticos pacíficos.

Si el joven gobernante saudí va a estar a la altura de las expectativas generadas por su programa reformista, e ir más allá de una mera modernización económica de arriba hacia abajo, los serios desafíos que están por delante incluyen la instigación del odio religioso en las escuelas primarias, la prohibición a las mujeres de salir solas, abrir una cuenta bancaria y recibir un juicio imparcial; el juicio a las mujeres por hechicería y el empleo generalizado de la tortura, las confesiones bajo coerción y los castigos corporales, que van desde los azotes hasta la pena de muerte por lapidación y decapitación.

El país realizó al menos 130 ejecuciones en 2017 y en lo que va del año, hasta abril, 48 personas fueron ejecutadas, la mitad de ellas por delitos de drogas sin violencia.

Editado por Sofía Danis
Más artículos de Gabriel Moyssen