15 | FEB | 2019
Las negociaciones del Brexit provocan otra crisis en el gobierno del Reino Unido
La Primera Ministra británica Theresa May saliendo de 10 Downing Street en Londres, Gran Bretaña - Foto: Toby Melville/REUTERS

Las negociaciones del Brexit provocan otra crisis en el gobierno del Reino Unido

12/07/2018
17:12
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Una nueva crisis política surgió en el gobierno del Reino Unido encabezado por Theresa May, tras la renuncia de dos figuras principales de su gabinete, debido a su oposición al “acuerdo de Chequers” para el retiro de la Unión Europea

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Una nueva crisis política surgió en el gobierno del Reino Unido encabezado por la primera ministra conservadora Theresa May, tras la renuncia de dos figuras principales de su gabinete, David Davis y Boris Johnson, debido a su oposición al “acuerdo de Chequers” para el retiro de la Unión Europea (UE).

El viernes pasado, May supuestamente logró un convenio con su gabinete para un “Brexit suave” en la residencia privada del premier en Chequers, 65 kilómetros al noroeste de Londres, en lo que ahora es descrito como una “victoria pírrica” por sus críticos y la prensa británica.

Ya debilitada por el triunfo laborista en las elecciones adelantadas de 2017, así como por el prolongado y desgastante proceso para tratar de “encontrar la cuadratura del círculo” y retener el acceso al Mercado Único de la UE mientras se rompe con sus leyes en asuntos clave como inmigración, movilidad, organismos jurídicos y servicios financieros, May presentó un libro blanco para las negociaciones con Bruselas que resultó insatisfactorio tanto para los “brexiters” de línea dura como para el sector privado.

El sábado, los fundadores de varias empresas firmaron una carta señalando que el “acuerdo de Chequers” aumentaría la carga sobre los negocios con costos adicionales, y demandaron la unión aduanera completa con la UE.

Gran Bretaña tiene una economía basada 80% en los servicios, pero los mismos no están cubiertos por las propuestas de May, que tampoco protegerán el estatuto de Londres, el centro financiero amenazado por un posible cambio de sede de las firmas bancarias a París, Francfort y otras ciudades europeas.

El plan delinea un “arreglo aduanero simplificado” que evitaría el establecimiento de una frontera rígida en Irlanda mediante la creación de un área de libre comercio entre la UE y Reino Unido, con el país apegándose al “libro de reglas comunes” sobre las regulaciones europeas para alimentos y bienes.

La frontera irlandesa es uno de los problemas intratables, ya que Irlanda del Norte votó contra el Brexit en el histórico referéndum de 2016 y la membresía en la Unión Europea es vista como una garantía del acuerdo de paz de 1998 en la provincia por Dublín y Belfast.

Además, los bienes que arriben a Gran Bretaña generarían un arancel independiente de los impuestos de la UE.

Las aduanas británicas, en un sistema aún por diseñarse, aplicarían en seguida un arancel para bienes que atraviesen el país hacia el Mercado Común Europeo, potencialmente más elevado, para transferirlo a Bruselas.

Dos meses para un acuerdo

Carolyn Fairbairn, directora general de la Confederación de la Industria Británica, resumió el escepticismo hacia el plan, al afirmar que “tomó al Reino Unido dos años acordar su posición; ahora tenemos dos meses para acordarla con Europa”.

Unas 48 horas más tarde, David Davis, secretario de Estado para Salir de la UE, escribió en su carta de renuncia que respetar la responsabilidad colectiva del gabinete “no cumplirá con el mandato del referéndum y con nuestro compromiso público de abandonar la Unión Aduanera y el Mercado Único”.

Un área de libre comercio regida por el “libro de reglas comunes”, actualizado por última vez en 1997, “entregaría el control de grandes franjas de nuestra economía a la UE y ciertamente no va a devolvernos el control de nuestras leyes en ningún sentido real”, dijo Davis, pese a que la iniciativa permitiría al Reino Unido discrepar en la regulación de los servicios digitales y de otros tipos.

La presión sobre May se incrementó después de la renuncia de Boris Johnson como secretario de Estado para Relaciones Exteriores y la Comunidad Británica de Naciones—el tercer funcionario de ese rango que en 24 horas dejó el gobierno en protesta—y se prepararía a desafiar al liderazgo tory (conservador).

Considerado un candidato a Downing Street desde la campaña para salir de la UE, el extravagante Johnson no escatimó palabras en su carta de renuncia, al declarar que el plan de May equivale a un “semiBrexit”.

Johnson dimitió el lunes, apenas media hora antes de que May dirigiera un mensaje a la Cámara de los Comunes.

Sostuvo que Reino Unido se encamina “al nivel de una colonia” e indicó que trató de apoyar la línea pactada en Chequers, aunque mientras “el gobierno tiene ahora una canción que cantar”, no pudo respaldarlo. “El problema es que ensayé las palabras el fin de semana y encontré que se me pegan en la garganta”, escribió.

Junto a Davis y Johnson también renunció el subsecretario para el Brexit, Steve Baker, seguido el martes por Maria Caulfield y Ben Bradley, vicedirectores del Partido Conservador, minutos antes de que empezara en Londres una conferencia de prensa de May y la canciller federal alemana, Angela Merkel.

El Partido Laborista aventaja 40%-38% a los conservadores según las encuestas, al tiempo que 61% de los tories piensa que el plan de May será un mal acuerdo para el país.

Si al menos 48 parlamentarios envían cartas a Graham Brady, titular del Comité 1922, May podría someterse a un voto de confianza y, de perderlo, enfrentaría un reto a su liderazgo, con Johnson entre los aspirantes potenciales.

Jeremy Corbyn, el dirigente laborista, destacó que “más y más gente está perdiendo la fe en que este gobierno es capaz de entregar un buen acuerdo respecto al Brexit”.

De su lado, Keir Starmer, secretario de la oposición para el Brexit, expresó que el partido respeta el resultado del referéndum de 2016, pero cree que “cualquier acuerdo debería someterse a una votación significativa en el Parlamento” y añadió que no descarta "un segundo referéndum”, como lo exige el nuevo movimiento Izquierda Contra el Brexit.

Durante la conferencia de prensa, Merkel comentó que “fue bueno tener propuestas sobre la mesa”, a menos de un año del “día de salida”, programado para el 29 de marzo de 2019.

Michel Barnier, negociador en jefe de la UE, enfatizó que es posible un acuerdo para octubre o noviembre; anteriormente, calificó como “pensamiento mágico” a las propuestas similares al “acuerdo de Chequers”.

Editado por Sofía Danis
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