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El futuro del subcontinente indio se escribe en Cachemira
Un hombre de Cachemira se cubre la boca durante una protesta contra el desmantelamiento del estatus constitucional especial para Cachemira por parte del gobierno, en Nueva Delhi, India - Foto: Danish Siddiqui/REUTERS

El futuro del subcontinente indio se escribe en Cachemira

16/08/2019
15:37
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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La revocación del estatuto especial de Jammu y Cachemira por el gobierno de India reaviva las tensiones con Pakistán y China en uno de los conflictos internacionales más complejos

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La revocación del estatuto especial de Jammu y Cachemira (JyK) por el gobierno de India el 5 de agosto reaviva las tensiones con Pakistán y China en uno de los conflictos internacionales más complejos, donde los escenarios futuros van de la guerra y el desarrollo económico a un nuevo paradigma sobre el trato a las minorías étnicas y religiosas.
 

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Menos de siete meses después de que Nueva Delhi e Islamabad libraran batallas aéreas y de artillería tras el peor ataque separatista contra tropas indias en la región en disputa, que mató a 44 hombres, Amit Shah, ministro indio del Interior, sorprendió al mundo al declarar unilateralmente el fin del estatuto semiautónomo de JyK en el Rajya Sabha (Consejo de Estados), cámara alta del Parlamento indio.

El único estado indio de mayoría musulmana también fue dividido y degradado a la categoría de dos territorios de la unión administrados directamente por el gobierno central, Jammu y Cachemira, que tendrán legislatura local, mientras que la región más pequeña de Ladakh, reclamada por Nueva Delhi y Beijing, quedará sin legislatura como otros territorios.

Reelegido en mayo con mayoría absoluta en el Parlamento, el primer ministro indio, Narendra Modi, cumplió su promesa de campaña a los nacionalistas hindutva en los primeros 75 días de la nueva administración, en respuesta a los acontecimientos nacionales e internacionales que afectan el conflicto en JyK, que ha provocado tres guerras entre India y Pakistán (1947,1965 y 1999) desde la finalización de la colonia británica y la creación de ambos países en 1947.

El martes, Modi abordó algunos de esos acontecimientos, al insistir en la necesidad de abrogar dos artículos constitucionales que garantizaban el estatuto especial, con objeto de promover el crecimiento y la educación universal, así como combatir la corrupción y el nepotismo alentados por las dos familias y el clero musulmán (ulema) que dominan la política cachemira.

“Ahora está claro para todos que los artículos 370 y 35 (A) aislaban por completo a Jammu, Cachemira y Ladakh. El status quo de siete largos decenios incumplió las aspiraciones populares. Los ciudadanos fueron apartados del fruto del desarrollo. La principal víctima fue la falta de cualquier senda económica propicia para mejorar sus ingresos”, afirmó Modi.

Agregó que “nuestro enfoque es distinto, en lugar del círculo vicioso de la pobreza, la gente necesita más oportunidades. Por años, la intimidación llevó la batuta. Démosle ahora una oportunidad al desarrollo” (Antes de la revocación de los artículos, los no nacidos en JyK no podían establecerse ahí, adquirir tierras o desarrollarlas).

Sin embargo, dada la cercanía de Modi a los extremistas hindutva, la oposición india y musulmana considera la degradación temporal de JyK como señal de que su régimen—bajo presión empresarial y del ala derechista en su Partido Bharatiya Janata (BJP) para acelerar la reestructuración neoliberal y reivindicar sus intereses mundialesno puede confiar en los musulmanes.

A largo plazo, los musulmanes temen la inmigración masiva de indios; como expresó Imran Khan, primer ministro de Pakistán, “la remoción del estatuto especial permitiría a India modificar la composición del estado de mayoría musulmana”.

La expulsión de los pandits

Olvidan, no obstante, que el predominio musulmán en JyK (12.5 millones de habitantes) se alcanzó con la expulsión de los nativos no islámicos, los pandits cachemiros—entre 100,000 y 190,000 personas—, como resultado de la insurgencia islámica organizada y financiada por Estados Unidos, Pakistán y Arabia Saudita contra la ocupación soviética del vecino Afganistán.

La victoria yihadista en 1989 desencadenó una rebelión en JyK. La cifra de muertes el año pasado fue la más alta desde 2009, con casi 300 personas asesinadas; el destino de los pandits fue similar al de los cachemiros nativos desplazados por colonos panyabis y pashtunes desde 1947 en Azad Jammu y Cachemira, bajo control de Pakistán.

Durante la partición de la India Británica, el marajá Hari Singh, gobernante hindú de JyK, prefería la independencia; sin embargo, la presión bélica del naciente Pakistán terminó por dividir la región, al tiempo que en 1962 India y China sostuvieron una guerra por Aksai Chin, parte del Ladakh de mayoría budista, y Arunachal Pradesh.

Reconocidas por su bella cadena de valles y lagos en las montañas, JyK tienen importancia estratégica como cabecera de la mayor fuente de agua dulce de Pakistán, el sistema del río Indus.

Islamabad ha buscado manipular el descontento con el gobierno indio canalizando apoyo logístico a los separatistas; la reacción de Nueva Delhi ha sido una “guerra sucia” con desapariciones y ejecuciones sumarias, junto al despliegue de 500,000 a 700,000 soldados.

Luego de la decisión de Modi de cancelar el estatuto especial, que probablemente entrará en vigor en octubre, India ordenó a los turistas salir de JyK. Todas las comunicaciones fueron suspendidas, los dirigentes locales quedaron bajo arresto domiciliario y las escuelas e instituciones públicas cerraron. Nueva Delhi envió alrededor de 35,000 tropas adicionales.

La medida también fue motivada por la posibilidad del retiro estadounidense de Afganistán antes de las elecciones de 2020 en la Unión Americana, como el presidente Donald Trump ha prometido para concluir la guerra más larga de su país.

A cambio del respaldo clave pakistaní, Khan vinculó la paz en Cachemira con la paz en Kabul, donde la guerrilla Talibán, heredera ideológica de los “luchadores por la libertad” de los años 80 y 90, asumiría el poder.

India tiene, empero, razones más profundas. Frente a la turbulencia mundial, el gobierno del BJP teme que se cierre muy rápido la “ventana de oportunidad” para que Nueva Delhi emerja como rival de China y reivindique un papel de gran potencia.

Basándose en su “asociación estratégica global” con Estados Unidos, está determinada a cambiar las reglas del juego con Pakistán, al transformar a India en un elemento vital de la ofensiva de Trump contra Beijing.

Cachemira limita con las provincias autónomas chinas de Tíbet y Xinjiang, y el Corredor Económico China Pakistán (CPEC)—parte de la Iniciativa del Cinturón y el Camino-, que Beijing valora como un medio para eludir los planes de Washington para bloquear los puertos chinos en una crisis, atraviesa la Cachemira controlada por Pakistán.

Esta semana, Global Times, un diario cercano al Partido Comunista de China editado en Beijing, destacó que JyK es una región en disputa reconocida por Naciones Unidas. “La acción de India también dañó nuestra soberanía territorial. China debe estar en guardia ante los intentos de sacar ventaja con el mejoramiento de las relaciones bilaterales e infringir su soberanía”, indicó.

“Antes de la visita del expremier Rajiv Gandhi a Beijing en 1988, Nueva Delhi declaró que el sur de Tíbet es parte de su estado de Arunachal Pradesh. Esta situación no debe repetirse”, enfatizó Global Times al añadir que la violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU demuestra que India no está calificada para un asiento permanente” en dicho órgano.

En última instancia, como los medios indios han expuesto, el objetivo de crear “nuevos hechos sobre el terreno” es “hacer que el resto del mundo viva con la nueva realidad en Cachemira, si no la acepta”. 

Se trata de una medida inspirada en un ambiente global en cambio, donde el amigo de Modi y primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por ejemplo, anexó unilateralmente los Altos del Golán y planea hacer lo mismo con Cisjordania.

Entre tanto, los aduladores de Modi resaltan que hace 60 años China tuvo que suprimir la autonomía del Tíbet, y señalan que los siguientes pueden ser los gobiernos autónomos de Hong Kong y Xinjiang.

Editado por Sofía Danis
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