Buenas noticias: México sigue ausente en la campaña electoral de Estados Unidos

El “debate presidencial” entre Donald Trump y Joe Biden confirmó que México sigue ausente en la campaña electoral de Estados Unidos, y esas son buenas noticias para nuestro país

Buenas noticias: México sigue ausente en la campaña electoral de Estados Unidos
El presidente Donald Trump y el candidato presidencial demócrata Joe Biden participan en el primer debate presidencial moderado por el presentador de Fox News Chris Wallace - Foto: Scott Olson/AFP
English 02/10/2020 12:55 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 13:16
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Y repetiremos con Fray Luis de León, “Decíamos ayer…”

El “debate presidencial” del martes entre Donald Trump y Joe Biden confirmó que México sigue ausente en la campaña electoral de Estados Unidos, y esas son buenas noticias para nuestro país.

En medio de la comedia de gritos e insultos que el republicano y el demócrata sostuvieron en Cleveland, el nombre de México apenas se escuchó una vez, cuando Biden quiso recalcar que el déficit comercial de Estados Unidos con China y su vecino del sur es más alto que nunca.

Sin embargo, eso no significa que México esté fuera de los planes de ambos candidatos a la Casa Blanca. La diferencia hasta ahora es que no ha sido utilizado por el discurso populista de Trump para destacar sus magros resultados en política exterior, como el muro fronterizo, el freno a la inmigración y la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte.

Históricamente, el consenso bipartidista en Washington respecto a México giró en torno al comercio y el combate al narcotráfico y la inmigración indocumentada. Las variaciones eran el peso que los candidatos daban a cada uno de esos temas, como ocurrió en 1996 con el republicano Bob Dole y su línea dura de culpar a México por el insaciable consumo de enervantes en Estados Unidos.

Por entonces, la prioridad de los gobiernos del PRI en la Ciudad de México era evitar que el país fuera sometido al “golpeteo de México” en las campañas electorales de Estados Unidos, afectando a las comunidades migrantes y la colaboración bilateral, como también sucedió en 1994 con el gobernador Pete Wilson y su xenofóbica Propuesta 187 en California.

El ahora enfermo de Covid-19 Trump fue la excepción, al convertir a México en lo que algunos observadores han llamado acertadamente la “piñata electoral” de 2016. Construyó su plataforma en torno al muro fronterizo y las tendencias racistas que se habían consolidado por años (George W. Bush empezó la barrera en su primer periodo), para fortalecerla con ataques indiscriminados contra los migrantes y los asuntos de drogas.

Los excesos de Trump y los republicanos—Ben Carson, otro aspirante presidencial y hoy secretario de Vivienda, llamó a “bombardear las cuevas” donde los inmigrantes indocumentados se “escondían”—fueron también el marco de amagos proteccionistas más amplios. Hillary Clinton, su malograda rival demócrata, planteó asimismo la necesidad de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En la lógica del TLCAN y de la economía neoliberal globalizada, la fluctuación del peso se transformó en un termómetro de la campaña. Así, el 19 de octubre de 2016 durante el tercer y último debate entre Trump y Clinton en Las Vegas, nuestra moneda se depreció mientras el primero lograba una de sus mejores actuaciones al enfatizar sus planes de deportar a los “bad hombres” y aludir a su rival como “mujer desagradable”. Luego terminó con un rally al alza, al cundir la opinión de que Clinton había ganado el encuentro.

Un mes antes, el peso se colapsó a su nivel más bajo ante el dólar hasta casi 20 por uno ya que Clinton había enfermado, pero también por el estado de las finanzas públicas de México, los bajos precios del petróleo, el Brexit y la posibilidad de un aumento en las tasas de interés de Estados Unidos. Incluso los especuladores predijeron que la victoria de Trump hundiría el peso hasta 29 por dólar.

Las cosas fueron similares en Canadá, que dirigía 75% de sus exportaciones a Estados Unidos. Como resumió el experto Gordon Laxer en un estudio de la Universidad de Alberta, el proteccionismo no sólo era promovido por Trump. “Lo exigen las presiones populistas de los estadounidenses de a pie, que sienten el dolor de la globalización y la desindustrialización”, resaltó.

La historia del peso se repite
Cuatro años después, al menos del lado financiero, la historia se repite. EL UNIVERSAL reportó el miércoles que al concluir el choque entre Trump y Biden el peso se mantuvo en 22.35 por dólar, con una ganancia de 11 centavos que estaría “relacionada con la percepción de los participantes del mercado de que ganó el demócrata”.

Dada la volatilidad de Trump, es posible que el tema de México salte en cualquier momento en las discusiones restantes con su oponente, programadas antes de que el contagio del republicano se informara ayer para el 15 y el 22 de octubre en Miami y Nashville. Más allá de la coyuntura, no obstante, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) debería prepararse a una serie de escenarios complicados en 2021 por el inicio de una administración demócrata o del segundo periodo de Trump que tendrán como prioridad controlar la pandemia de coronavirus y empezar la recuperación económica.

Tras la renegociación del TLCAN, el ahora llamado Tratado entre México Estados Unidos y Canadá (T-MEC) incluye cláusulas que avalan establecer paneles de controversia por supuestas violaciones de la legislación laboral, que podrían convertirse en una herramienta de presión y proteccionismo para Washington.

A principios del mes pasado, la central AFL-CIO anunció que trabaja con el representante comercial de Estados Unidos para interponer denuncias contra México utilizando en uno de los casos el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida en Instalaciones Específicas, que puede detener las exportaciones de empresas que hayan violado cláusulas sobre derechos de los trabajadores.

Richard Trumka, líder de la federación sindical estadounidense, dijo a The Christian Science Monitor que el caso está relacionado con la detención de la abogada laboral y activista mexicana Susana Prieto Terrazas en Tamaulipas, así como el acoso a otros dirigentes.

Prieto, quien ayudó a organizar huelgas sin precedente en decenas de plantas de manufacturas en 2019, fue arrestada en la ciudad fronteriza de Matamoros en junio y acusada de amenazas, motín, coerción y delitos contra servidores públicos. Rechazó los cargos y fue liberada el uno de julio, al entrar en vigor el T-MEC, pero un juez le prohibió entrar a Tamaulipas, sede de numerosas fábricas de la cadena de suministro entre Estados Unidos y México.

“Tenemos tremendas preocupaciones por la capacidad de México para cumplir sus leyes”, subrayó Trumka. Preocupa a la AFL-CIO, dijo, que el Departamento del Trabajo de Estados Unidos se retrase en desembolsar los recursos acordados en el T-MEC para ayudar a que México fortalezca el respeto a la legislación.

En este contexto, surge la pregunta: ¿cómo reaccionaría a su vez la Casa Blanca ante la posibilidad de una contrarreforma energética como la que ya planteó AMLO?

Si puede ser visto como una primera señal, el informe sobre el ambiente de inversión emitido por el Departamento de Estado en septiembre indicó que “los cambios regulatorios recientes han generado dudas acerca del entorno para las inversiones, particularmente en el sector energético”.

El gobierno de México “ha hecho algunos cambios regulatorios y en su política que favorecen a Pemex y la CFE sobre los participantes privados”. Las modificaciones, detalló, han llevado a firmas privadas a presentar demandas en tribunales mexicanos y varias están estudiando recurrir al arbitraje internacional.

En cuanto al marco jurídico, el documento afirma que la administración mexicana “ha erosionado la autonomía y cuestionado públicamente el valor” de los reguladores antimonopolios y de energía. Los analistas opinaron que la Comisión Federal de Competencia Económica “ha perdido influencia a medida que el actual gobierno instauró cambios regulatorios en el sector eléctrico que favorecen a empresas estatales sobre el mantenimiento de precios competitivos para el consumidor”.

Del otro lado del espectro político estadounidense, hace mucho que el reformismo de AMLO dejó de generar expectativas positivas. “AMLO y Morena llegaron falsamente al poder, asegurando ser amigos de la clase trabajadora pero cuáles son en realidad las condiciones en México; cerca de 50% de la población depende de la economía colaborativa”, afirmó Norissa Santa Cruz, candidata a la vicepresidencia por el Partido Igualdad Socialista (SEP).

En respuesta a una pregunta de EL UNIVERSAL in English durante una discusión transmitida por video, Santa Cruz expresó que la postura del gobierno federal mexicano ha sido “sostener la línea y las políticas de la administración Trump”. Actúa como una “especie de capa defensiva para impedir que crucen la frontera migrantes desesperados que huyen y buscan asilo en Estados Unidos”.

Mientras que Joseph Kishore, candidato presidencial del SEP señaló que AMLO declaró su amistad con Trump después de visitarlo en Washington este año, Santa Cruz recalcó que parte de la mayor fuerza laboral de México se ubica en localidades fronterizas como Tijuana, Matamoros y Ciudad Juárez; ahí existen miles de maquiladoras que integran la plataforma de trabajo barato de América del Norte.

Las plantas siguieron trabajando a lo largo de la pandemia de Covid-19 “no sólo porque AMLO quiso, sino por la presión internacional del capital financiero”, añadió.

El SEP sostiene que la clase trabajadora en todo el mundo comparte los mismos intereses fundamentales y requiere unificarse; entre sus demandas programáticas el partido convoca al cierre inmediato de los centros de detención, bajo la premisa de que deben garantizarse derechos ciudadanos a todos los inmigrantes.

Editado por Sofía Danis
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