Qué hacer y ver en el Pueblo Mágico de Loreto

Paraíso remoto donde puedes nadar con lobos marinos y disfrutar de la cocina loretana

Loreto, Mexico, viajero, mar, aventura, Isla Coronados, naturaleza
Mar de color turquesa rodeado por un conjunto de montañas. Esta es la constante en varias playas de la región. (Foto: Cortesía Villa del Palmar Beach Resort & Spa)
Destinos 24/03/2019 00:00 Mónica Isabel Pérez Actualizada 12:41
Guardando favorito...

[email protected]

Aterrizamos en La Paz y tenemos que esperar por otro avión. Llegar a Loreto, al menos desde la Ciudad de México, no es fácil. Lo anterior suena a queja, pero no es así. Todo viajero sabe que las largas travesías siempre son bien recompensadas. Los ocho pasajeros vemos a nuestra nave colocarse en posición. Somos llamados a abordar.

Nadie puede creerlo: el avión es un Cessna 208, de esos pequeñísimos que solo pueden utilizarse en vuelos regionales. Se nos suman tres pasajeros más y, contando al piloto, somos 12 en total. Un vuelo completamente lleno.

El Cessna es operado por Calafia, una aerolínea que yo ni siquiera sabía que existía, pero que muchísima gente del norte de México utiliza con frecuencia para moverse entre ciudades como Cabo San Lucas, Tijuana, La Paz y la pequeña Loreto. Como las aeronaves de la aerolínea son pequeñas, la altura que alcanzan permite contemplar con detalle el mar, las rocas, las nubes, los colores que los citadinos solemos olvidar.

Entre exclamaciones como “¡oh!” y “¡wow!” comenzamos a reír, como si todos nos conociésemos.

Lo que bien inicia…

A nuestro segundo vuelo siguieron unos 30 minutos de camino, en los que el calor comenzó a ser cada vez más sofocante. Por eso, cuando llegamos al hotel Loreto Bay, nos sentimos en el cielo: toallitas húmedas y margaritas nos son ofrecidas. Esto es un buen presagio y, de aquí en adelante, todo será pura relajación con una pequeña dosis de aventura...

destinos_loreto_hotel.jpg(Foto: Nancy López/El Universal)

En el restaurante del hotel nos consienten con la pesca del día a la plancha y un flan napolitano que, difícilmente, olvidaremos. ¿Cuál es el siguiente plan? Disfrutar las vistas al mar, asolearnos a la orilla de la alberca y, hasta que caiga la noche, salir por unos mezcales a La Adelita, un pequeño restaurante con especialidades mexicanas y una decoración tan colorida como la Casa Azul de Frida Kahlo, de la Ciudad de México.

Nos animamos a pedir un “Cielo Maya”, un coctel miniatura que endulza la vida con mezcal, curaçao, agua mineral, limón y una cereza como toque final. Uno y otro más. Después, pido un plato que hace que parezca que no he comido en todo el día: una porción de pescado cabrilla con cilantro, camarones al coco y un trozo de jugosa arrachera rellena de vegetales con tocino. El primer día ha sido un éxito.

La magia de la policromía

En Loreto, la arquitectura colonial y misional conviven de manera armónica con la de los modernos resorts que se han asentado en sus tierras, y también con los barrios de población extranjera (principalmente estadounidense y canadiense) que ha construido sus casas en un estilo que parece entremezclar el de las haciendas mexicanas con el típico californiano. Las casitas de colores se avivan aún más con la gran cantidad de flores y plantas que la gente procura y que atraen al ojo como si se tratara de dulces.

Vamos a la marina del Malecón de Loreto. Son apenas las siete de la mañana, pero hemos sido advertidos de que esa es la mejor hora para zarpar en busca de aventuras marítimas, así que, haciendo nuestro mejor esfuerzo, llegamos a las 7:30 en punto para abordar nuestra lancha que tiene un nombre que, si no mal recuerdo, era “Aguacuate”. Y, en esa embarcación es que partimos a Isla Coronados.

destinos_loreto_malecon.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

La travesía es impactante. Pasamos junto a impresionantes formaciones rocosas con nombres poéticos (aunque también muy literales cuando se aprecian bien las formas), como “Las lágrimas” y “Las lajas”. Cuando llegamos a la que es conocida como “La lobera” ya sabemos más o menos que esperar. Aun así, todo supera nuestras expectativas: no vemos unos cuantos lobos de mar, sino cientos de ellos. Unos jugando, otros nadando, la mayoría acostados con desfachatez sobre las piedras para aprovechar los primeros rayos del sol que comienza a despuntar con fuerza. La intención era venir a nadar con ellos, nos dice nuestro guía de la operadora de tours Blue Nation Loreto, pero el mar está picado y podría ser peligroso. “Otro día con más calma”, nos dice como si viviéramos ahí. Algo que ojalá pasara…

destinos_loreto_lobos_marinos.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

Continuamos el recorrido sintiendo la brisa marina, mientras comemos panecitos, sándwiches —que hemos conseguido en el Café Olé— y café bien caliente. Un pequeño lujo que le recomiendo vivir a todo mundo. No hay nada como aferrarse a una tacita de café mientras uno se encuentra en medio de la inmensidad del mar. Es una especie de metáfora y de recordatorio de que son las pequeñas cosas las que nos hacen sentir seguros.

Mientras el aire nos revuelve el pelo y nos hace reír cuando comienza a volar nuestras cosas dentro del bote, ocurre una sorpresa: decenas de delfines comienzan a aparecer debajo de nuestro breve suelo y comienzan a saltar a nuestro lado, como para acompañarnos o, cuando menos, para curiosear y saber quiénes son los seres extraños que aparecieron de la nada. No podemos creerlo. Pero aún falta más. Loreto siempre tiene un as bajo la manga.

destinos_loreto_delfines.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

Cuando llegamos a Isla Coronados, nos encontramos un paisaje de arena tan clara que parece del Caribe y con un mar turquesa que se funde en degradado con el azul del cielo despejado. Para entonces ya nos hemos colocado los trajes de neopreno, aletas y lo necesario para iniciar nuestra sesión de esnórquel. Si antes nos habían impactado los colores loretanos, la fascinación creció cuando observamos lo que había debajo de su superficie: miles de peces de vibrantes tonalidades nos esperaban. Unos ocultándose tras las rocas, otros haciéndonos cosquillas. Todo un mundo por ver que deja a cualquier persona cuestionando la dimensión de su propia existencia. Una actividad “recreativa” se convierte en una tarea de meditación que nos recuerda la importancia de respetar y proteger la naturaleza.

Volvemos a tierra firme para comer en Pepegina’s, toda una institución en Loreto, con varias sucursales. Nosotros vamos a la de la marina Puerto Escondido. Se trata de una pizzería fundada por Pepe y Gina, un matrimonio que en 2007 “quemó las naves” para cumplir su sueño de tener un restaurante. Gracias a su amor por la comida, el éxito les llegó pronto y no dejan de expandirse. Y, además, su menú se ha vuelto cada vez más sofisticado. Entre gin tonics y tequilas, tenemos el honor de probar no solo sus famosas pizzas, sino también sus pastas, ensaladas y sus deliciosas almejas gratinadas: un clásico de esta región de Baja.

destinos_loreto_almejas_tatemadas.jpg (Foto: Cortesía Setues Baja California Sur)

Todo lo anterior lo recordamos como si hubiera sido un sueño, mientras que, ya sin arena en el cuerpo, compartimos tapas y vino tinto en The Wine Cellar, el bar más cercano a nuestro hotel y uno de los más populares de Nopoló, la zona en la que nos encontramos. Hay buena música y un ambiente relajado.

Caminar, conocer y seguir comiendo

Hemos curioseado bajo el mar de Loreto, pero aunque su magia acuática es sublime, también deseamos recorrer más de su superficie. Nuestro plan es sencillo: adoramos comer. Así que vamos a desayunar al restaurante Los Olivos, dentro del Hotel La Misión, ubicado en el malecón.

Unos deliciosos hot cakes acompañados de huevos estrellados, papas y jugo verde me dan energía suficiente para caminar mucho y explorar los alrededores de la Misión jesuita de San Francisco Javier de Viggé-Biaundó (a 35 kilómetros de Loreto), una joya de las misiones de Baja California Sur.

destinos_loreto_desayuno_la_mision.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

De las 18 que había en la región, esta es una de las 9 misiones que se conservan. San Javier, en la Sierra de la Giganta, es una edificación de 1774, aunque la misión fue fundada en 1699. El sitio nos habla del duro trabajo de evangelización en estos lares, en los tiempos de la Nueva España.

destinos_loreto_mision_san_javier.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

En su interior conserva un bello retablo barroco y su exterior está rodeado por campos de olivos antiquísimos (algunos, desde el siglo XVIII) y donde se siembran hortalizas y árboles frutales.

Al terminar nuestra caminata, nos sentamos alrededor de un limonero y tomamos unas cervezas que hemos traído en una hielera. Son de Zopilote Brewing Co., una cervecería artesanal y local que prepara una exquisita stout.
 

Hacemos camino a Villas del Palmar; nos han hablado mucho de su campo, uno de los más bonitos de México, diseñado por la firma Rees Jones Golf Course Design. Sus 18 hoyos están distribuidos en un entorno que combina la magnificencia de las montañas con el poder del mar. Aunque no sepamos jugarlo, no por eso dejamos de admirar el contraste del paisaje.

Después del recorrido en los buggies, “descansamos” mientras esperamos la comida en uno de los restaurantes del hotel que, por fortuna, tiene un menú ligero: ensalada con peras glaseadas, cabrilla zarandeada con puré de camote y un rico flan de guayaba, para luego dar paso a un par de cocteles en su lujoso bar, desde el cual podemos ver cómo termina la tarde.

destinos_loreto_ensalada.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

Hasta pronto, Loreto

Caminamos sobre la playa y cuando comenzamos a sentir hambre, tomamos rumbo a la casa club del campo de golf. Ahí hay otro Pepegina’s, uno más “mexicano” que el que conocimos anteriormente y de estilo contemporáneo. Jugos, huevos a la mexicana, cafés y una sobremesa larga. No podemos pedir más. Excepto, quizá, ir a pasear al pueblo, lo cual hacemos ya por la tarde. Nuestros nuevos ritmos, marcados por nuestras ganas de comer y dormir, son un lujo. Después de una breve siesta en la playa, nos preparamos para ir a comer a Domingo’s Place, un restaurante famoso en el pueblo que se distingue por su decoración exuberante. Es como si un pedazo de selva se hubiera trasladado a este rincón de Baja California Sur para que disfrutemos de una buena arrachera con guacamole, papa al horno y, por supuesto, de muchas, muchas almejas gratinadas.

loreto_campo_golf.jpg (Foto: Cortesía Villa del Palmar Beach Resort & Spa)

Caminamos por el pueblo, que es pequeño, bello y pintoresco; aprovechamos para entrar a todas las tiendas de artesanías y souvenirs que encontramos. Recorremos la plaza y las callecitas; entramos al edificio del ayuntamiento donde descubrimos, en su sala de exposiciones, un mural que cuenta la historia de Loreto llamado “Radix Hominem”, realizado por el artista Alejandro Curiel.

destinos_loreto_centro_prin.jpg (Foto: Nancy López/El Universal)

Con todo cinismo, terminamos cenando, esta vez en el Hotel Oasis, que parece estar detenido en el tiempo y que nos permite una visión más casera de Loreto.

Escuchamos un poco de rock y blues en vivo mientras disfrutamos su noche de comida italiana, en la que podemos prepararnos pastas al gusto. Aunque hay una cosa a la que no podemos resistirnos: unas cuantas órdenes de almejas gratinadas, “para compararlas” con las que ya hemos saboreado. Se abre con eso un debate infinito. Quien lee estas líneas tendrá que ir y someter su paladar a la experiencia.

DÓNDE DORMIR

Hotel Loreto Bay, Golf Resort & Spa at Baja: Un clásico de la zona que cuenta con todas las comodidades que se pueden desear: restaurante, campo de golf y acceso directo a la playa.

La Misión: Arquitectura colonial y ubicación estratégica en el pueblo, sobre el malecón.

Villas del Palmar: Lujo a todo lo que da. Se trata de un hotel nuevo del que destaca su impresionante campo de golf.

Hotel Oasis: Playero, sin pretensiones, ubicado en pleno pueblo, frente al mar.

DÓNDE COMER

La Adelita: Botanas y platillos mexicanos, coctelería y variedad de mezcales. Encuéntralo en Facebook: La Adelita Cocina & Mezcal

Café Olé: Perfecto para desayunar y conectarse un momento a internet para no apartarse por completo del mundo. Facebook: Cafe Ole, Loreto BCS

The Wine Cellar: Bar de vinos, ideal para cerrar el día. Además de una buena cava y comida, tiene libros y juegos de mesa.

Pepegina’s: La pizzería más famosa de Loreto tiene un menú amplio que comprende pastas, ensaladas y un largo etcétera. Con distintas ubicaciones.

Domingo’s Place: Un lugar ideal para los carnívoros que oscila entre el ambiente de un viejo bar y un jardín selvático. Facebook: Domingo’s Place Stakehouse

Pan que Pan: Un lugar sencillo con una oferta de pan y sándwiches deliciosos, perfectos cuando hay que pedir para llevar, por ser excelentes compañeros de carretera. Facebook: Pan Que Pan

DE PASEO

Misión de San Javier Viggé Biaundó: Una joya oculta de la época de las misiones. Además de la iglesia, cuenta con un pequeño museo que conserva la historia de la edificación y de sus alrededores. Se encuentra 35 kilómetros al sur de Loreto.

QUIÉN TE LLEVA DE PASEO

Blue Nation Loreto: Operadora de tours ecológicos para descubrir la naturaleza loretana.

CÓMO LLEGAR

Vuela a La Paz por la aerolínea de tu preferencia y luego toma otra ruta aérea hacia Loreto con Calafia Airlines, o viaja por carretera desde la capital sudcaliforniana. En este caso, el trayecto es de cuatro horas, aproximadamente.

Guardando favorito...

Recomendamos

Comentarios