Kawah Ijen, el ‘volcán de lava azul’

Kawah Ijen, en la mítica Isla de Java, en Indonesia, ofrece un espectáculo nocturno visto por pocos

Kawah  Ijen, volcán de lava azul
El impresionante fenómeno natural se aprecia solo de noche. Foto: Istockphoto
Destinos 16/06/2020 00:50 Marisa Zannie Actualizada 10:03

Los volcanes siempre han fascinado a los seres humanos. Estas montañas que arrojan fuego deben haber sido aún mucho más impactantes para nuestros antepasados, quienes no tenían idea de las razones científicas por las que podían repentinamente entrar en erupción y regalar uno de los fenómenos naturales más impresionantes (y terroríficos) de los que pudiéramos ser testigos.

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Pero, aunque los volcanes han sido estudiados a profundidad por la ciencia, aún guardan muchas sorpresas para nosotros. Por ejemplo, el volcán Kawah Ijen, conocido como el volcán azul. Ubicado en Indonesia, permanece activo y forma parte de un complejo volcánico en la frontera entre las regencias de Banyuwangi y Bondowoso, al este de la Isla de Java, tradicionalmente tierra de fieros volcanes.

 

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(By Asybaris01 - Topographic data SRTM from NASA and World Imagery, Public Domain, Link)

Este coloso es uno de los más inusuales del mundo, pues en lugar de emanar  lava roja e incandescente y humo negro, su actividad subterránea produce brillantes llamas azules que se elevan en el cielo nocturno. A partir de que National Geographic lo dio a conocer en televisión, el número de turistas que lo visitan cada año se ha incrementado considerablemente.

El fenómeno, un cráter cubierto de brillantes llamas azules que parecen lava, ocurre porque los gases sulfúricos del volcán escapan a través de grietas en las rocas con mucha presión, a una temperatura de 600 ºC. Estos se encienden al contacto con la incandescente lava (del mismo color que la de cualquier otro volcán), provocando que ésta se cubra de las inusuales llamas azules.

El fotógrafo francés basado en París, Olivier Grunewald, ha documentado ampliamente el Kawah Ijen, y dijo a National Geographic lo siguiente: "este resplandor azul, tan inusual en un volcán, no es, por supuesto, lava, como se lee en muchos sitios web. Parte de los gases se condensan y se convierten en azufre líquido, el cual continúa encendido al bajar por la ladera del volcán, lo que da la impresión de ser lava azul la que fluye".

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A diferencia de los volcanes normales, cuyas erupciones de lava pueden observarse a la luz del día, las llamas azules del Kawah Ijen solo pueden verse durante la noche. "La visión de estas llamas en la noche es extraña y extraordinaria", dijo el mismo Grunewald a la revista del Smithsonian, "después de pasar varias noches en la caldera, de verdad sentíamos que estábamos viviendo en otro planeta".

Grunewald, quien además del Kawah Ijen ha documentado gráficamente muchos otros volcanes alrededor del mundo, dijo también que este mismo fuego azul aparece descrito en la antigüedad, en Italia, al pie del Vesubio, y en la Isla de Vulcano. "También pueden verse llamas azules al pie de volcanes en erupción, cuando hay explosiones de ceniza", añadió.

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(Lago ácido en la caldera de Iljen. Foto: Istockphoto)

El hablar de la caldera, Grunewald se refiere a la bautizada como Ijen, que tiene una extensión de 20 kilómetros y que es donde está ubicado este inusual volcán y el resto del complejo volcánico. Aquí también está el lago ácido más grande del mundo; sus aguas de color turquesa son espectaculares, pero fatalmente tóxicas.

El lado oscuro

Este volcán se hizo más famoso en 2014, cuando las dramáticas fotografías de Grunewald empezaron a circular en la red. Estas fueron tomadas durante la filmación de un documental que el fotógrafo hizo sobre el singular fenómeno natural que ocurre en el volcán y sobre unos mineros, en colaboración con Régis Etienne, presidente de la Sociedad de Vulcanología de Ginebra. Estas gráficas, tomadas sin ningún tipo de filtro o manipulación digital, muestran todo lo impresionante del fuego y la "lava azul" del Kawah Ijen.


La primera vez que Grunewald escuchó sobre este fenómeno fue en 2008, del propio Etienne, quien visitó el volcán con un guía indonesio. Etienne le mostró a Grunewald la fotografía de un niño minero trabajando, rodeado del fuego azul del volcán. Fue así que le surgió la idea de hacer una serie de fotografías de los mineros trabajando de noche.

Estos trabajadores, algunos de ellos, niños, suben a la montaña y extraen el azufre que se forma después de que se extinguen las llamas azules. Lo cargan en pesados canastos y lo bajan para venderlo por kilo. Este trabajo es peligroso, no solo por acercarse a un volcán activo, también por sus efectos en la salud; no está regulado y está muy mal retribuido, pero dadas las escasas posibilidades de encontrar trabajo en la zona, muchos de los pobladores locales se dedican a ello. Con el fin de incrementar sus escasos ingresos —les pagan más o menos un peso por kilo de azufre—, varios de ellos hacen dos turnos, de día y de noche; en los que logran extraer entre 80 y 100 kilos de azufre. Este escaso pago es totalmente injustificado, considerando que tiene un alto valor comercial.

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(Mineros trabajando en Kawah Iljen. Foto: Istockphoto)

Sus condiciones de trabajo no solo requieren de agilidad y fuerza para subir y bajar de la montaña, sino que están constantemente expuestosa  los gases tóxicos que de ella emanan por periodos muy largos de tiempo. Dado que trabajan sin mascarillas ni equipo de seguridad, muchos de ellos tienen graves problemas de salud derivados de su constante exposición al dióxido de azufre y otros gases tóxicos.

Grunewald y Etienne produjeron el documental en parte para exponer las terribles condiciones en las que estas personas trabajan, particularmente después de vivir en carne propia una pequeña parte de los efectos de los gases: Grunewald tuvo que deshacerse de un par de lentes y cámaras, corroídos por los gases ácidos, y el olor de azufre no se desprendió de su piel hasta después de tres semanas de haber regresado de Indonesia.

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Para viajar allá

Llegar hasta los azulados fuegos de Kawah Ijen no es para los débiles de corazón. Tendrás que partir de la base del volcán un poco después de la medianoche y escalar unos seis kilómetros hasta la orilla de su cráter, a una altura de más 3,000 metros sobre el nivel del mar, con la única iluminación de la luz de la luna, ¡si es que hay!

También necesitarás usar una mascarilla antigases, ya que al empezar el ascenso, nubes de gases tóxicos te rodearán repentinamente, no solo dificultando tu respiración, sino tu visibilidad. Por otra parte, es prácticamente imposible lograrlo solo, tendrás que contratar los servicios de un guía local. Más o menos, dos horas de subida y unos 45 minutos de bajada desde la orilla del cráter, te permitirán llegar al punto en el que puedes observar el impactante espectáculo del fuego azul saliendo de la boca del volcán. La mejor hora para verlo es cuando el cielo está más oscuro, por eso la hora de partida es a la medianoche.

Además de las impresionantes llamas azuladas, podrás observar a los mineros trabajando en los alrededores, a quienes no les importará que estés ahí. Sin embargo, se acostumbra darles una propina de 10 mil a 20 mil rupias indonesias (de 15 a 30 pesos), que normalmente usan, según el sitio Tripsavvy, para comprar cigarros (porque claro, el daño del azufre a los pulmones no es suficiente).

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(Aeropuerto de Denpasar, Bali. Foto: Mike para Flickr)

El aumento en el turismo a la región podría significar que un mayor número de los pobladores locales puedan trabajar en esta actividad y dejen de dedicarse a la recolección de azufre, así que,  en este caso, el atraer más visitas a la región podría resultar más benéfico que perjudicial. Varias agencias de viajes indonesias ofrecen tours al volcán, pero de acuerdo con Tripsavvy, es mejor contratar un guía local.

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Para llegar hasta allá, hay tres opciones. Puedes volar al aeropuerto Blimbingsari, cerca de Banyuwangi, pero hasta allá los vuelos son habitualmente muy limitados. La segunda es llegar al aeropuerto de Denpasar, en Bali, el que tiene más movimiento turístico en Indonesia y tomar un ferry a la Isla de Java, que te dejará directamente en Banyuwangi, donde te puede recoger tu guía. La tercera y última es volar a Surabaya, la segunda ciudad en importancia en Indonesia y tomar el tren hasta Banyuwangi, se trata de un viaje de unas seis horas.

Una buena idea es tratar de llegar en la mañana o antes del mediodía y descansar un rato antes de hacer la caminata. ¡Buen viaje hasta el fuego azul!
 

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