Córcega: una de las islas más bellas del Mediterráneo

Descubre ciudades encantadoras, paisajes y gastronomía únicos, en la isla donde nació Napoleón Bonaparte

Córcega_Francia
Las Islas Sanguinarias quedan a tan solo siete kilómetros de Ajaccio, capital de Córcega. Foto: iStock
Destinos 01/03/2020 00:28 Carlos Tomasini Actualizada 09:02

Cuando era niño, mi papá repetía con frecuencia que el apellido de la familia, Tomasini, sonaba como si fuera italiano, pero después supo que provenía de una isla mediterránea de Francia: Córcega. En los inicios de los años ochenta tuvo la fortuna de viajar a Corse o Corsica, por la que han pasado, a lo largo de los siglos, etruscos, romanos, griegos, genoveses, turcos, italianos y franceses. A pesar de ello, la isla siempre conservó su espíritu libre. 

Mi casa se llenó de cuadros, ceniceros, copas y libros referentes a Napoleón y Córcega. Entre todas estas cosas, había una foto en la que mi padre aparecía junto a una señal con el nombre de una calle: “Charles Tomasini”...

Casi 40 años después, mi hermana y yo pudimos viajar a Córcega. La primera parada fue en su capital, Ajaccio, en la costa occidental, la ciudad natal de Napoleón Bonaparte, para ver con nuestros propios ojos esos lugares de las viejas fotografías familiares.

RECORRIENDO AJACCIO
El paseo inició muy temprano con una visita a la plaza Foch, situada en la costa este de la isla y a unos metros del mar Mediterráneo. Hoy es el corazón del centro histórico de Ajaccio, pero durante muchos años fue la puerta de acceso a la ciudad.

corcega_ajaccio.jpg Foto: iStock 

Está rodeada de palmeras y tiendas de souvenirs, mientras que en su parte principal se ubica una gran fuente con una estatua de mármol de Napoleón vistiendo una toga romana rodeado de cuatro leones que lo protegen. Ese fue el primer lugar de las fotos de mi padre que pudimos ver en persona.

En esta plaza se instala un mercado en el que se venden productos frescos y variados de la suculenta gastronomía de Córcega, como salchichas, salchichones, lomos, canistrelli (galletas tradicionales corsas), frutos secos, turrones, mermeladas y miel. Charlamos (en una mezcla de francés, inglés y español) con los vendedores que ofrecen muestras de sus productos. Para desayunar, probamos los migliaccioli, que son una especie de pequeños panqueques elaborados con queso fresco de oveja, muy tradicionales de Córcega, los cuales nos comimos en la plaza acompañados de un café que se puede comprar en alguno de los restaurantes que también hay en la zona.

corcega.jpg Foto: iStock 

Leer también: Estrenan vuelo entre la Ciudad de México y la Polinesia Francesa 

LA CIUDAD NATAL DE NAPOLEÓN
Recorrimos las coloridas calles del casco antiguo de Ajaccio y los muros de La Ciudadela: un fuerte hexagonal levantado en un sitio estratégico a la orilla del mar con el fin de proteger la ciudad de los ataques enemigos. De ahí nos dirigimos a la catedral, el templo del siglo XVI donde fue bautizado Napoleón.

corcega_ajaccio_catedral.jpg Foto: Carlos Tomasini

El recorrido culminó en el Museo Bonaparte, localizado en lo que fue la casa de la familia de Napoleón y donde vivió sus primeros nueve años de vida (él nació el 15 de agosto de 1769). Aquí hay mobiliario, utensilios y objetos de época, así como exposiciones temporales que acercan al visitante a la historia de este personaje de la historia universal.

corcega_ajaccio-museo_bonaparte.jpg 

PLAYA, COMIDA Y COMPRAS
En Ajaccio hay varias playas en plena ciudad, así que de regreso se puede pasar a Saint-François para un chapuzón o para dar un paseo sobre la arena sintiendo la brisa del mar. También caminamos por la calle Cardinal Fesch, una vía peatonal con negocios de todo tipo en donde hay que aprovechar para hacer compras, comer y beber.

corcega_ajaccio_ciudadela_playa.jpg Foto: iStock 

Más tarde regresamos hacia la plaza Foch para tomar un tour en el Petit Train d’Ajaccio (250 pesos mexicanos), un trenecito turístico que, en un par de horas, recorre puntos como la plaza Austerlitz, donde está la Gruta de Napoleón, una cueva donde, se dice, jugaba durante su niñez, y una gran estatua de bronce dedicada al emperador en la parte alta de una pirámide. El paseo se extendió por diferentes playas de arena fina y agua cristalina, como Santa Lina.

corcega_ajaccio_bonaparte_0.jpg Foto: iStock 

Leer también: Sin este permiso los mexicanos ya no podrán viajar a Europa 

LAS ISLAS SANGUINARIAS Y LA CHARCUTERÍA
En el muelle, a unos metros de la plaza, hay un barco que lleva a los turistas a las Islas Sanguinarias (entre 600 y mil pesos mexicanos). Es  un archipiélago conformado por cinco islas que se encuentran apenas a siete kilómetros de Ajaccio. Su nombre de debe a un efecto que se genera al atardecer cuando, en el ocaso, el sol las ilumina de un tono rojizo haciéndolas ver “ensangrentadas”. Aunque el nombre es terrorífico, el espectáculo natural es impresionante. Cuando termina, el barco permanece en el mar para que el pasajero disfrute de la música a bordo y de una cena.

corcega_sanguinarias.jpg Foto: Cortesía Atout France. Robert Palomba 

Mientras se escucha música tradicional de Córcega, empiezan a servir copas de diferentes vinos locales y un plato con charcutería (embutidos), como prisuttu (jamón), coppa (lomo de cerdo), lonzu (una longaniza de carne magra) y figatelli (un embutido de carne e hígado). Todos se preparan a partir de carne de jabalí o de cerdo alimentados en los extensos campos de la montaña corsa con castañas, bellotas y plantas, lo cual les da un sabor espectacular. También están presentes los quesos, que pueden ser de cabra o de oveja; los hay frescos y curados. El queso infaltable es el brocciu, característico de Francia

corcega_charcuteria.jpg Foto: iStock 

Todo va acompañado de un crujiente pan y un gran ambiente de fiesta. De este paseo, nadie nos había hablado, por lo que fue nuestro primer gran descubrimiento.

Al regresar al puerto ya era de noche, pero era  lo suficientemente temprano como para caminar por el centro histórico iluminado. 

Tuvimos tiempo suficiente para tomar una cerveza o un café en algún lugar de la Place De Gaulle y escuchar otro poco de música tradicional corsa, que es una especie de trova con el ritmo característico del Mediterráneo.

Leer también: Esta es Matera, la ciudad-laberinto de Italia

NUESTRO OBJETIVO: PROPRIANO
El motivo principal del viaje era ir a Propriano, al suroeste de Córcega, donde se encontraba la calle con el nombre de nuestro antepasado a quien mi hermana y yo llamamos “tío”, a pesar de que aún no nos queda claro cuál es el parentesco que tenemos con él. 

corcega_propiano.jpg Foto: Carlos Tomasini 

Al siguiente día, muy temprano, tomamos un autobús. Durante tres horas recorrió estrechos caminos de montañas y bosques.

Al llegar, caminamos unas cuadras rumbo al puerto, en donde se encuentra otro de los lugares que durante décadas vimos en una foto de mi padre: el Monumento a los Hijos de Propriano Muertos por la Patria, donde está grabado el nombre de “nuestro tío”. 

Después de tomarnos la respectiva selfie familiar, nos detuvimos por un café y un pan mientras contemplamos el mar. Este pequeño pueblo de tres mil habitantes no parece muy atractivo en las guías de viajes, pero el golfo en el que se encuentra tiene una belleza natural única. Además, es un lugar histórico, con sepulturas y otros vestigios de la época griega y romana en diversos puntos de su geografía. Con el tiempo limitado, caminamos calles arriba para llegar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, un templo sencillo del que destaca su gran campanario y un mirador. Justo a unos pasos de ahí se encuentra la dichosa calle Charles Tomasini y por fin pudimos repetir la foto que nos llevó mi padre a casa cuando éramos niños. Es una calle en la que no hay absolutamente nada de interés turístico, pero para nosotros fue el objetivo de viajar tan lejos, ¡y valió la pena!

corcega_propiano_iglesia.jpg Foto; iStock 

De regreso, con la sensación de “deber cumplido”, caminamos hacia la calle principal, la Napoleón III, para comer más charcutería y para quitarnos el antojo de un helado en la plaza de La Fuente de Los Delfines, mientras mirábamos a la gente pasar. 

Como ya se hacía tarde, regresamos al camellón donde pasa el camión de regreso a Ajaccio, no sin antes hacer una parada en un mercado para comprar algunos productos locales, como vino y miel.

De regreso a Ajaccio, fuimos a cenar otro platillo legendario de Córcega: la pizza. Por la noche, las calles del centro de esta ciudad tienen un ambiente bohemio, así que entre los callejones se pueden encontrar lugares acogedores con comida espectacular. 

corcega_ajaccio_francia_0.jpg Foto: iStock

En serio, hay que probar la pizza corsa hecha en horno de leña, con una pasta e ingredientes que no se parecen en nada a lo que solemos conocer. Es un platillo totalmente  artesanal, preparado con productos frescos y de alta calidad. Y sí, es delicioso.

Leer también: Esta isla quiere ser la primera zona del mundo libre de tiempo 

BASTIA, NUESTRA PUERTA DE SALIDA
Al otro día por la mañana caminamos a la estación del tren, una pequeña terminal en los límites del centro de Ajaccio, para dirigirnos hacia el noreste, a la ciudad de Bastia, donde terminaríamos nuestro viaje por la isla.

Llegando a Bastia tomamos un taxi hacia el centro y nos sorprendió por su belleza. Se trata de la segunda ciudad más grande y poblada de Córcega; además es el principal puerto de la isla. Fundada por genoveses, los callejones y plazas de Bastia tienen un estilo arquitectónico barroco, por lo que es más parecido a Italia que a Francia. Esto se comprueba al ver edificios como el Palacio de los Gobernadores o la Catedral de San Jean Baptiste, los cuales poseen una arquitectura muy similar a la que puede encontrarse al norte de Italia.

corcega_bastia.jpg Foto: iStock 

Contratamos otro tour que combina un recorrido a bordo de un tren y  caminata, el cual parte en la Place Saint-Nicolas. En un par de horas se pueden conocer los barrios antiguos y el punto más alto de la costa, donde se encuentra la Ciudadela, para poder tomar las mejores panorámicas al atardecer y beber una copa en alguno de los bares y restaurantes del barrio. Para cenar, lo mejor es regresar a la Place Saint-Nicolas, donde hay varios restaurantes con terrazas para contemplar  la vida cotidiana de esta ciudad de ambiente portuario. Este lugar no estaba en ninguna de las fotos o los libros de la casa familiar, así que fue como un viaje extra para nosotros.

corcega_bastia_isla.jpg Foto: Photographer:Gualtiero Boffi; 

A la mañana siguiente, corrimos temprano a la terminal marítima para abordar el ferry que nos llevaría a Livorno, Italia, donde seguiríamos nuestro viaje. Mientras se alejaba el barco, notamos que Córcega es una especie de montaña en el mar y que resultó ser más bella  de lo que decían los libros y souvenirs de la casa materna. Nos acercamos a nuestra historia familiar y descubrimos un lugar único que hay que voltear a ver, aunque no se tenga un motivo tan fuerte como el nuestro.

corcega_bastia_francia.jpg Foto: iStock 

GUÍA DEL VIAJERO
-El dato
Córcega es una isla montañosa de 8,722 kilómetros cuadrados. Es un destino sustentable, alejado del turismo de masas,  con varios atractivos que forman parte del Patrimonio Mundial.

-Cómo llegar
Vuela desde París hasta Marsella, y de ahí toma otro avión de Air Corsica rumbo al aeropuerto Napoleón Bonaparte, en Ajaccio,  a menos de una hora del centro.

-Cómo moverse por tierra
Consulta los horarios del autobús de Ajaccio a Propriano en corsicabus.org; el pasaje cuesta  unos 350 pesos mexicanos. Los boletos del tren de Ajaccio a Bastia se reservan  en cf-corse.corsica; el boleto cuesta poco más de 200 pesos. En ambos casos, se compra  el pasaje en la taquilla una hora antes de partir.

-Dónde dormir
Córcega no tiene grandes cadenas hoteleras, por lo que las mejores opciones para vivir al 100% la experiencia corsa durante un viaje corto son los hostales y pequeños hoteles en el centro de las ciudades.

En Ajaccio, el Hôtel Fesch se encuentra a cinco minutos de la terminal marítima y a un par de cuadras de plaza principal. Está en el corazón comercial de la ciudad. La noche cuesta entre 1,500 y 2,000 pesos mexicanos.

En Bastia, el Hôtel Napoléon  es un acogedor lugar de 13 habitaciones. Se instaló en el primer piso de un edificio ubicado a un par de cuadras del puerto y de la Place St-Nicolas. La habitación por noche cuesta entre 1,200 y 1,500 pesos mexicanos. En Bastia te cobran un impuesto local en los hoteles, así que confirma cuánto deberás pagar en efectivo al hacer tu check in.

bastia_corcega.jpgFoto: iStock

-Dónde comer
La gastronomía corsa es una combinación de tierra y mar en la que lo infaltable es la charcutería, los vinos y la cerveza.

En Ajaccio. El mercado de la plaza Foch abre desde antes de las 8:00 hasta pasado el mediodía. Es ideal para desayunar, almorzar o comprar comida para disfrutar  durante el día. No es económico, pero sí fresco y variado.

En la Cardinal Fesch se encuentra un pequeño restaurante llamado Le 58, donde se puede comer un sándwich o una ensalada en una mesa afuera del local.

Las calles y callejones del centro, así como el puerto, tienen mucha vida por las noches. Para cenar se puede elegir algún restaurante de esta zona. No hay que dejar de pedir pizza.

En la Rue des Anciens Fossés, se encuentra Pizza Diva, donde el servicio se toma su tiempo, pero el resultado es espectacular. Hay que probar el vino y la cerveza.

En Propriano. La avenida principal, Napoleón III, es de apenas unas cuadras pero con una variada oferta gastronómica. Para tomar un café y un refrigerio, está la crepería Sole e Mare, y para probar la charcutería hay un lugar llamado La Marine, el cual tiene una bella vista del puerto y es homónimo de una heladería que está cruzando la calle.   

En Bastia. En la Place St-Nicolas hay varias terrazas para comer, como L’Essentiel. En todos, el servicio es similar, a ritmo europeo, así que hay que llegar relajados.

corcega_bastia_comida.jpg Foto: Carlos Tomasini 

En la zona de la Ciudadela, en la parte alta de la costa, hay un pequeño bar llamado Le Perchoir, donde se puede tomar una copa mientras se aprecia la mejor vista del puerto al atardecer. El servicio es lento y los precios altos, pero la vista lo vale. Nosotros tomamos un aperol spritz, una cerveza y una botella grande de agua por  500 pesos mexicanos.

-Cuándo  ir
Se dice  que en Córcega hay 300 días de sol, al menos en la costa (la montaña parece otro país). La  mejor  época para visitar Ajaccio, Bastia y Propriano es primavera y  verano.
 

Temas Relacionados
Córcega francia europa

Comentarios