New England Patriots y Seattle Seahawks pugnarán en un Super Bowl con inédita presencia latina tanto en el campo como en el cartel musical que encabeza Bad Bunny, que Donald Trump tildó como "una elección terrible".
El presidente estadounidense, inmerso en una ofensiva contra inmigrantes indocumentados a lo largo del país, avanzó en una entrevista el sábado que no planea acudir esta vez a la final de la liga de football americano (NFL), que se disputará el 8 de febrero en Santa Clara, a las afueras de San Francisco (California).
Trump, de 79 años, fue el primer presidente en ejercicio en asistir a un Super Bowl en la edición anterior, cuando recibió aplausos del público de Nueva Orleans (Luisiana), pero en esta ocasión considera que Santa Clara "simplemente está demasiado lejos" para viajar.

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Aún así el republicano no dejó pasar la ocasión para arremeter con dureza contra el espectáculo musical que prepara la NFL, una competición con la que ha sostenido distintos desencuentros pero a la que también trató de sumarse varias veces como propietario de un equipo.
En la edición número 60 del Super Bowl, Bad Bunny será el primer artista masculino latinoamericano en protagonizar el cotizado show del medio tiempo.
La estrella puertorriqueña se ha pronunciado en contra de las políticas antinmigración de Trump e incluso dejó a Estados Unidos fuera de su actual gira mundial por temor de que sus conciertos se vieran afectados por las redadas.
Desde su elección las tensiones han seguido escalando en ciudades como Mineápolis, donde dos estadounidenses murieron en protestas este mes a manos de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Además del reguetonero, cuyo recital se espera que sea principalmente en español, también actuará la banda de punk rock Green Day, que años atrás llegó a comparar a Trump con Hitler.
"Estoy en contra de ellos. Creo que es una elección terrible. Lo único que hace es sembrar odio. Terrible", dijo Trump al diario New York Post sobre el cartel, que también generó indignación entre la fuerte base de aficionados conservadores de la NFL.