El giro de 180 grados en la vida de Brenda Osnaya ocurrió en una carretera. Iba rumbo a una competencia que la llevaría a su primer Campeonato del Mundo. Era velocista en patinaje, campeona nacional, y tenía claro que quería ir a unos Juegos Olímpicos.
“Prácticamente, iba a cumplir el sueño que tenía desde niña... Y la vida, Dios, el universo, decidieron que no fuera así”, recordó.
El accidente, en una camioneta, fue en un viaje de Monterrey a Puebla. Tenía 17 años de edad.

“Yo lo que pensaba era: ‘bueno, ¿ahora qué deporte puedo hacer en una silla de ruedas?’”, compartió Brenda, con la resiliencia siempre en mente.
El inicio fue duro. Empezó con natación, a modo de rehabilitación: “Me costó muchísimo trabajo, no sabía nadar técnicamente, y para mí fue un gran reto”.
Hasta que en 2015 encontró el paratriatlón. Una disciplina nueva, sin mucha estructura en el país, pero con algo que le hizo sentido: “Vi una oportunidad, porque era un deporte que estaba emergiendo... Y prácticamente no había nadie haciéndolo aquí en México”.
Hoy, más de 10 años después, su historia ya no se cuenta desde la pérdida. Se cuenta desde la superación y el crecimiento.
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