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La historia de India Sioux está marcada por la sombra imponente de su padre, El Hombre Bala. Desde niña, fue testigo de cómo aquel gladiador se entregaba por completo al deporte, conquistando la Arena México.
Hoy, como digna heredera de esa dinastía, ha escrito sus propias páginas de gloria en el mismo escenario.
Sin embargo, más allá de los campeonatos y las ovaciones, cada vez que la Amazona pisa el encordado, revive un recuerdo imborrable: La visita de su padre en los inicios de su carrera, un gesto que se convirtió en su momento más especial dentro de la Catedral de la Lucha Libre.
“El mejor momento que ha vivido esta Arena con India Sioux, además de seguir luchando por un lugar para las mujeres en el deporte, fue cuando vi a mi padre llorar el día que me vio luchar. Él fue una gran estrella en este recinto. Me costó mucho convencerlo para que confiara en mis habilidades, pero ese instante lo guardo en el corazón”, compartió.
La actual campeona nacional femenil y de Japón, añadió que —más allá de ser un hombre duro— su padre mostró a su manera el orgullo que sentía por su hija.
“Fueron contadas las veces que me vino a ver. Fui su hija favorita y también la que se rebeló para ser luchadora. Él llegó solo y alcancé a verlo; me pidió disfrutarlo, cuidarme y me dijo que estaba orgulloso de mí. Nosotros lo veíamos aquí y ahora él estaba en ese rincón”, recordó.
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