llegó a México en 2005, sin imaginarse que aquí se ganaría el apodo que lo acompañaría por el resto de su trayectoria como futbolista profesional: Místico.

El habilidoso jugador argentino recordó cómo fue su primer acercamiento con el pancracio y lo que significó para él; tras dos décadas, es un ferviente aficionado.

“Cuando llegué a Cruz Azul, me dieron [la opción] para ir a conocer algo muy simbólico de México y elegí las luchas; me dijeron que el evento se ponía muy bueno… hasta el día de hoy, después de 20 años, sigo yendo con la familia”, manifestó el ahora técnico.

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Respecto a su primer contacto con el Príncipe de Plata y Oro, Gaby reveló cómo fue ese momento y cómo le prometió que utilizaría su tapa en sus festejos.

“Místico era jovencito, estaba en las preliminares, lo vi luchar y me gustó muchísimo por todos los vuelos que hacía y lo espectacular que era, un acróbata. Decidí conocerlo y me regaló su máscara, me dijeron la importancia que tiene que un luchador te dé su máscara con la que ha luchado y le dije que, si hacía un gol, festejaría con su máscara”, externó.

Dos días después de aquella función, Gabriel Pereyra cumplió, le anotó a los Pumas y “ya lo demás es muy conocido”. Desde ese momento, “nació una muy buena amistad”, entre el futbolista y el gladiador.

Sobre lo que representa el Místico para el pancracio, el actual director técnico del Tepatitlán dijo: “Es el mejor luchador que ha dado México”.

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