Después de tantos domingos en los que debía madrugar para llegar a tiempo a sus juegos, Diana Flores reconoce lo especial que es su deporte en México, una disciplina que ha sido testigo de cómo las mujeres tropiezan, se levantan y vuelven a brillar.
Con una sonrisa amplia y la mirada cargada de ilusión, la joven que hoy aparece en libretas, fotografías y fondos de pantalla, recuerda aquellos días en los que disputaba varios encuentros en una sola jornada, junto a sus amigas. Para ella, cada jugadora —sin importar si lleva el número 1 o el 22 en la espalda— posee un destello propio, un impulso que nace del corazón y que se entrega por completo en cada acción.
“Me gustaría dejar un mensaje especial a las chicas que practican este deporte: Recordarles que somos capaces de lograr todo lo que nos propongamos. Merecemos estas plataformas; tenemos mucho que aportar al mundo en distintas áreas y debemos representar nuestra voz. Al final, los sueños deben trascender lo que podemos imaginar”, aseguró.
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