El diamante del Alfredo Harp Helú prometía una noche de fiesta, pero terminó convertido en una paliza cortesía de los Guerreros de Oaxaca, quienes derrotaron 12-2 a los Diablos Rojos del México en duelo del Interliga 2026.
Todo parecía que sería una gran noche para el México. El regreso de Robinson Canó encendió a la afición, desde temprano, y el dominicano no tardó en responder: doblete productor que llevó al plato a Moisés Gutiérrez y desató el primer rugido de la noche.
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Parecía que los Diablos tenían lista la alfombra roja… pero los Guerreros tenían otros planes.
En la tercera entrada, la novena oaxaqueña sacó el poder. El abridor Ricardo Pinto fue víctima de un rally de cuatro carreras que marcó el inicio del vendaval. Desde ese momento, la visita tomó el control y no soltó el bate… ni la sonrisa.
Ni el ingreso de Víctor González logró contener la rebelión oaxaqueña. El exligamayorista permitió otra anotación y el desfile de relevistas —Jimmy Yacabonis, Stephen Nogose y Andrew Marrero— terminó por convertirse en una especie de “tour” para los bates visitantes.
El gran protagonista fue Arístides Aquino: dos cuadrangulares y tres carreras impulsadas, suficientes para encabezar la fiesta ofensiva de Oaxaca.
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Los Diablos intentaron responder. Moisés Gutiérrez volvió a aparecer con un doblete productor, ahora llevando a Sebastián Enríquez al plato. Pero, para entonces, el marcador ya contaba una historia difícil de reescribir.
Al final, los Guerreros firmaron una actuación contundente con 12 carreras y 16 imparables, mientras los Diablos apenas sumaron dos anotaciones y nueve hits. No fue la noche soñada para los escarlatas, pero sí una lección oportuna para hacer ajustes de cara a lo que viene.