Una nueva generación no es cosa de un sexenio: Javier Camarena

El tenor habla de la inseguridad en el país a propósito de su disco en honor al sevillano Manuel García
“Una nueva generación no es cosa de un sexenio”: Javier Camarena
Para el reconocido cantante Javier Camarena, “no están bien los recortes al presupuesto para cultura ni que al artista se le vea como alguien con empleo menor”. Foto: CORTESÍA JAVIER CAMARENA.
17/10/2018
00:20
José Juan de Ávila
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En el rostro de Javier Camarena se contraen músculos cuando habla sobre México; su voz, que viene de cantar en Nueva York, Madrid, Zúrich o Salzburgo, se aquieta en pausas; sus ojos dan la impresión de que soltarán furtivas lágrimas; no canta, inédito habla ahora igual sobre política, cultura e inseguridad en el país, a propósito de su disco del tenor sevillano del siglo XIX, Manuel García, asaltado hace dos siglos rumbo a Veracruz cuando regresaba a Europa después de traer las óperas de Rossini y Mozart.

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Para el reconocido cantante Javier Camarena, “no están bien los recortes al presupuesto para cultura ni que al artista se le vea como alguien con empleo menor”.
 

Tras largos silencios, los Do de pecho de Camarena, los bises: “Es ilógico pensar que esta problemática tan real y tan triste (la inseguridad) tenga solución inmediata”; “podría salvar al país un plan a largo plazo, digamos 20-30 años; tener conciencia plena de que lo que necesita más que nunca es invertir en educación; esa parte se tiene que apoyar hoy para construir una nueva generación de mexicanos y su creación no puede resumirse a un sexenio”; “una generación en que no se digan mexicanos porque van al Mundial a partidos de la selección, todo ese nacionalismo de pantalla, sino que sea algo profundo”.

“El compromiso con la cultura no depende de la ubicación de una secretaría”; “no basta con tener buenas intenciones, se necesita un verdadero compromiso con la educación y la cultura para construir esa nueva generación de mexicanos”; “los partidos políticos deben respetar los planes que se hacen a largo plazo y no pararse el pescuezo y desechar ideas porque no fueron suyas”.

“La cultura puede ser una industria”; “Salzburgo, Pésaro, baste ver el Cervantino en Guanajuato —que ya no es el festival de hace 40 años, hay que decirlo—, son ciudades cuya economía se mueve por la cultura, todo el año tienen oferta cultural”; “no están bien los recortes al presupuesto para cultura, no está bien que al artista se le vea como alguien con empleo menor”; “estudiar música es tan comprometido como estudiar medicina”.

“Hay un aparato burocrático que va a ser difícil de cambiar mientras no se entienda de raíz la importancia que tienen educación y cultura en la formación del individuo”; “apoyar las artes es apoyar la parte del alimento espiritual e intelectual de la gente, tener ciudadanos mejor preparados”.

Nueva producción. Camarena volvió a México cinco meses después de su gala de Rossini, en abril, en Bellas Artes, a beneficio de damnificados de Oaxaca, para estelarizar el 9 de septiembre otra gala (el 40 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Minería, en la sala Nezahualcóyotl), donde aprovechó para dar a conocer en el país material de su primer disco con Decca, el álbum Contrabandista, dedicado al tenor, músico y empresario operístico Manuel García (1775-1832), y auspiciado por la mezzosoprano romana Cecilia Bartoli, con el que ella inauguró su serie Mentored by Bartoli.

Corona así este álbum, que se liberó a nivel mundial el 5 de octubre, una colaboración y amistad que data de 2008, cuando grabaron en Zurich La sonnambula, de Vincenzo Bellini, para Decca, con el tenor Juan Diego Flórez, el barítono Ildebrando D'Arcangelo y la Orchestra La Scintilla, bajo la batuta de Alessandro De Marchi.

Camarena rechaza querer estar en la cima, no piensa en récords, dice con una treintena de roles en 14 años y a pesar de su nuevo álbum, de su debut en marzo en Semiramide, transmitida a 70 países en la serie Live in HD de la MetOpera de Nueva York, de sus éxitos en España con Lucia de Lammermoor o en Salzburgo con Les Pêcheurs de Perles, con Plácido Domingo y que retomará en noviembre en el recinto del Lincoln Center.

“No quiero estar en la cima, porque eso quiere decir que no se puede subir más alto. Quiero pensar que estoy aún escalando, subiendo un peldaño sumamente importante en mi carrera, que me da esta proyección y presencia fuertes, eso te da el disco”.

Manuel García fue una revelación para Camarena, que en principio sólo sabía que fue quien estrenó Il barbiere de Siviglia para Rossini, como Almaviva, en el teatro Argentina de Roma, en 1816. Modesto, cuenta que grabó Contrabandista, el homenaje al sevillano, a sugerencia de Bartoli.

Buscó a la mezzosoprano por el tipo de discos que ella graba y que implican investigaciones musicológicas. “El plan original no se concretó, pero Contrabandista cumple con lo que quería lograr con un primer álbum: no hacer el típico CD de arias de ópera, quería precisamente grabar algo como lo que hace Bartoli. Estoy contento con el álbum sobre Manuel García, tiene mucha más carnita y esa parte histórica súper interesante”, dice el tenor veracruzano (Xalapa, 1976).

Además del libro con la investigación musicológica, Contrabandista incluye tres estrenos mundiales de Manuel García, arias de Rossini y Zingarelli y un dúo de Armida con Cecilia Bartoli.

Homenaje a una figura. El tenor se identificó en muchos aspectos con García tras grabar Contrabandista y leer las biografías Los García, una familia para el canto (Centro de Estudios Andaluces, 2018), de Andrés Moreno Menjíbar, dedicada a la más célebre dinastía en la historia de la ópera, que incluye a tres hijos de tenor sevillano: María Malibrán, Pauline Viardot-García y Manuel Patricio Rodríguez García; y Manuel García (1775-1832) Chronicle of the Life of a bel canto Tenor at the Dawn of Romanticism (Oxford University Press, 2000).

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“García no fue sedentario; vivió en Madrid, París, Londres, Italia, Nueva York; vino a México y vivió aquí algunos años. Su vida de artista internacional fue uno de mis grandes descubrimientos, igual que su temperamento, un tanto flamenco, un tanto gitano, su forma de hacer música, la opinión de sus colegas que interpretaron su música y las grandes colaboraciones que tuvo incluso en la misma composición de El barbero de Sevilla, por ejemplo. Era un cantante muy apasionado, un caudal de energía que desbordaba siempre cuando subía a un escenario”, dice el tenor.

También destaca que Manuel García siempre se rebelaba contra las autoridades, siempre peleaba por los derechos de los artistas “y eso le traía muchas broncas”. “En esa parte sí me identificó con él, porque siempre fui, no grillero, pero sí me gustaba que respetaran mis derechos, como estudiante en la Universidad de Guanajuato, por ejemplo. Y vaya que tuve la fortuna de contar con buenos maestros que me apoyaron mucho, pero sí fui siempre de exigir y no dejarme”.

En Contrabandista, el aria que da nombre al álbum, Yo que soy contrabandista, un polo de la ópera El poeta calculista (1805), representa a su juicio “un estandarte a la rebeldía”, más que una apología del contrabandista como criminal. Agrega que García se identificaba con esa rebeldía, era muy de su personalidad, de no dejarse nunca, de estar siempre consciente de su valía y hacerla respetar.

García llegó a México en 1827, donde tradujo al español óperas italianas, entre ellas las de Rossini, y algunas francesas, después de estrenarlas en Nueva York. En sus tres años en el país compuso su ópera El gitano por amor. Pero el tenor, músico y empresario cultural también padeció la delincuencia que sigue afectando al país: en Tepeyahualco (Puebla), camino a Veracruz, bandoleros asaltaron el convoy en el que viajaban García y su familia y les robaron 11 mil onzas de oro, fruto de años de trabajo (hoy unos 25 millones de pesos).

“Cuenta la leyenda que fue la escolta que lo llevaba la que lo asaltó. Quienes lo asaltaron vieron su guitarra y le preguntaron: ‘¿De quién es esto?’ García respondió: ‘Mía, soy músico, cantante’. Y lo hicieron cantar a punta de cuchillo o pistola, ve tú a saber. Estoy casi seguro de que les habrá cantado Yo que soy contrabandista, y les gustó tanto a los asaltantes que le regresaron parte del dinero y lo dejaron ir; literalmente le perdonaron la vida a él y a su familia”, dice Camarena.

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