En días pasados se celebró el IX Congreso de la Lengua Española en Cádiz, que tomó la estafeta a toda velocidad del cambio de la sede orignal en Arequipa, Perú. La tacita de plata, como llaman a la ciudad de origen fenicio, se vistió de carácter y los propios locatarios jugaron con el habla y el evento de esos días. En el escaparate de una estética, me topé con este texto al lado de una cabeza empelucada: Escarmenar, desenredar o limpiar el cabello. La jocosidad gaditana engalanó el intercambio de visiones y asuntos que competen a la lengua y su flexibilidad interoceánica. Ahí se celebraron los 75 años de la revista icónica Cuadernos Hispanoamericanos, publicada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que ha sostenido a lo largo largo tiempo y de manera ininterrumpida el diálogo cultural entre los países hispanohablantes. La presencia de México ha sido una constante que se puede observar desde el número inicial dirigido por Pedro Laín Entralgo en enero de 1948, donde José Vasconcelos hace una reflexión sobre la identidad y la circunstancia hasta el comentario crítico de la novela ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz de la escritora mexicana Daniela Tarazona y el texto de Cesar Tejeda respecto a la obra de la cuentista de culto Amparo Dávila en febrero 2023. México ha estado ahí desde la preocupación crítica y ensayística por el ser mexicano, a una república de las letras menos ocupada por la fronteras nacionales y más por la pluralidad de generaciones, visiones, estilos.

El propio nacimiento de Cuadernos Hispanoamericanos está ligado a México. En pleno regimen franquista, fue una forma de respuesta a Cuadernos americanos fundada en México (1942) y nutrida por los intelectuales del exilio español, que enraizaron en México sus saberes para formar jóvenes, fundar editoriales, crear institutos de investigación siempre con el ánimo progresista que animaba la España de la que quedaron escindidos. Por ello una de las críticas sustanciales de los números que van hasta 1976 es la escasa presencia de los escritores españoles en el exilio.

Con las sesgos iniciales, Cuadernos Hispanoamericanos ha persistido como un foro de intercambio de formas de pensamiento y propuestas artísticas. En ese ánimo, dos volúmenes conmemorativos, en 1979 y 1985, respectivamente, están dedicados por completo a Octavio Paz y a Juan Rulfo.

La nueva época de la revista en 2021 se abre con más intesidad hacia el diálogo desde la obra creativa, como lo explica Javier Serena, su actual director. “En estos años sobre todo hemos querido hablar de la literatura escritura en español sin perspectiva nacional, intentado recoger la creación de todos los países con independencia del origen. También, alternar autores y autoras de generaciones distintos, y encontrar un equilibrio entre el ensayo académico y el literario.” Varias autoras y autores mexicanos han sido portada en años recientes: Cristina Rivera Garza, Valeria Luiselli y Antonio Ortuño. Las entrevistas y comentarios sobre sus libros permiten verlos de cerca. Se ha escrito sobre libros algo olvidados como las Crónicas de Elena Garro sobre la España de la guerra civil, entre otros libros, y se disfrutan diálogos entre autores en la sección Correspondencias.

La revista ha cambiado con los tiempos; en su forma impresa y digital anima una conversación imparable. Es un foro fresco y diverso que congrega pareceres y expresiones artísticas que van sentando la memoria de un mapa fecundo donde nos podemos mirar para azuzar el asombro y el intercambio en la universalidad del español.

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