Retos en cultura para el nuevo gobierno

Entre los temas urgentes que deberá afrontar están la consolidación de la Secretaría, la descentralización y la reconstrucción del patrimonio
El Palacio de Cortés, en Cuernavaca, fue uno de los más de 2 mil inmuebles dañados con los sismos de septiembre de 2017 y cuya recuperación es una de las mayores tareas para el nuevo gobierno (TONY RIVERA. EL UNIVERSAL)
02/07/2018
00:20
Yanet Aguilar, Abida Ventura y Sonia Sierra
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El nuevo Presidente de México tendrá, en materia de cultura, una agenda que implica la reconstrucción del patrimonio dañado por los sismos, la consolidación de la Secretaría de Cultura, el desarrollo de un programa de descentralización que nunca se ha alcanzado en el país, y la estructuración de un proyecto de economía y cultura que dé vida y flujo a las empresas culturales.

Algunas de esas tareas urgentes —como la descentralización y la consolidación de estrategias que impulsen economía y cultura— son temas que llevan años en la agenda cultural. La consolidación de un marco de operación jurídico del sector se ha requerido incluso desde que existía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y con la creación de la Secretaría no ha concluido el proceso.

Tres especialistas responden a las preguntas acerca de estos retos y tareas urgentes y plantean, desde diversas perspectivas, lo que esa nueva administración debe hacer, pero alertan que el actual gobierno todavía tiene tiempo y metas qué cumplir.

Las entrevistados son Eduardo Cruz Vázquez, uno de los creadores del GRECU (Grupo de Reflexión de Economía y Cultura de la UAM); Carlos Lara, investigador y especialista en legislación cultural y en economía y cultura; y Guadalupe Moreno Toscano, directora de la maestría en Gestión de las Artes y Políticas Culturales de la Universidad Panamericana.

Reconstrucción. Para Guadalupe Moreno Toscano, la reconstrucción del patrimonio histórico irá a paso muy lento, aunque se han destinado recursos: “Este año la convocatoria para apoyar a proyectos culturales no salió justamente porque decidieron destinar esa bolsa a todos los trabajos de reconstrucción; por supuesto no estoy en contra, pero al sector cultural nos deja muy vulnerables ante unas emergencias que, terriblemente, son más frecuentes de lo que nosotros quisiéramos”.

Para Eduardo Cruz es preciso que en este tema, la administración saliente haga una entrega con el estado puntual del proceso y hacer público ese proceso: “Resulta central que la reconstrucción ocupe uno de los primeros lugares en la agenda del gobierno entrante”, asegura, sin embargo, en cuanto a los recursos que se destinarán dentro del PEF a la reconstrucción tiene dudas: “Mi pronóstico es que no habrán suficientes recursos, la reconstrucción demorará mucho más de lo que se imagina”.

Carlos Lara opina que para el nuevo gobierno el tema de la recuperación del patrimonio cultural dañado debe tener una relevancia especial debido a que una de las grandes apuestas en los últimos años ha sido el turismo cultural, que resultó muy afectado. Entonces se debe plantear el tema a nivel del PEF 2019: “Se tendrían que nutrir, generar o inyectar recursos en este año porque es el patrimonio cultural lo que robustece el turismo cultural, es lo que vienen a ver los visitantes, es lo que da a la comunidad una derrama económica”.

Consolidar la Secretaría. Entre los pendientes al interior de la nueva Secretaría de Cultura, Moreno Toscano asegura que es fundamental darle la seguridad laboral a los trabajadores del sector; su situación, asegura, en lugar de mejorar, cada año empeora, y hay una burocracia todavía más compleja que la anterior: “Si queremos tener un sector público cultural de calidad, hay que pagarle a los trabajadores y creadores a tiempo”. Otro pendiente, plantea, es que desde que se creó la Secretaría de Cultura en diciembre de 2015, no hay reglamento para poder operar la Ley de General de Cultura de manera cabal: “La administración que venga debe tomar como prioritario publicar el reglamento, pero lo veo difícil frente a otras problemáticas”. Considera fundamental revisar puestos, duplicidades y generar una estructura mucho más dinámica en la Secretaría.

Cruz Vázquez coincide en que es preciso aclarar el asunto laboral: “Es vital que al 30 de noviembre la entrega-recepción ofrezca un panorama claro de la situación laboral y financiera de la dependencia”. Sobre el reglamento, opina en cambio que “una operación política de alto nivel de quienes llegan, es pedirle a la Secretaria de Cultura que interceda ante el Presidente para que no se publique el reglamento. Mejor que lo deje en la lista ¡enorme! de pendientes. Lo sensato es que el equipo entrante lo asuma desde ya, y lo ponga en la mesa del Congreso que inicia en septiembre. Igual que las modificaciones a la ley, como el célebre articulo 8 referido a los vales, el cual sencillamente debe ser dado de baja”.

Carlos Lara asegura que la publicación del reglamento de la Ley General de Cultura, no hace falta para que la Secretaría marche bien. Más allá de leyes, reglamentos o estructuras pendientes, tiene que crearse una política cultural pensada para la ciudadanía, no únicamente para satisfacer a los creadores o gestores culturales: “El reglamento de la Ley Orgánica del INAH no ha salido y lleva décadas sin publicarse. No pasa nada si no tenemos reglamento. Lo que hay que hacer es romper el modelo endógeno de la política cultural, pensar en el ciudadano más que en tener contenta a la comunidad cultural”.

Economía-cultura. Para Moreno Toscano uno de los grandes temas es el del binomio economía y cultura. “Considero que es uno de los pilares fundamentales y está totalmente abandonado. Nos estamos quedando incluso rezagados ante países de Latinoamérica, en México nos cuesta entender el aporte económico que la cultura tiene para el PIB”.

Propone que hay que “buscar esquemas por ejemplo de incubadoras de empresas culturales, apoyar a jóvenes talentos, a gente emprendedora que quiera desarrollar un negocio o una pequeña empresa dentro del sector creativo; hay que trabajar mucho la cuestión fiscal, la deducibilidad dentro de donativos y demás. Si no tenemos esquemas fiscales que incentiven esta filantropía, difícilmente lo vamos a lograr. Me parece fundamental buscar esa reforma fiscal para tener más involucramiento de la industria privada en el financiamiento de la cultura. Es también responsabilidad del sector privado pero hay que propiciar un marco y unas condiciones para que se dé ese apoyo”.

Eduardo Cruz Vázquez sostiene que en ese campo estamos en cero: “Hay que levantar desde la raíz la política económica para el sector cultural y construir el andamiaje tanto en el gobierno federal, como en los gobiernos estatales y municipales. Diseñar la arquitectura de cruce con el empresariado cultural y con las organizaciones de la sociedad civil que juegan en el mercado cultural. Quienes nos dedicamos al estudio de la economía cultural hemos avanzado más que los actores gubernamentales, sin oportunidad de poder contribuir a la generación de un programa que inserte la cultura en el desarrollo. El empresariado cultural aporta 2.9% del 3.3% del PIB cultural, a números de 2015. Imaginemos qué pasaría si su papel se armonizara con el proyecto de Nación”.

Carlos Lara lo ve también como algo estratégico: considera necesario crear un programa nacional de empresas culturales que incluya incentivos fiscales para fortalecer ese sector. “Creo que hay que tener una verdadera política fiscal, más amplia, en lugar de solo estímulos fiscales, me parece que sí deben tener un esquema distinto. Debe haber un programa nacional de empresas culturales, que establezca los ejes, la estrategia a realizar de manera transversal con otros secretarías”.

El sueño de la descentralización. Guadalupe Moreno Toscano dice que necesitamos trabajar mucho en la accesibilidad de la cultura y esa accesibilidad va de la mano de la descentralización, porque para tener más accesibilidad y lograr ese desarrollo cultural y el derecho al acceso a la cultura se necesita descentralizar; sin embargo es difícil cuando el gobierno está muy centralizado.

“Se requiere trabajar muy de la mano con las secretarías y los institutos de cultura de los estados; hace falta reforzar el trabajo que hace la Dirección General de Vinculación Cultural, darle mucho peso, debería ser un área más robusta, con más presupuesto, capacidad y alcance”.

En este tema, Lara plantea crear delegaciones regionales de la Secretaría, INBA e INAH en lugares estratégicos, además de reforzar la estrategia digital de la cultura para cubrir todo el país. “Yo pensaría más en un esquema regional”. Y cuestiona: “Se propuso pasar la Secretaría de Cultura a Tlaxcala, pero ¿por qué allá?, ¿qué tiene Tlaxcala que no tenga Oaxaca, Colima? Son ocurrencias de temas que deben ser tomados más en serio. Pensar en descentralización nos lleva a hablar de una política digital para la cultura”.

La descentralización es un mito, asegura Cruz Vázquez y argumenta: “Un concepto perverso que esconde lo que sabemos desde que México nació de la Revolución. Que los estados no son ni libres, ni soberanos; que el municipio no es libre. Que el dinero sale de la federación. Que esta situación les acomoda a los gobernadores y alcaldes, que no cesan el endeudamiento. Que los Estados Unidos Mexicanos lo están por la dependencia de la recaudación centralizada y leyes federales que inutilizan la vida republicana. Y que es eficazmente perverso no reconocer que en cada entidad hay de sobra desarrollos propios que hacen la diferencia nacional como para que muchos añoren ser ciudades de México. Lo que se requiere es autonomía legal y de fondos en cada gobierno estatal y municipal, para que el desarrollo sea competitivo en todos los campos. Y para que eso ocurra, primero llegarán mexicanos a Marte”.

Finalmente, Carlos Lara señala otro pendiente: Revisar etiquetados. Aquí considera que otro de los grandes pendientes y retos que debe enfrentar la siguiente administración es diseñar un nuevo esquema para la asignación de los recursos etiquetados, eliminar el criterio político para la asignación de esos recursos y evaluar los que sí son necesarios. “Es lamentable ver que hay esfuerzos ciudadanos, de la comunidad cultural, algunos notables, que requieren cierto apoyo y quedan fuera por el criterio político”, concluye.  

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