¿Cuánto cuesta el trabajo de un artista?, ¿cómo se inicia un proyecto artístico y cultural?, ¿cómo se hace sostenible?, ¿qué pasa si a la mitad es necesario replantear? Las preguntas son muchos, las respuestas, también. Los emprendimientos son siempre un reto, pero si una de las materias primas es el arte, la cultura, el tiempo, el cuerpo, las emociones, las rutas hacia su ejecución se vuelven complejas y únicas.

A partir de estas premisas, el Programa de Acompañamiento Piso 16. Laboratorio de Iniciativas Culturales UNAM, organizado por Difusión Cultural UNAM, nació hace cuatro años con el objetivo de diseñar un programa dispuesto a acompañar a jóvenes artistas, gestores culturales y comunicólogos de la comunidad UNAM en el desarrollo de sus proyectos.

Desde entonces ha acompañado a 38 iniciativas de 89 jóvenes artistas. Esta edición seleccionó 12 proyectos destacados por su compromiso con la realidad social. “Es un grupo diverso con temas como la diversidad, la discapacidad; otro grupo de artistas visuales que trabaja en Nezahualcóyotl con una galería, hay dos editoriales, una es sobre música como fenómeno social. Todos tienen una postura política y social muy clara, pues uno de los criterios de selección es que tengan un compromiso con su realidad. Las iniciativas que están buscando su profesionalización están resultando muy interesantes”, dice la directora Julieta Giménez Cacho García.

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El laboratorio no es un proyecto que apoya como una beca, sino que es un acompañamiento a los artistas, con quienes se trabaja desde distintos ángulos, como lo que implica la cultura en sus entornos. “Existe el concepto de empresa socialmente responsable, ojalá hubiera el de culturalmente responsable”, añade.

Piso 16 trabajará 10 meses con los artistas.

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