El tema central de Donde termina el verano (Seix Barral), la novela con la que la escritora mexicana Elma Correa (Mexicali, 1980) obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2026 es la amistad y la culpa. “Ahí se articula todo, todo lo demás es solo contexto”, asegura la narradora en entrevista. Y aunque la historia se centra en la amistad de dos mujeres, Aimé y Elisa, que va de la niñez a la adultez, alejadas por el espacio y el tiempo y por una culpa que las oprime y las distancia y cambia sus vidas, las violencias estructurales y las violencias simbólicas, imponen escenarios dolorosos de un México fronterizo. “Son solo parte del paisaje. Están ahí porque existen, pero no me parecen lo más relevante de mi historia”.

Cuentista consumada a través de libros como Que parezca un accidente, Mentiras que no te conté, Llorar de fiesta, Lo simple y La novia del león, Elma Correa entró a la novela con el pie derecho y asegura que “ya no me van a aguantar. Estaré novela tras novela”.

¿La violencia es central pues toca la amistad?

Como escritora, me importaba hablar de la amistad y de la culpa, cruzar estos dos conceptos y en ese sentido mis personajes principales eran estas dos niñas en un lugar muy particular, que es la frontera del noroeste mexicano, en Mexicali, en un barrio muy específico, en la orilla del muro. Y cómo hacen para estar unidas y crecer juntas, pero también como son partícipes y son responsables de un hecho trágico y muy violento que las une en tanto que guardan un secreto, pero que las separa y que las cambia y que las transforma, y la culpa que cargan a lo largo de 20 años y asistimos a los efectos y consecuencias que tuvo en sus vidas.

¿Una violencia tan real que entra a la ficción?

Yo creo que en la vida real las geografías nos determinan, que los espacios y los territorios tienen todo que ver con las personas que somos, con nuestra identidad, y en ese sentido en el terreno de la ficción, en esta novela los trasladé a la historia y por supuesto que las niñas no pueden salir de su contexto y son las amigas que son por el contexto en el que surge su amistad, pero yo creo que también es así en la vida. O sea, la geografía es una azarosa casualidad. Uno no elige dónde nacer, uno no elige dónde crecer, a menos que uno tenga un montón de privilegios y pueda irse a otro sitio y uno decida dónde vivir, pero si uno no tiene privilegios, uno nace en un sitio y se queda en ese sitio y puede morir en ese sitio. Entonces uno debe aprender estrategias de supervivencia.

¿La violencia es intrínseca a la condición humana?

Si nos ponemos existencialistas la violencia ya lo transmina todo. En México, en cualquier país, en el mundo entero, en la frontera, por supuesto. Yo no escribo ciencia ficción. Así que si yo hubiera escrito una novela situada en el noroeste de México y hubiera obviado las diversas violencias que existen, la estructural, la simbólica, la directa, pues yo hubiera estado escribiendo ciencia ficción. Yo tenía que tomarlo en cuenta puesto que existe en la realidad, puesto que como persona, como mujer en un país feminicida, a mí me atraviesa, a todas las morras que conozco, a mis amigas, a todas las mujeres nos atraviesan esas violencias. Sería rarísimo que yo no las tocara, está ahí porque es una verdad inalienable, porque está todos los días nos enfrentamos a eso día con día.

¿Estas dos mujeres aprenden a sobrevivir a las violencias?

Me interesan muy especialmente cómo las complejidades de las relaciones que tejemos las mujeres, en un mundo que nos es tan hostil y tan cruento que parece que nos odia tanto, cómo es que las mujeres y no solo las mujeres, las disidencias, las personas racializadas, las infancias, las adolescencias, todos los que históricamente hemos sido subordinados y tratados de ciudadanos de segunda clase, tenemos que unirnos y hacer comunidad y tejer redes si acaso queremos sobrevivir, eso me interesa, pero no pasa todo el tiempo, no siempre ocurre. Eso es un ideal. No significa que solo por ser mujeres vamos a ser solidarias y sororas, no significa que solo por estar en una situación de desventaja estructural o de asimetría, de poder nos vamos a querer entre nosotras.

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