Mérida.—El Museo del Tren Maya, ubicado en el Ateneo Peninsular, en Mérida, Yucatán, no termina de arrancar, pese a que el próximo mes se cumple un año de su inauguración. Fue el 26 de abril de 2025 cuando la presidenta Claudia Sheinbaum asistió a la reapertura de este recinto que, antes de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lo administrara, era el Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán (MACAY). El proyecto, que tuvo un costo de 210 millones de pesos, se anunció como un espacio para exhibir los hallazgos arqueológicos que hubo durante la construcción de estas vías ferroviarias, así como un lugar “con espacios para exposiciones temporales, convenciones, conferencias y distintas actividades culturales”.
Sin embargo, hoy en día los visitantes se encontrarán con un acceso restringido y letreros con la leyenda “No contamos con servicio de sanitarios”.
Al ingresar a este edificio de la época virreinal hay una serie de bancas de metal acomodadas de manera que delimitan las áreas por las que pueda pasar el visitante, incluyendo el patio central del inmueble. “Por el momento está restringido por trabajos de restauración”, explica un trabajador.

Para acceder al sitio sólo basta con registrarse en una libreta porque la entrada es libre “hasta ahora”, comenta otro de los trabajadores que hay en el museo.
Lee también “Hedda”, el clásico de Ibsen en el mundo de la Inteligencia Artificial
Al cruzar la puerta y el anuncio de que no hay baños, los desperfectos se encuentran a primera vista, pues la primera pantalla que se supone tendría que proyectar material didáctico está apagada. Cuando se le pregunta al trabajador del sitio, responde: “sí, han estado fallando”.
“En el afán de promover la inclusión y garantizar una experiencia que integre a todo público, se desarrollaron estaciones especiales que incluyen reproducciones táctiles de las piezas mostradas, ilustraciones en relieve de los pictogramas de códices mayas o de alzados del edificio, descripciones en braille, audiovisuales y normovisuales”, se indicó en el boletín de prensa de la inauguración del año pasado. Pero en el recorrido que realizó EL UNIVERSAL la semana pasada se contabilizaron al menos cuatro pantallas sin funcionar, y si bien había recursos en braille, había relieves ya rotos e incluso uno ya no se encontraba en su lugar.

Sólo son cinco salas de la planta baja las que conforman el museo.
Rosario Guillermo, artista que junto a colegas protestó contra la eliminación del MACAY, recuerda que cuando era museo de arte se usaba todo el edificio; eran más de siete salas y había espacios dedicados para actividades.
Lee también "Nuestro deseo es que se quede en México": Claudia Sheinbaum sobre la colección Colección Gelman
Ahora, en las primeras tres salas está la exposición Ateneo peninsular. Pensamiento superpuesto, donde se cuenta la historia del inmueble diseñado por el arquitecto yucateco Manuel Amabilis y el italiano Giacomo Piccone y que se inauguró en 1918.
Y solo las últimas dos salas están dedicadas a la muestra Tren Maya. Por las vías del salvamento que, sin un texto de sala introductorio, muestra piezas arqueológicas encontradas desde el Tramo 1 al Tramo 7 del Tren Maya y se explica en videos el trabajo de salvamento arqueológico que realizó el gobierno. Entre las piezas predominan aquellas usadas en contextos domésticos, como platos, vasijas y herramientas de caza de animales; otras de contextos funerarios y esculturas con formas humanas, como un torso humano —del que no se identifica la datación—, un escultura tipo Chen Mul, entre otras piezas de barro.
El recorrido por los 102 objetos es breve y solitario, aunque los trabajadores señalan que sí reciben mucha gente, esa mañana de domingo de puente la asistencia era baja. Además llamó la atención la ausencia de vigilancia, no había personal —incluso las sillas donde se sentarían estuvieron vacías durante la visita— ni cámaras de seguridad en el techo de las salas.

Cuando se le señala al personal lo vacío que está el museo, uno de los trabajadores responde que “todo va a ser museo, pero están en trabajos de restauración”. Cuando se le pregunta cuándo abrirá el recinto en su totalidad, dice: “No tenemos fecha aún. Ya lleva un año casi el museo y pues no avanza, la verdad, ahí sigue” y agrega que una vez que opere por completo, la entrada sí tendrá un costo.
Lee también Mujeres toman su lugar en la historia nacional
Se buscó al INAH para hablar del proyecto del Ateneo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. Días después de la visita de este diario se inauguró la tienda Fonart del Ateneo, pero siguen pendientes la cafetería-restaurante y la ventanilla única de trámites que había anunciado el INAH.
EL MACAY, dividido
“El Museo de Arte Contemporáneo cerró definitivamente”, dice el trabajador del Ateneo. Todavía en abril de 2024, la Secretaría de Cultura y el INAH publicaron un comunicado para decir que “en ningún momento han planteado la desaparición del Macay”, y en algún punto se anunció que habría conversaciones con la Fundación Macay para seguir siendo parte del inmueble. Eso no ocurrió, el museo desapareció y su colección se dividió en tres recintos que la recibieron como donación: el Museo de la Ciudad de Mérida —que actualmente presenta la muestra Colección MACAY—, el Campus de arquitectura, hábitat, arte y diseño (CAHAD) de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y la Universidad de las Artes de Yucatán.
Para Guillermo, la eliminación del MACAY, un museo “con 30 años de prestigio” es “una pérdida irreparable para la península”, pues señaló que en la región no hay un museo que se enfoque en el arte contemporáneo, mientras que en Yucatán hay tres museos arqueológicos, sin contar aquellos que son de sitio. Guillermo considera que el desalojo del MACAY, descrito como “culturicidio”, ocurrió por el desprecio al arte contemporáneo y porque Diego Prieto, entonces director del INAH y ahora titular de la Unidad Estratégica de Culturas Vivas, “quería hacerle un regalo a López Obrador. Tenía una actitud de servilismo”.

La escultora, quien firma una pieza dentro de la colección, reconoce que dividir la colección en tres recintos fue “una excelente resolución”, sin embargo, dice que la comunidad artística “sigue peleando por tener un museo”.
Para el Museo de la Ciudad de Mérida, esta donación de Fundación MACAY, que se concretó en enero, representa “enriquecimiento” a su acervo que ya tenía 455 obras de arte y ahora suma 282, entre las que hay piezas de Roger von Gunten y Gabriel Ramírez. “Para nosotros es muy importante preservar el trabajo de los creadores de la región”, dice José Civeira, director del recinto.
En el caso de la UADY, Javier Barrera, coordinador de cultura del CAHAD, explica que esta donación de más de 200 piezas representa la oportunidad de “estructurar un cuerpo de colección más importante”, una que antes era “incipiente”. Este campus recibió las obras en mayo pasado y actualmente realiza trabajos de catalogación, almacenaje y digitalización y trabajará en armar “cuerpos de obra con concordancia y narrativa” para continuar con su exhibición y difusión.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
[Publicidad]
[Publicidad]


