Grafitour en Medellín: arte tras la guerra
Una de las principales pinturas registra la tragedia en el operativo Orión; se observa una mano que avienta unos dados con los números y letras 10, 16, 2002, C 13, y que caen sobre casitas que sucumben a su fuerza. FOTOS: SONIA SIERRA. EL UNIVERSAL

Grafitour en Medellín: arte tras la guerra

24/01/2020
01:48
Sonia Sierra
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Los muros de la comuna 13 cuentan lo que pasó en 2002 en un operativo contra la guerrilla y cómo hoy buscan superar la violencia

Medellín.— La pintura en el muro de una mano que avienta unos dados con los números y letras 10, 16, 2002, C 13, y que caen sobre casitas que sucumben a su fuerza sintetiza la tragedia que causó el operativo militar Orión, en 2002. Fue la incursión militar urbana más grande de Colombia, según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). La tragedia no sólo es desconocida por turistas extranjeros que llegan la Comuna 13, su magnitud aún no la comprenden habitantes de la propia ciudad.

Como guía, Héctor, de 30 años, es quien cuenta a los visitantes lo que pasó hace ya casi 18 años en esa zona conocida como Comuna 13 o San Javier, por órdenes del entonces presidente Álvaro Uribe.

Su relato se apoya en los muros donde en los últimos años, jóvenes (organizados en colectivos) han creado un grafitour, una ruta por las empinadas calles que a través del arte urbano cuenta lo que pasó en Orión, y también refiere la historia que vino después: el desplazamiento forzado, los desaparecidos, la fosa común de La Escombrera donde estarían esos desaparecidos; se le conoce como la fosa común más grande de América Latina.

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Hay arte callejero, galerías, grupos de baile y venta de alimentostradicionales
 

Los muros del grafitour hablan además de la violencia contra niñas y mujeres; del hacinamiento —la Comuna 13 tiene 21 barrios con cerca de 200 mil habitantes—. A la par, los muros hacen llamados al desarme, a que los libros sean opción ante la guerra: “La lectura es el pasaporte universal para conocer nuevos mundos”. Más arriba, en un tubo, alguien escribió entre colores: “Los héroes no matan niñas”. Y a la vuelta, dice: “Si pintamos paredes es bandalismo, pero la muerte de un humano te da lo mismo”.

Hay una construcción de la memoria a través del arte callejero y además una exploración de formas, de alternativas creativas que han derivado en proyectos.

El arte callejero es parte del recorrido en el que también hay originales galerías con publicaciones y objetos con rasgos que hacen guiño a los comics y al cine; grupos de hip hop y break dance que bailan por unas monedas o que animan a los visitantes a bailar; venta de alimentos tradicionales y de invenciones como la michelada de maracuyá, que se oferta de forma coqueta: “Me compra la michelada y le ragalo la foto conmigo”.

El grafitour creció a la par de una infraestructura que marcó un cambio: un inédito sistema de escaleras eléctricas al aire libre que llega hasta la parte más alta desde donde se ve gran parte de la ciudad.

Los relatos

La ruta de dos horas inicia en la última estación de la Línea B del Metro de Medellín, San Javier, donde los guías como Héctor ofrecen recorridos. “No den limosnas”, es uno de los llamados que hace y luego anima al grupo a seguir: “Aquí no les va a pasar nada”.

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El grafitour aprovecha los muros de las pequeñas casas y se encuentran hasta la parte alta de la comuna.
 

En el camino hacia el grafitour, una venezolana ofrece artesanías. En las camisetas que se venden aparecen por igual pinturas de la C13, la Guadalupana, Frida Kahlo y Pablo Escobar. A un kilómetro y medio de la estación se llega a las escaleras de seis niveles o tramos en cuyos descansos los guías hacen un alto para ampliar el relato de los muros. Héctor se detiene frente a un mural de Chota —John Alexander Serna, uno de los artistas urbanos más reconocidos— y describe: “Vamos a ver la mano del gobierno jugando al azar el 16 de octubre de 2002 en la Comuna 13, la mano indiscriminada del gobierno que manda a hacer una operación Orión, sin importar que aquí había niños menores, personas adultas, mujeres en embarazo, que no tienen nada que ver con el conflicto. Cuando hablábamos de la operación Orión pensábamos que iban a llegar a las casas, a sacar a la gente y a ir judicializando, pero no, vinieron con helicópteros, tanques de guerra, mil 500 agentes de la fuerza pública, policía, ejército, Fiscalía, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) y las Autodefensas Unidas de Colombia (paramilitares), para venir a bombardear toda la Comuna 13. Los rebeldes (guerrilleros), la mayoría se habían ido, los únicos que quedaron fueron los civiles; los que llevaron del bulto”.

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El recorrido, como el relato, como lo que ha pasado en el lugar no es unívoco. No ha concluido. Hay llamados de esperanza, pero también hay grafitis que rezan “venganza”. Hay figuras creativas, en lienzos improvisados, hay un lenguaje local estampado a la vuelta de la esquina: “Parcero”. Hay sorpresas inquietantes: “Somos una especie en peligro de extinguirlo todo”.

En un puesto improvisado a la entrada de su casa, un adolescente promueve el emprendimiento; vende playeras con dibujos de la propia Comuna, focos reciclados, llaveros, tazas, encendedores decorados y pequeños lienzos: “Esto es un fondo capital semilla emprender. Con unos compañeros artistas y mujeres cabeza de familia-mujeres berracas, porque son mujeres berracas. Este es un lienzo de un niño que aprendió a dibujar con nosotros; todo tiene el Comuna 13, por detrás (señala). Este es un cuadro (con fotos de periódicos) de la primera excavación de la fosa común, de la Escombrera, allá al frente, allá donde está la montaña pelada”.

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Hasta lo alto de la montaña llegan los turistas; desde ahí se conocen sólo algunos fragmentos de la historia. Se ve a la distancia la Escombrera, pero no es posible para nadie, aún, saber qué hay abajo.

La operación Orión tenía como objetivo recuperar la Comuna 13, donde había presencia de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. Sin embargo, con la incursión militar el control de la zona pasó a manos de los paramilitares.

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Aún no son claras las cifras de muertos, desaparecidos y desplazados. Organizaciones sociales hablan de más de 100 desaparecidos. Según el CNMH, “la población civil quedó en medio del fuego cruzado desde aire y tierra; produciendo desplazamiento, asesinatos y desapariciones forzadas”.

La Comuna 13 ha ganado espacios de reconciliación y expresión como el Grafitour, como el Parque Biblioteca San Javier o el museo Casa de la Memoria, así como por el proyecto de organizaciones, mujeres, niños y jóvenes que trabajan por la construcción de una memoria y la no repetición. Sin embargo, esa esperanza aún convive con la violencia.

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