Mario Humberto Ruz Sosa (1952, Hunucmá, Yucatán) es uno de los pocos investigadores en México que dedica su conocimiento a la antropología médica, una disciplina poco abordada y que utiliza a la cultura para entender la enfermedad.
Sus estudios universitarios permiten entender la combinación entre medicina y antropología: un año en la Facultad de Veterinaria, para dar el salto a Medicina (ambas en la UNAM) y a la par de cursar Antropología en la ENAH. Luego realizó la maestría en Antropología en la Universidad Iberoamericana y el doctorado en Etnología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, en París.
“Estudié un año Veterinaria, luego volví a hacer el examen y entré a Medicina, fue un error de la administración, pero fue divertido, aparentemente puedo parecer un tiempo perdido, pero no, porque llevas cuestiones de anatomía general, bioquímica, estadísticas, cosas que finalmente sirven”, relata Ruz en su cubículo del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, donde dedica su tiempo a estudiar documentos y libros de origen maya, otra de sus principales pasiones.
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Es por su investigación de la cultura maya que se le galardonó con el Premio Nacional de Artes 2025, en el campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, reconocimiento que llega tras casi medio siglo de incesante actividad académica.
Ruz Sosa charla con EL UNIVERSAL sobre su trayectoria, profundiza la relación entre antropología y medicina y hace una crítica al uso político que gobernantes hacen de los pueblos originarios. Da también su opinión sobre el Tren Maya y la colonización en tiempos modernos.
¿Cómo recibe este Premio?
Como te cae cualquier premio, me siento contento, agradecido por quien tuvo la gentileza de proponerme, la revista Artes de México. Y me siento agradecido porque este reconocimiento le dará difusión a la obra de las lenguas originarias, a toda esa obra que es la que yo trabajo.
¿Cómo dio ese pasó de la Medicina a la Antropología?
Afortunadamente era muy joven para realizar ese salto. Yo entré a la UNAM a los 17 años, por un error recibí mi carta de aceptación que decía “Bienvenido a la Facultad de Veterinaria”, luego ingresé a Medicina, para estudiar Medicina Humana. Y bueno, ¿de dónde vino el interés? Del lugar donde yo crecí, en la zona de la Chontalpa, donde hay indígenas yocotanes, que se llaman ahora chontales. Y vengo de una familia de Yucatán, mi padre era de Mérida, mi abuelo era de Valladolid, mi madre era de Motul. Desde ahí tuve ese interés, pero es que para mí no eran cuestiones indígenas, para mí era la cotidianidad. Estudiaba medicina en la mañana y antropología en la tarde. La idea era hacer algo sobre antropología médica, no es una disciplina famosa en México, pero hay exponentes. Ya no pude estudiarla en Bolonia, por eso terminé estudiando Etnología.
Cuando se enfrenta a un archivo prehispánico ¿qué queda de esa mirada médica?
Muy buena pregunta. Siempre digo que tengo un ojo de médico y otro de antropólogo. Tengo una mirada un poco más incisiva sobre las cosas, y, además, si lo quieres ver así, puedes aplicar el bisturí para extirpar las cosas que no son y de las que te das cuenta. Todo documento tiene una intencionalidad y hay que leer entre líneas. Esta combinación me permitió trabajar sobre cuestiones de antropología médica en el Grupo tojolabal, por ejemplo, e incluso algunas cosas que hice sobre fertilidad masculina. Está poco latente el medico, pero está.
Su estudio no se enfoca en la élite maya, sino en la vida diaria. ¿Cómo nació ese interés?
Finalmente, eso es una elección. Hay colegas que están muy interesados, aquí tenemos algunos geniales trabajando sobre las élites mayas. En mi caso, realicé mi Servicio Social en una zona pobre tojolabal, cerca de Comitán, llamada Las Margaritas, que es aún más indígena, ahí tuve ese interés por la vida diaria.
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¿Sigue realizando trabajo de campo en la zona maya?
Sí. Soy mayista. Mi interés ha sido comparar distintas cosas de los pueblos mayas. Todo el mundo se refiere a los mayas como si fueran una sola cosa, pero no, yo siempre les respondo ¿cuáles mayas? Para empezar, muchos creen que los mayas están en Yucatán, pero ahí puedo preguntar, ¿mayas de Mérida, de Cancún?, ¿los que viven en Tulum?, ¿del maya que trabaja en una maquiladora?, ¿o el maya que emigró a EU y trabaja en restaurantes?
En casi 50 años de trabajo, ¿hay una historia que recuerde y lo conmueva?
Creo que lo que más me conmovía, sobre todo cuando trabajaba en el área de las Cañadas, donde luego fue el levantamiento zapatista, era la situación -estoy hablando como médico-, la situación de salud tan precaria de la gente que vivía ahí. Eso sí me conmovió. Cuando estás metido en la selva y tienes que dividir una pastilla en dos porque no hay más, suturar una herida de machete a alguien sin anestesia y luego coserlo sin hilo quirúrgico... Pero también me conmueven las creencias de la gente, cómo los tojolabales, cuando te hablan, te dicen que alguien va a venir mañana, ellos cuando hablan del mañana, señalan hacia atrás y te dicen ayer y te señalan hacia adelante, porque, para ellos, lo que no se ve está atrás; lo que ya pasó, está enfrente, su concepción del tiempo es tan distinta.
¿Hoy se hay justicia para los pueblos mayas, con un discurso político que los enaltece?
Es un discurso nada más, no va acompañado del conocimiento de los pueblos indígenas, sino que a menudo caen en la folclorización de los pueblos indígenas. Entonces se llevan un brujito para que los sahúme y se ponen sus collarcitos de flores, eso no es la esencia de los pueblos indígenas. Dime qué se ha hecho por la enseñanza de las lenguas indígenas. Dime qué se ha hecho por la recuperación de los patrones culturales, por el estudio de la medicina indígena. No se hace nada a nivel gobierno por estudiar la medicina indígena, la herbolaria. Al contrario, caen en errores, como lo de los bastones de mando, eso ni siquiera es prehispánico, es colonial. Solo hay que mirar la situación económica en que están el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas o el de Lenguas Indígenas.
¿Qué opinión tiene del Tren Maya?
Yo estuve en las primeras reuniones para el diseño del Tren Maya. Fui a tres y nunca más me invitaron. No es que esté en contra del desarrollo de la zona Maya, pero me parecía que (el tren) no era lo más adecuado porque no iba a apoyar explícitamente a los pueblos indígenas, aparte de todo el daño ambiental que iba a causar. Y los dos investigadores que fuimos de este centro (Estudios Mayas de la UNAM), el maestro Tomás Pérez Suárez y yo, dijimos no, no está bien diseñado. Ya se están viendo todos los problemas que ha habido con esto.
En el mundo se está hablando de nuevo del colonialismo. ¿Le preocupa la desaparición total de la cultura maya?
Por supuesto. Hay un retroceso en la cuestión cultural, hay menos referentes culturales en los pueblos indígenas, se pierden costumbres o rituales, eso comenzó en la Independencia y se agravó en recientes fechas. No van a desaparecer del todo, cosas se transformarán, pero mucho sí se irá.
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