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Para celebrar su centenario, la Compañía de Danza Martha Graham volverá a la Ciudad de México, tras 45 años sin presentarse en el país, con dos funciones en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes (20 de octubre, 16:00 y 20:00 horas). Como parte de la celebración, el coreógrafo Jamar Roberts, quien ha trabajado con el New York City Ballet y la Juilliard Dance Division, presentará We the people (2024). El repertorio también comprende coreografías representativas de la década del 30: Lamentation y Chronicle, y la Dark Meadow Suite, adaptación que Janet Eilber, directora artística de la compañía, hace de la obra de Graham cuya música compuso Carlos Chávez. Piezas que reflejan el espíritu combativo de una de las grandes artistas del siglo XX. En entrevista, Roberts habla del marcado carácter político de la obra que se le comisionó y las posibilidades de resistencia frente al inicio de una era turbulenta en Estados Unidos.

¿Me puede hablar sobre el aspecto político de We the people?
En lo político, la pieza habla del poder de los pueblos para generar cambios, en específico en Estados Unidos porque yo soy estadounidense. Hay momentos donde está la compañía completa con música, y otros, en silencio, con grupos más pequeños. Los momentos en silencio representan a los grupos de gente con los que EU no ha sido tan amable, por decirlo de algún modo. Hay un solo sobre las mujeres de color, y una pequeña pieza en silencio para las mujeres y la comunidad LGBT. También hay un pequeño solo para el hombre de color.
¿Han cambiado las cosas desde que se le comisionó la pieza?
Me encanta la compañía de Martha Graham y su legado. Me emocioné mucho cuando me pidieron hacer una coreografía. La música está hecha por Rhiannon Giddens, que se especializa en folk estadounidense. Admiro, verdaderamente, su música. Cuando fue el momento de hacer la pieza sabía que tenía que decir algo porque, en mucho de su trabajo, Graham tocó lo político. Para mí tuvo todo el sentido ir a la compañía e intentar hacer, lo mejor que pude, un trabajo igual de poderoso que el repertorio de Graham. Lo que pasaba en Estados Unidos cuando hice la pieza es lo que hoy sigue pasando. Hay problemas con los que estamos luchando en el país que han estado allí por muchos años. Ahora las cosas están saliendo a la superficie, y tardará un tiempo para atravesar esos problemas y llegar, quizá, a algún acuerdo para vivir en igualdad. Creo que la paz siempre va a importar y ser relevante.

¿Por qué existe esta necesidad del poder de señalar a quien es diferente como el enemigo?
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Esa es una de las preguntas más grandes de la vida. Creo que hay varias razones. Obviamente es la ignorancia, el racismo, la xenofobia. Luego, en general, es por el poder. Usar el miedo como forma de control para ganar más poder es lamentable. Yo siento que esa es la raíz del problema. Y por la manera en la que la historia se ha desarrollado, ellos han elegido ser las víctimas. Es desafortunado, pero por eso debemos seguir hablando, haciendo arte sobre estos problemas, protestar por estos problemas, si no lo hacemos, ellos van a ganar.
¿Esa estrategia se puede hacer en contextos más allá del arte?
Sí, por supuesto. Es el medio que tenemos. El medio es el arte. Y digo arte porque el arte representa el corazón de la gente. Y con el corazón viene el poder y luego también hay belleza y amor y pueden verse las historias individuales en lugar de escuchar sólo lo que sucede a un grupo de personas. La luz siempre le gana a la oscuridad. El arte tiene la capacidad de transformar las cosas, tomar la rabia y convertirla en algo digerible, capaz de resonar en las emociones de los demás y no sólo en la mente. O en ambos, quizá, depende del tipo de arte que se haga. Soy un gran defensor del arte porque soy un artista. Más allá de sentarte y discutir sobre lo mismo una y otra vez, el arte da otro punto de vista que para mí se siente más directo y lleno de verdad. Es algo que te hace sentir mejor cuando puedes crear algo que habla de tu propia experiencia y la experiencia de tu gente.
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La crítica dice que We the people es una obra feroz, ¿concuerda?
Sí, es una buena manera de describirla, aunque creo que es más que eso. Quizá hay otras palabras que también usaría: profunda, emotiva. Son muy fuertes la profundidad del contexto de la pieza, lo que transmiten los bailarines y la fuerza del movimiento, pero la música en sí se siente ligera con el banjo y la guitarra. Mi intención fue contrastar. Mucha música americana tiende a sonar feliz. Es irónico que tengamos toda esa música con tonos felices, mientras que en el país hay mucha infelicidad. Música hecha, en el fondo, por gente infeliz u oprimida.
¿Cómo dialoga la coreografía con el corpus de obras de Graham?
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El trabajo político de las coreografías de Graham se relaciona directamente con las intenciones de esta pieza. Pero también el estilo de movimiento porque yo estudié la técnica Graham desde joven, y esta es una combinación de mi propia experiencia con la técnica Graham en una forma más actual y contemporánea de lo que fue en el siglo XX. Estos aspectos fueron los que guiaron la creación: el mensaje político, la crítica y el estilo del movimiento. Graham intentó contar la verdad sobre la experiencia humana, la verdad del amor, de la guerra o de la técnica por sí misma. Incluso si la pieza no tiene un tema, uno se encuentra con el tipo de lenguaje del cuerpo que usa. En eso hay una verdad: la sensación, cómo reacciona el cuerpo y lo que sentimos. Creo que eso es lo que mi pieza hace y en lo que coincide con su repertorio.
¿Inicia una era oscura para EU?
Obviamente no sé lo que va a pasar. Y eso es un aspecto que hace que este momento sea tan aterrador para muchos. Creo que estamos en el principio de un momento oscuro. Pero tengo esperanza. Es el inicio de algo oscuro, mucho de ello tiene que ver con instalar la oscuridad en el corazón de la gente. Ellos tienen poder sobre nosotros si entramos en la oscuridad. Para mí, la esperanza viene del hecho de creer en la humanidad y resistir, sí. Podemos resistir y luchar, pero eso es exactamente lo que quieren. Creo que hay otro modo de resistir. Por eso soy un abogado del arte en todas sus formas: porque creo que el corazón de la gente es lo que puede disminuir la oscuridad. No lo harán la violencia ni la agresión. Lo hará la luz. Estoy del lado de la luz.
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