El jueves pasado la presidenta puso en entredicho una de las máximas de la teoría política clásica: “El fin justifica los medios.” Como es sabido la máxima es un desarrollo de la tradición maquiavélica según la cual el fin perseguido (si es correcto y edificante) justifica la manera de conseguirlo. Lo relevante es alcanzar el objetivo. Esa es la esencia de la política. Es curioso que lo diga, pues su partido es un alumno adelantado del maquiavelismo: pactó con sindicatos charros, usó dinero sospechoso, el expresidente rompió el principio de equidad, pagó campañas adelantadas y en algunos casos hasta con criminales, todo para acceder al poder. El fin justificó los medios.
También es la lógica profunda de la razón de estado. Cuando un país define su seguridad nacional no importa por qué vías lo consiga (diría Richelieu) lo importante es que ocurra. Han corrido ríos de tinta sobre las implicaciones morales de este aforismo y también hay toda una literatura sobre la razón de estado constitucional que limita los gobiernos al conseguir sus objetivos por la vía que consideren apropiado. Las labores de los servicios de seguridad e inteligencia son precisamente el punto de convergencia entre el estado de derecho y la razón de estado. ¿Cuántas revelaciones importantes que utilizan los gobiernos son obtenidas por intervenciones de comunicaciones no autorizada por los jueces?, ¿cuántas maniobras realizan día a día los agentes federales para preservar la seguridad nacional?
Maquiavelo decía que el fin edificante lo justifica todo. En su caso era la formación del estado nacional. Descargaba al príncipe de cualquier consideración moral por asegurar la seguridad y la prosperidad del principado. Los fines mandan en política, pero éstos deben ser lo suficientemente grandiosos para poder justificar las desviaciones.
CSP decía en su conferencia matutina: “Me ocupo de todo lo que me corresponde todos los días, pero ... aquí sí veo una violación a la soberanía porque repito el fin no justifica los medios, por supuesto que este capo de la droga este líder del cártel de Sinaloa, pues qué bueno que está detenido, aquí tenía orden de aprehensión, pero el asunto es una violación a la soberanía”.
Mucho me temo que en el intento de descalificar cualquier revelación de Salazar y lanzar un pequeño anzuelo a Trump para que eventualmente descalifique también al embajador de Biden, están perdiendo la gran visión. El objetivo fundamental era detener al prófugo más añejo de México. El Mayo era emblema de la impunidad y de la complicidad político criminal que durante décadas pudo desarrollar sus actividades sin que el estado mexicano supiera de él. Su caída es, en principio, una gran noticia para los dos países. No hay manera de no celebrar que un delincuente tan peligroso haya sido detenido incluso en las condiciones que conocemos. El énfasis de CSP en los medios plantea una peligrosa argumentación porque en el fondo parece como si el resultado no le fuera suficientemente satisfactorio y se manifiesta inconformidad. Algo parecido ocurre cuando algún delincuente se le exonera por un problema de procedimiento. Mucha gente se pregunta ¿qué es lo importante: detener a un delincuente o respetar escrupulosamente el proceso? Idealmente ambas, pero el fin sí justifica los medios en política nacional e internacional. Abatir imperios criminales es un objetivo que refuerza la seguridad nacional de México y la de Estados Unidos. No hay duda de que violaron la soberanía de México por no confiar en el gobierno de AMLO. Es grave sí, pero el objetivo final es mucho más importante que ese procedimiento unilateral.
Analista.
@leonardocurzio
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