Sigo preguntándome si es mejor ver las cosas con un sesgo optimista que hacerlas pasar por el filtro del pesimismo cauteloso. No sé qué sea más útil (o ayude a equilibrar el juicio) para el trabajo del observador de la vida nacional, si participar del entusiasmo del gobierno y las mayorías o hacer ver que la soflama no es buena compañera. Y no lo es porque que baja los niveles de alerta y lleva a que todo pequeño logro parezca más grande de lo que realmente es.
Ya comentábamos, en entregas anteriores, cómo el país parece estar predispuesto siempre a una mirada desproporcionadamente optimista. Cuando veo los datos del bienestar autorreportado que publica el Inegi percibo que la gente se siente satisfecha de su vida, de su tiempo libre, de su vivienda y de su ciudad. Me pregunto si esa admirable disposición a ver las cosas bien, no contrasta con una realidad que es perceptible al recorrer las calles. Sin embargo, la gente lo ve bien, porque probablemente esté un poco mejor que el año anterior, igual que el que tiene enfisema pulmonar considera que si algún día puede respirar o dormir más de dos horas sin ahogarse; ya es un gran avance. Más intrigante aún es la reciente medición de la confianza en el gobierno que publica la OCDE con perspectiva comparada. Estamos entre los mejores del mundo. Ocupamos, en efecto, uno de los lugares más altos.
Tenemos, pues, esa predisposición a la mirada positiva y en muchos casos ignoramos tanto la trayectoria de dónde venimos como la perspectiva que se nos abre. Pongo algunos ejemplos. En la última medición del Inegi se informa que se vendieron 754 mil nuevos autos y que es una cifra récord. Verdad indiscutible la que consiga, pero el sesgo menos optimista es que en en 2026 estamos volviendo a los niveles de hace 10 años. El vaso medio lleno o medio vacío. ¿Qué ayuda más a la deliberación: el entusiasmo o la observación cautelosa y contextualizada? Otra noticia que leí sobre el valor de las empresas latinoamericanas apuntaba que Petrobras tiene un valor de 100 mil millones de dólares y pienso rápidamente en la deuda de nuestra petrolera que es similar a este monto. ¿qué es más noticioso lo bueno o el ángulo más sombrío?
Otro ejemplo de cómo ver las cosas desde cada uno de los miradores (el entusiasta o el cauteloso) es la aseveración de CSP de que las revisiones anuales del TMEC no van a afectar el crecimiento de la economía. Es natural que lo diga la presidenta ¿qué va a decir?, pero si esto fuese cierto lo mismo daría no seguir negociando. No hay nada que preocuparse. Para muchos es una mala noticia porque refleja lo incómoda que se siente en Norteamérica con ese esquema. Pero si no tiene impacto en la economía, pues podemos seguir adelante sin problema y registrar eso como una nota menor.
Otra vez el sesgo optimista oficial (y buena parte de la sociedad) se enfrenta a un escrutinio que incomoda y dice que no hay manera de ver esto como un éxito.
La realidad dicta su norma. La previsión del crecimiento, según los expertos consultados por Banxico, está en 1.07 y el último dato del índice de confianza del consumidor dice que la perspectiva de que la economía esté mejor dentro de un año baja a 36 puntos. En otras palabras, el sesgo optimista, tan característico de los mexicanos, parece haber encontrado su límite en lo que a desempeño económico se refiere. Pero el gobierno sigue desplegando optimismo.
Analista. @leonardocurzio
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