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ana.pinon@eluniversal.com.mx
Durante la invasión del ejército en la UNAM, en septiembre de 1968, la poeta Alcira Soust Scaffo (Uruguay, 1924-1997) se ocultó durante 12 días en la Torre de Humanidades del campus universitario. Para sobrevivir se alimentó de papel sanitario y tomó agua del lavabo. Después de esa experiencia extrema le dio escorbuto y le diagnosticaron sicosis delirante crónica. Su historia ha servido de inspiración para la ópera Luciérnaga de la compositora mexicana Gabriela Ortiz, que se estrena hoy a las 19:30 en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.
“¿Cuáles eran las dos fuerzas vitales que mantuvieron viva a Alcira? ¿Cómo sobrevivió? ¿Cómo pudo resistir bebiendo agua del grifo y con papel de baño? Creo que fue su fuerte convicción, por su gran pasión. Yo admiro a las personas que tienen una pasión desmesurada por algo, como Alcira. Ella realmente creía que la poesía iba a transformar al mundo. Ella realmente creía que la poesía iba a transformar al mundo, a partir de esa convicción tomó la vida y la poesía fue su herramienta de lucha. Después de que salió del encierro tuvo su proyecto de poesía, imprimía su obra y la repartía en la Facultad de Filosofía y Letras. Fue un ser luminoso y frágil, como la luciérnaga. Admiro su vida y su congruencia. La poesía y su convicción política, creo, la mantuvieron viva”, dice Ortiz en entrevista.
La compositora construye un universo sonoro, sutil y poderoso, mediante la experimentación, la electroacústicay una instrumentación contemporánea y universal, con metales, percusiones, piano y alientos. El libreto original es de Silvia Peláez, la dirección musical de Ludwig Carrasco, con la participación de la soprano Cecilia Eguiarte y el actor Juan José Sánchez. En la dirección de escena, David Attie, y Alejandro Escuer, y dirección artística de ÓNIX Ensamble.
“El libreto explora las fuerzas vitales de Alcira, el diálogo con ella misma en esa soledad que te permite una profundidad que puede ser muy fuerte. También nos interesaba la realidad que estaba fuera de ese baño, la represión, la violencia, la toma del campus universitario. Para mí fue muy interesante trabajar con Silvia porque lo platicamos mucho. A partir de nuestro diálogo empecé a imaginar los elementos que tenía para crear, como el papel, el agua, el silencio, que en realidad no existe, el silencio es adquirir una consciencia muy profunda del sonido; de modo que pensé, por ejemplo, en el conteo del agua, que puede ser el transcurrir el tiempo. Trabajé en metáforas sonoras y tengo un conjunto de 12 instrumentos, aliento, madera, metales, cuerdas, piano y percusiones; además, los músicos, en muchos momentos, tienen que jugar con papel, tocar agua, emular el viento, es decir, hay partes que son más experimentales. El sonido adquiere un papel muy importante”.
Luciérnaga, comisionada para el festival Vértice. Experimentación y Vanguardia que organiza Cultura UNAM, también se presentará el 11 y 13 de octubre.
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