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Cristian Alarcón, por la reivindicación de las ancestras

Las mujeres y sus luchas, la botánica, sus orígenes y la migración son temas que toca el escritor en El tercer paraíso, libro con el que ganó el Premio Alfaguara de Novela

Cristian Alarcón, por la reivindicación de las ancestras
Cristian Alarcón presentará El tercer paraíso el 2 de junio en el Claustro de Sor Juana. Foto: Berenice Fregoso/ El universal
Cultura 18/05/2022 02:00 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 10:57
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Las historias de sus ancestras, la fuerza de las mujeres latinoamericanas, las luchas feministas, la fascinación por la botánica, el retorno a sus orígenes desde su exilio a Argentina, pero también la dictadura militar, la violencia contra las mujeres, el machismo, el patriarcado y la figura de Salvador Allende son parte de los viajes que emprende el escritor que protagoniza "El tercer paraíso", libro con el que Cristian Alarcón obtuvo el Premio Alfaguara de Novela 2022, una historia en la que un escritor cultiva su jardín en las afueras de Buenos Aires mientras rememora su vida en Daglipulli, La Unión, un pueblo al sur de Chile.

Aunque Alarcón intentó escribir dos libros de no ficción situados en Chile “sólo para poder ir y volver”, y en su vida siempre ha estado latente el exilio de su familia en medio de la dictadura en Chile para construirse una vida mejor, él tardó mucho tiempo en regresar, “quizás porque nunca deja uno de regresar y esa es la dinámica en la que estará toda la vida, no tanto desde el concepto del exiliado o el desterrado, sino del migrante. Me siento mucho más cerca de los migrantes que de los exiliados”.

En algún momento Cristian Alarcón comprendió que la cordillera de Los Andes era una vía de comunicación y no una frontera y decidió cruzarla todas las veces posibles y, al final, recuperó el territorio de sus ancestros. “Así que El tercer paraíso si bien en sí mismo no es un objeto dedicado al exilio, sí, en su regalo posterior, me dio la posibilidad de habitar mi origen sin pedirle permiso a nadie”.

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Por eso en la novela están, asegura, los chismes de lo prohibido, los pecados cometidos por sus mayores, los engaños de los varones, las palizas que les dieron a las mujeres, el modo en que las abandonaron, las traicionaron, las condenaron a no sólo vivir la pobreza sino la violencia, repitiendo una y otra vez las lógicas de dominación que vienen desde la Conquista.

“Hay una resiliencia que las vuelve irónicas, pícaras, suspicaces, divertidas, rebeldes sin someterse a pesar del golpe y el abuso, al designio que los hombres tienen para ellas; nuestras primeras generaciones de mujeres que salieron a trabajar, estamos hablando de los años 60 y 70, aunque por supuesto las mujeres siempre trabajaron pero nadie les pagaba por llevar la casa, los 10 hijos, la huerta y el jardín y aun así tenían tiempo para la belleza, y para darle el sazón a las comidas, expresar el profundo amor que tenían por sus vidas y las de los suyos a través de la cocina”, señala el escritor y periodista nacido en La Unión, en 1970.

Alarcón asegura que esta reivindicación todavía no termina y que el feminismo le debe a nuestras ancestras una reivindicación mayor. “Entiendo la emergencia del feminismo juvenil, son mis amigas, son mis contemporáneas, pero creo que pensar las vejeces, pensar las adultas mayores como parte fundamental de aquello que deriva hoy en las juventudes feministas, todavía está pendiente”.

En esta novela, Alarcón puso todo lo que veía porque está fascinado con profundizar en ese camino que lo llevó al conocimiento botánico histórico, desde Plinio El Viejo hasta Gilles Clément. “He descubierto allí una matriz colonial que me interesa desandar, desarmar y criticar, que hace que nos hayamos olvidado, por ejemplo, del nombre de la dalia en náhuatl, de las poesías de Nezahualcóyotl”.

Y lo enmarca en ese descolonialismo que sus amigas feministas están planteando como condición necesaria para pensar sus luchas, y que, dice, ya no sólo están vinculadas a la cuestión del género, sino también desde un feminismo interseccional relacionado a la cuestión fundamental de la raza y la clase, pero donde la cuestión norte sur es absolutamente fundamental.

“Porque no es lo mismo ser mujer del Río Colorado al norte, que del Río Colorado al sur, tampoco es lo mismo ser mujer en África que en Europa, ese diálogo sur-sur me parece que es el nuevo horizonte donde los creadores, los intelectuales tenemos que buscar la lógica para construir las alternativas políticas que nos saquen de la idea de un futuro distópico y aciago para pensar en clave de futuridad en las condiciones de nuestros futuros posibles”, señala el autor de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia y Si me querés, quereme transa.

Al director fundador de la revista Anfibia y del sitio Cosecha roja, le interesan las binariedades múltiples, la binariedad del periodismo narrativo y su entrada a la literatura que, dice, no se pretende revolucionaria, sino que se pretende sensible y empática.

“Cuando hablo ante mujeres mayores de 80, les converso sobre el asunto de la no binariedad, uno podría pensar que rechazan esa propuesta, pero no, sus sensibilidades están dispuestas a la exploración de lo que ha significado para ellas la construcción de la femineidad desde masculinidades binarias donde han estado ellas condenadas a múltiples esfuerzos para sostener sus femineidades, y sus hombres: hijos o maridos, padres o hermanos, condenados a sus masculinidades, encerrados en la batalla por ser los más machos, los conquistadores, los ganadores, los que tienen la última palabra. Cuando uno logra cruzar a través de este relato esas sensibilidades empieza a desarmarse algo, como un leve proceso de deconstrucción que a mí me alucina y me entusiasma y me reconcilia con la idea de una literatura que es sensible”.

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Cristian Alarcón, quien obtuvo el Premio Alfaguara por una novela que a decir del jurado es “un relato luminoso sobre la vida cotidiana de un individuo pero también sobre las tragedias colectivas que nos acechan”, asegura que en su novela está la idea de un edén que podemos construir, no un edén que nos regala la religión, “no lo merecemos porque no pecamos, no lo merecemos porque pedimos perdón; lo merecemos porque nunca dejamos de trabajar para ser felices”, dice el escritor que el próximo 2 de junio, a las 19 horas, presentará El tercer paraíso con Alejandro Zambra y la participación de Morganna Love, en el Auditorio Divino Narciso del Claustro de Sor Juana.

Pensar en las adultas mayores como parte fundamental de aquello que deriva hoy en las juventudes feministas todavía está pendiente”
CRISTIAN ALARCÓN
Escritor 

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