Lo he expuesto varias veces: la literatura es un encuentro cara a cara entre dos soberanías, la soberanía de quien escribe y la soberanía de quien lee.

El feliz diálogo con seis poetas refuta o al menos matiza mi aseveración. Coincidimos, eso sí, en que no importan los premios, los prestigios, las imprentas y las impresiones previas. Importa el momento único de la lectura. Y se trata de una lectura que puede ser escucha: acción en voz alta.

El diálogo se dio durante una sesión de lectura, hermenéutica, meditación y convivio (cena) el jueves 19 de marzo de este 2026 en casa de Juan Miguel y Macarena, dos de los poetas y de los promotores del Grupo Durango, cuyo impulso inicial proviene de Stella Calle y Soledad Paraíso, según leo en la solapa: “Junto a Soledad Paraíso, [Stella Calle] impulsó este espacio de estudio y creación colectiva del que nace el grupo”.

El diálogo se prolonga en el libro Alboronía, historia de un encuentro (España: uno Editorial, 2026). Leamos en la contraportada:

El término “alboronía” enlaza con la cultura española, árabe y judeosefardí y, usado en este libro, apunta hacia la mezcla de estilos diferentes dentro de la poesía y del acercamiento a la realidad. Su método engarza necesariamente con la necesidad de articular el apoyo mutuo mediante una serie de vínculos frente al aislamiento tradicional de los poetas, lo que se refleja en el poema “En la plaza”, de Vicente Alexandre, citado al inicio del libro.

Los autores presentan un perfil muy cercano, como personas que practican a diario la meditación y que son testigos de la transformación que provoca este hábito en el modo de ser y estar en la vida. También muestran perfiles diversos en cuanto a edades, orígenes, formación y profesión.

Y ahora veamos el origen de un nombre:

Nos hemos llamado el grupo Durango por el lugar, el ámbito de nuestra creatividad, un espacio que nos ha unido y ha envuelto nuestras emociones: una calle de Madrid donde hay una casa, y en la casa una habitación, y en la habitación una mesa donde crear, sentir y también cenar.

Los seis poetas, miembros de este grupo Durango, estamos, además, unidos por el hecho de que habitualmente practicamos la meditación, el silencio y la quietud. Por eso, nuestra palabra se lanzó justo cuando un silencio sereno lo envolvía todo, cuando lo que queríamos decir era propicio y necesario, y siempre con agradecimiento del encuentro y del regalo de un no sé qué que se halla por ventura.

Antes, el mismo texto introductorio, “Más que poemas”, nos ha hablado de “ser conscientes de que encontrarnos es vernos cara a cara”.

Ya se nota que la poesía de San Juan de la Cruz acompaña las sesiones: “un no sé qué que se halla por ventura”.

“Hallar por ventura” reúne el azar y la gracia. Y en la gracia está una voluntad.

El libro alterna las voces poéticas de Stella Calle, Miguel González Fabre, Macarena Klecker, Soledad Paraíso, Esther Reglero y Juan Miguel Sánchez García. El cuadro “Alboronía”, de Esther, fue la base para la portada.

Me gratifica conocer pares que leen y escriben textos más allá de los medios literarios y académicos de letras. Stella es “especialista en estrategia, transformación y liderazgo”; Miguel “es un apasionado de todas las formas de expresión artística” y tiene como profesión “la de ingeniero de caminos”; Macarena es “de formación bióloga” y “ha realizado estudios de nutrición holística”; Soledad “trabaja como enfermera en un hospital de Madrid”; Esther dedicó años “al mundo financiero” y ahora escribe, pinta (“recientemente ha expuesto en Madrid”) y es “también una apasionada de la música”; Juan Miguel, ingeniero, “ha sido el coordinador de los trabajos que han derivado en la elaboración” de Alboronía.

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Basho. Crédito: Wikipedia /Dominio
Crédito: Portada. Uno Editorial
Basho. Crédito: Wikipedia /Dominio Crédito: Portada. Uno Editorial

El libro me depara ocho capítulos con títulos de diversa forma: “Soy, es, eres: identidad” (i), “¿Por qué escribo?” (ii), “Amar” (iii), “Nueva Yo…” (iv), “Tiempo, muerte y ausencia” (v), “Escribo, y estoy sola” (vi), “Casi en silencio (haikus)” (vii) y “Espíritu y esperanza” (viii).

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Detengámonos un momento en el vii. Entendía el célebre Basho que el haikú es “el momento presente”: no definía este género de origen japonés como una expresión discursiva, verbal, sino como una experiencia viva directa. Ahora bien, él habla de “momento” y de “presente”. Ya he escrito por allí que instante proviene de ‘instar’; momento, de ‘movimiento’; segundo, de ‘seguir’, casi de ‘seguimiento’. Presente, por su parte, significa ‘el predominio del ser’. Futuro es ‘lo que tiene que ser’. ¿Las eras moderna y contemporánea nacieron angustiadas porque convirtieron el presente de la vida –por ejemplo, la vida del animal de la octava elegía de Rilke– en presiones para movernos siempre, para seguir, para producir según nos lo indiquen las instancias que nos instan y que nos regulan y que entonces transforman el presente en instante? (Macarena escribe: “En un solo instante, / una brisa del recuerdo me lleva / a un lugar en que soy: / una senda entre dunas que me arrastra” [p. 35]: busca el ser mientras es “instada” a desplazarse; es arrastrada. En el haikú que citaré, Soledad intuye y capta el doble impuso que postula el poeta nipón.)

Basho, sí, nos sugiere un doble impulso complementario entre movimiento y plenitud, entre avance y ser, entre dinamismo y experiencia del gozo de ser, simplemente ser.

Y justo por ese gozo concluyo dejando a mi público con seis poemas breves, “momentos presentes”:

En el silencio

abraza al limonero.

Fin del camino.

Miguel González Fabre

A media luz,

un silencio que aguarda,

reflejo en mí.

Stella Calle

Brisa otoñal:

una nube de pájaros

y yo en quietud.

Macarena Klecker

¿Luz en la luna?

Luego el silencio…,

y ojos de olvido.

Juan Miguel Sánchez García

¡Ay, luces! ¿Sombras?

… y la vida infinita

en un momento.

Soledad Paraíso

Silencio, suena,

rompe el silencio, cala,

amo del alma.

Esther Reglero.

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