Efraín Bartolomé (Ocosingo, 1950) tenía cuatro o cinco años cuando vivió, en la inmensidad de la selva chiapaneca, una experiencia que él mismo considera su despertar poético. Ocurrió durante un viaje en caravana rumbo a El Paraíso, una finca familiar a la que solo se llegaba a caballo tras horas de trayecto por caminos, montes y ríos. En aquella travesía, el aroma de la tierra en la madrugada, los paisajes cambiantes y los sonidos de animales, hasta entonces insólitos para aquel niño, se encadenaron en una cascada de sensaciones que marcarían para siempre su mirada poética.

“Eso fue el despertar poético, literalmente”, afirma el poeta tras leer, durante esta entrevista, el relato de ese viaje iniciático convertido en prólogo de una edición de lujo de Ojo de Jaguar (1982), su primer libro.

Con el libro en mano, Efraín Bartolomé subraya la conclusión de ese relato: “Todos mis días y mi trabajo al servicio de la poesía han sido desde entonces un permanente intento de volver al Paraíso”.

Sobre ese impulso germinal y de sus caminatas en las distintas geografías de Chiapas —de la selva tropical a las copaleras y montañas frondosas de la sierra— habla en esta entrevista realizada durante la Feria Internacional del Libro de Coyoacán (FILCO) 2026, donde recibió la Presea José Juan Tablada, reconocimiento que coincidió con la celebración de sus 75 años, cumplidos el 15 de diciembre. A propósito de ese homenaje, la editorial Círculo de Poesía acaba de publicar en su colección blanca Cuadernos contra el ángel (1987). En la conversación, el poeta también aborda la devastadora transformación de esos paisajes, pues aquel “paraíso” que dejó a los 15 años para estudiar la preparatoria y la universidad en la Ciudad de México, y al que vuelve de manera constante, se ha convertido en los últimos años en un “infierno”, debido a la presencia del crimen organizado.

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Crédito: Fernanda Rojas/ El Universal
Crédito: Fernanda Rojas/ El Universal

¿Qué significa para usted recibir esta medalla José Juan Tablada?

Me sorprendió, me conmovió y lo agradezco mucho porque Tablada es un poeta absolutamente significativo para mí como lector. Lo descubrí en la primaria con los haikus que venían en los libros de texto. No alcanzaba a entender el hondo significado de esas brevedades hasta años después, pero sedujeron mi oído primero y la memoria después. Cosas como: Del verano, roja y fría / carcajada, / rebanada / de sandía. No alcanzaba a imaginar al verano sonriendo y que su sonrisa fuera una rebanada de sandía como las que luego vi pintadas por Tamayo, pero se me quedaban en la cabeza. Pasados los años empecé por descubrir la melopea, la música del poema, y un día la fanotea, la capacidad de que tocara el ojo de la imaginación y descubrí un poema extraordinario de Tablada: “Peces voladores”. Que los académicos digan por qué él es la culminación del modernismo y el inicio de la vanguardia; para mí, tiene un significado personal. Cuando tenía 30 y pico de años, tuve una sorpresa mayor: en uno de los libros de texto gratuitos de la primaria apareció mi nombre junto al de Tablada. Los tirajes de esos libros son de casi 3 millones de ejemplares anuales y estuvieron vigentes por poco más de 30 años. Fuimos expulsados juntos por unos cuatreros que sacaron toda la gran poesía de los libros de texto para poner esas cosas que pusieron.

¿Y esa inmensidad de la selva que retrata en aquel recuerdo infantil sigue existiendo?

No, y es justamente lo doloroso. De casi 10 millones de hectáreas de selva virgen que tuvimos, nos queda 8%. En poco más de medio siglo se produjo la destrucción. Ya había empezado desde finales del siglo XIX, pero una vez que llegaron las máquinas se multiplicó. En el 75 hice mi primer viaje de adulto hacia el interior de la selva en avioneta y pude mirar desde el aire las cuadrículas de monte talado; las brillantes mentes del gobierno vieron que ahí había ‘tierra ociosa’ y la repartieron sin tener noción de su cuidado. Decían que la ceniza de caoba era muy buena para la milpa, así que tumbaban, quemaban. Después de ver aquello, empecé a escribir los primeros poemas en Lacanjá y Bonampak. Tenía a mi primer hijo de 7 meses y yo quería que él mirara lo que yo había visto, pero que se estaba perdiendo a una velocidad extraordinaria. El impulso de los primeros poemas fue eso: rescatar a través de la poesía el milagro que a mí me había tocado ver y que él ya solo podría leer. Mis poemas Cartas desde Bonampak están dedicados a ese niño.

¿Cómo se ha transformado la selva, Ocosingo y esa región con la irrupción de los cárteles?

A veces me gusta decir provocadoramente que de los cárteles políticos y armados que le declararon la guerra a México en 1994 a los cárteles de cara descubierta, matones especializados, en busca de sus intereses muy personales, los habitantes de la población son los que terminan siendo los más afectados. Mi pueblo tenía tres mil habitantes cuando yo estudiaba ahí, a los once años. En 1994 teníamos doce mil y en ese mismo año, en un sólo mes, teníamos 24 mil habitantes en el pueblo. Todos los grupos indígenas que salieron huyendo de la guerra – porque las noticias que daba la prensa filtrada por la Diócesis de San Cristóbal era que todos los indígenas apoyaban la guerra–, llegaron como pudieron, huyendo de las armas y se asentaron donde pudieron. El pueblo no dejó de crecer. La luz, el agua ya no alcanzaba, aunque ahí nace el sistema de ríos más grande. Y de repente empezamos a oír de matones organizados a las afueras del mercado municipal, que matan a una agente del Ministerio Público Federal, que tienen una avioneta en el rancho tal cargada de cocaína. Ocosingo es muy grande, no siempre da tiempo de saber todo, pero se escuchaba poco a poco los rumores de cómo creció el capital de fulanito, fortunas que crecen y que no pueden venir de la sola producción agrícola o ganadera.

Mi padre nació al otro lado del estado, en Motozintla, y uno de mis cuñados es de allá también y de pronto, hace unos años, no podían ir a visitar a la familia porque no se podía pasar por sitios como Chamic (frontera con Guatemala). Alguna vez pasamos unas vacaciones en Comalapa y ahora se volvió el infierno también. Los zetas llegaron a apropiarse de una parte de Chiapas, incluido San Juan Chamula; los chamulas aprendieron el negocio, los terminaron expulsando y se armó el cártel Chamula; luego se armaron estos cárteles Chiapas- Guatemala y se volvió el infierno. Ahorita da cierta tranquilidad que hay control, pero dudo que sea duradero. Me da la impresión de que sólo es llamarada de petate porque ya aparecieron por ahí los grupos policíacos de élite, los pakales, en la nómina del Mencho. ¿Y quiénes padecen todo esto? La gente. La sensación es que se viene una especie de resignación, de pesimismo, ante lo cual no hay que ceder, no hay que permitirlo.

¿Encuentra poesía en medio de todo ese horror?

Hay ruiseñores que cantan en medio de los fusiles y en medio de las batallas, dice Miguel Hernández. La Guerra Civil española produjo gran poesía. La guerra de Troya produjo la Ilíada. Hay una frase de Borges: ‘Nos tocó, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir’. Eso ha pasado a lo largo de la historia y va a seguir pasando. Hay que intentar mirar con ojo objetivo y saber que en medio de todo está la naturaleza maravilla, la mujer maravilla, y no me refiero al personaje (ríe). Y eso sólo se puede cantar en voz alta porque la diosa sólo responde si es invocada a través de la palabra poética. Escribí un libro en prosa, Ocosingo: diario de guerra y algunas voces, se tradujo al inglés hace no mucho, y es sobre lo que me dictó el alma al ser testigo presencial de lo que pasó en 1994. Yo pasaba todos mis cumpleaños con mis padres el 15 de diciembre y esa vez, a medida que se aproximaba el fin de año, empezaron a correr los rumores de que habría problemas. Después de la fiesta del 31, el 1 de enero mi padre tocó la puerta: ‘Muchachos levántense, hay guerra. Ya le declararon la guerra al gobierno. Y está tomado el pueblo’. Nos asomamos a las terrazas y allí estaban; en cada esquina un grupo bien organizado, bien entrenado con equipo nuevo. Nuestra casa está a dos cuadras del centro del pueblo y, después de la matazón, en los alrededores del mercado vimos a personas muertas con sus rifles de palo. Fueron, literalmente, a hacer bola, pero los que manejaban todo esto iban con equipos perfectos, con entrenamiento militar.

Es una violencia que siempre ha estado ahí…

Ya se cocía todo eso. Antes se decía: ‘estamos luchando contra los finqueros porque tienen guardias blancas’. Para la prensa, ahí había una bola de rancheros haraganes acostados en su hamaca, como en la ilustración de Diego Rivera. Todos los encomenderos en su hamaca y los otros sufriendo al máximo, sin saber que el sitio donde estaba más repartida la tierra en todo el país, según los estudios de Arturo Warman de la Reforma Agraria, era el estado de Chiapas. Yo dejé de vivir en el pueblo a los 11 años, regresaba solo de vacaciones. Terminé de estudiar con el propósito de ejercer en Chiapas, pero me dio por estudiar psicología y ejercer la psicoterapia y ya no pude volver. Me hacía la broma de que allá la psicoterapia sólo se podría practicar en las cantinas del pueblo o que iba a darle psicoterapia a las vacas.

¿Sigue volviendo a Chiapas?

Sí, tengo el alma allá. Hubo un tiempo en que no pude llegar a mi pueblo como por tres años, por eso de que no sabes en qué momento te van a asaltar. Pero desde hace 10 años pasamos temporadas muy largas en Tuxtla Gutiérrez y de ahí nos movemos al resto del estado. La unión es absolutamente entrañable, a pesar de que ya aparecen descabezados en Tuxtla, que matan al hijo del presidente municipal de no sé dónde porque tenía tratos con esos grupos.

¿Aún va a la selva, a las montañas?

Acabo de cumplir 75 y nos metemos a la montaña cada que podemos. El sueño de los ecoturistas europeos es atravesar la Garganta de Samariá en la isla de Creta, lo hicimos mi mujer y yo en 2010 y pudimos con 18 kilómetros. Teníamos que ir porque ahí había nacido Zeus, según la mitología.

En Chiapas, hemos entrado mucho a la selva tropical y hace como 20 o 25 años recibimos una invitación del Instituto de Historia Natural para subir a la Reserva del Triunfo, en la Sierra Madre, que colinda con Motozintla, en lo más alto de la montaña. Son 125 mil hectáreas, 25 mil de zona núcleo y en las otras ya hay población humana, pero está prohibida la caza y la tala. De todas maneras, hay grupos que van contra esa zona de amortiguamiento porque saben que el gobierno se va a tardar años en ir a negociar o a ofrecerles terrenos en otro lado. Cada vez que podemos entramos. Hace poquito fuimos a una zona muy cercana a la cabecera municipal de Ocosingo donde hay poblados que fueron fundados en el siglo XVI por fray Pedro Lorenzo de la Nada, el que fundó Ocosingo como Tumbalá, Bachajón, Petalcingo, Citalá… Tiene unos conventos maravillosos del siglo XVI y las poblaciones chiquititas, pero ahí viene la autopista que irá de San Cristóbal a Palenque. Nos dio felicidad entrar ahí porque nos recordó al Ocosingo de antes.

¿Esas caminatas detonan poemas?

Te cuento lo del Triunfo porque la selva de allá arriba a más de 2000 metros es la selva de niebla, donde sale el quetzal, el pavón y la tangara cabanisi, un tipo de paloma de la que sólo quedan 500. Subimos a pie, estuvimos alrededor de 10 días y bajé con un libro, Cantando El Triunfo de las cosas terrestres (2012). Cuatro años después se publicó en una preciosa edición y cuando el libro ya estaba en edición, el rector de la Universidad Descartes (coeditora del volumen) vio mi diario de campaña en prosa y me pidió incluirlo también.

¿Tiene un diario de campaña en todas sus caminatas?

No siempre, pero la mayor parte de las veces sí, en ciudades o en el monte. En el monte hay más tiempo, pero en la ciudad puedes teclear directo en la computadora. En el monte hay que tomar notas, como me gustaba hacerlo en el pasado. Tuve que acostumbrarme y ya me resultó más atractivo poder teclear en el equipo electrónico.

¿En qué está trabajando ahora? ¿Hay alguna publicación en puerta?

Siempre estoy trabajando. Va a aparecer en Nueva York una reedición, estoy preparando una antología para México, otra para España, además del trabajo de escritura de poemas que se van armando. Debo tener entre siete y ocho libros inéditos. Publiqué mi Testamentum en 2021, pero antes de ese hay otros que no he tenido oportunidad de publicar, pero sí tengo mucho material.

¿Va a publicar pronto esos inéditos ?

Esa es la tirada, pero nos tocaron tiempos tristes para la cultura en las administraciones recientes, así que hay que esperar a que te inviten en alguna colección o a que tus amigos, como los del Círculo de Poesía, decidan hacer cosas como esta edición de Cuadernos contra el ángel. Ellos han promovido estas ediciones en Argentina y en España.

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