Escenarios encontrados: la ciudad en la fotografía de Rodrigo Moya
Héctor de Mauleón revisó el trabajo del fotógrafo Rodrigo Moya. Foto: Carlos Mejía / EL UNIVERSAL

Escenarios encontrados: la ciudad en la fotografía de Rodrigo Moya

09/08/2019
14:59
Fernanda Ramírez R.
Ciudad de México
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Héctor de Mauleón revisó el trabajo del fotógrafo que retrató las desigualdades y las zonas olvidadas

Mediante un recorrido por 112 imágenes tomadas entre 1955 y 1968, que integran el libro que el fotógrafo Moya ilustró para Salvador Novo, llamado "México", el escritor y periodista Héctor de Mauleón ofreció el jueves pasado en el Museo Palacio de Bellas Artes la plática "Escenarios encontrados: la ciudad en la fotografía de Rodrigo Moya", en torno a la exposición Rodrigo Moya -México/Escenas.

El autor de textos como La ciudad oculta 1 y 2 y La perfecta espiral revisó el trabajo del fotógrafo Rodrigo Moya, en el que da cuenta un México en continuo desarrollo hacia la modernidad, compuesta por dos secciones: Ciudad y Persona, y Ciudad y Cultura.

En la charla, De Mauleón dijo que Rodrigo Moya es un fotógrafo que se dedicó al montañismo y gracias a esa afición logró algunas de las imágenes más sorprendentes de la Ciudad de México desde el nivel de la calle, o desde lo alto de un edificio, para mostrar que la ciudad estaba constantemente cambiando y creciendo.

De Mauleón agrega que Moya ”era capaz de subirse a la punta del edificio más alto de la ciudad y buscar la toma más inesperada desde arriba para hacer su trabajo”.

Además “en todas las comisiones fotográficas que le encomendaron, retrató las desigualdades, los barrios marginados, las zonas olvidadas; todo lo que no estaba en los discursos oficiales, en una época en la que México estaba celebrando el desarrollo estabilizador 1953, 1958, 1960, un momento de triunfalismo inmenso que dejó la guerra. Una bonanza económica que creó la ilusión de que por fin México había entrado en la ruta del desarrollo. Y lo que hace Rodrigo Moya en todas las fotos que va dejando a su paso, es buscar precisamente el discurso que termina por desmentir con esto”.

La realización del libro "México" surgió a partir de la invitación de Salvador Novo meses antes de que desapareciera. La idea era colaborar con él en un libro que planeaba ser una guía turística que publicó una editorial de Barcelona llamada Destino. La editorial había publicado un ejemplar de distintas ciudades y en esta ocasión le tocaba al cronista de la Ciudad de México. “¿A quien más se le iba a encargar en 1966 un libro sobre la Ciudad de México que a Salvador Novo?”, cuestionó el columnista de EL UNIVERSAL.

Héctor de Mauleón señala que “Salvador Novo era todo lo contrario a la historia de Moya. Novo es de los contemporáneos de la época de los escritores de su generación, el más completo, prosista, extraordinario, periodista de primera línea, pero sobre todo, un poeta que rompe todo lo que se había leído en México. Después de ser crítico tremendo del gobierno de Lázaro Cárdenas se comenzó a convertir en un apologista del progreso que había traído a los mexicanos el gobierno de la revolución”.

Aseguró que Moya se convirtió en un cronista oficial de los logros de los gobiernos de la Revolución y se codeó, aunque ya desde antes lo hacía, con las clases más altas, con los empresarios,  con los ricos, con los banqueros.

Dijo que "México" llama la atención porque es un libro en el que "se junta el cronista de los ricos y de las élites, el hombre que quería hablar del México de la modernidad, con un fotógrafo al que la modernidad le vale un cacahuate. Hay un capítulo en el que Novo se dedica a hablar de los edificios virreinales de la Ciudad de México y lo que Moya retrata es un patio de vecindad con los tendederos y los pobres en donde no está la portada barroca con la que Novo soñaba , con los esplendores del barroco. En muchas fotos es inevitable que Moya saque lo que le pidieron”.

De Mauleón relató que Novo le dijo a Moya en una ocasión “yo no quiero mugrosos en mi libro”, pero eso lo reveló Moya años después. “Se pelearon al punto de que en el prólogo original Novo derramaba elogios sobre Rodrigo Moya y, después del pleito, quitó todas las referencias a Moya y no volvieron a tratarse".

Añadió que al final el fotógrafo “logró que se quedaran las fotografías  de lo que era México. Porque a él lo mandaban a Chapultepec y no retrataba el Castillo de Chapultepec y sacaba a unas personas jugando, matando el tiempo, o leyendo. Era inevitable que en las calles de México apareciera la miseria cotidiana”.

Lo importante de este libro es la vigencia que aún tiene 50 años después en México, porque se tienen dos perspectivas,y hay cosas que no han sido resueltas “Seguimos teniendo nuestros Moyas y nuestros Novos”.

“Moya, ha estado muy presente en los últimos años, en la cultura visual de los mexicanos, pero es una oportunidad para los jóvenes y para quienes no lo conocían. Es completamente actual porque es la constatación de que a pesar de que pasen los años y pasa el tiempo hay problemas que no han sido resueltos , y que venimos arrastrado, una y otra vez”, comentó De Mauleón.

La exposición estará abierta al público hasta el el 25 de agosto en las salas Paul Westheim y Justino Fernández del Palacio de Bellas Artes.

nrv

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