Gertz: el “jubilado” que regresó por su sueño

Roberto Rock L.

A mediados del mes de noviembre, cuando el equipo de Andrés Manuel López Obrador determinó que debería nombrarse a un encargado de la Procuraduría General de la República, Alejandro Gertz Manero anunció a sus cercanos que la designación había recaído en él, con lo que se cumpliría un sueño largamente acariciado.

Tras las primeras semanas en esa posición, quedó claro que Gertz no estaría ahí de paso, pues apresuró cambios en la institución, hizo designaciones clave e incluso se dio tiempo para exhibir el temperamento mercurial que lo había hecho famoso en otras etapas, 15 años atrás, de su vida pública.

Se trataba del regreso triunfal del hombre que en agosto de 2004 tuvo una atropellada salida como secretario de Seguridad Pública en la administración de Vicente Fox, donde desde los primeros minutos coleccionó fricciones con otros integrantes de aquel gabinete. Ello incluyó a los entonces procurador, Rafael Macedo de la Concha; el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, y sobre todo; a Adolfo Aguilar Zínser, que se desempeñaba como coordinador del gabinete de seguridad pública, e incluso a Francisco Barrio, cabeza de la Contraloría.

A su salida, Gertz declaró que fue él mismo quien solicitó un retiro alegando que deseaba disfrutar de una “jubilación” al cumplir 65 años de edad, lo que le permitiría “dedicarse a la familia y a la academia”. Su caída en lo que Fox había bautizado como el “gabinetazo”, se sumó a la casi veintena de defecciones en un barco que ya parecía haber perdido el rumbo. Entre éstas figuraba la del canciller Jorge Castañeda, la del citado Aguilar Zínser y la de Alfonso Durazo, quien había sido un poderoso secretario particular en Los Pinos y que dejó constancia, en una muy larga carta, de su desencanto con el llamado gobierno del cambio y su confrontación con Martha Sahagún, esposa del presidente.

El nuevo diseño de la Fiscalía atraerá muy pronto los reflectores sobre los nombramientos y los resultados que ofrezca Gertz Manero, cuya renuncia en aquel 2004 fue precedida por marchas ciudadanas en contra del creciente clima de inseguridad en el país. Fue relevado por un personaje cercanísimo a Fox, Ramón Martín Huerta, quien falleció 13 meses después en un accidente de helicóptero. El tramo final en la dependencia sería cubierto por Eduardo Medina Mora.

La llegada de Gertz a la Fiscalía permite, a querer o no, mayor margen de maniobra a Alfonso Durazo, quien en esta etapa de la historia común de ambos personajes es el nuevo secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Se había anticipado que el subsecretario sería Gertz, lo que le permitió a éste avanzar en el control de áreas clave, como la Policía Federal, que recayó en Arturo Jiménez Martínez, una figura que le es cercana desde la época (1998-2000) en que el ahora fiscal se desempeñó como secretario de Seguridad Pública en el entonces Distrito Federal, durante los gobiernos de López Obrador y el interino de Rosario Robles. Lo mismo puede decirse de Francisco Garduño Yáñez, quien hoy labora como comisionado del órgano que controla los penales federales.

En días recientes han empezado a filtrarse señalamientos sobre Jiménez Martínez, el cual designó comisionado de la División de Investigación de la propia Policía Federal, a Víctor Hugo Enríquez, quien presumiblemente carece de las competencias para el puesto. Imputaciones de nepotismo se han sumado por el nombramiento de un hijo de Jiménez Martínez en un cargo federal relevante en Coahuila.

Es previsible que todo ello traiga una redefinición en el equipo de Durazo, sobre quien existirá igualmente una dura presión para que dé resultados en una tarea que desempeñará en un resbaladizo terreno, donde muchos se han derrumbado.

Apuntes: Antes de que la terna de Andrés Manuel López Obrador para designar a primer fiscal general llegara al Senado, Ricardo Monreal, coordinador de Morena, hizo un sondeo entre los 59 legisladores de su bancada y de los 17 aliados, lo que incluyó al PT, al PES y al Verde. De casi 80 votos posibles en esa auscultación extraoficial, Bernardo Bátiz no alcanzó siquiera 10 adhesiones. Aun así, quien fuera procurador capitalino durante el gobierno del hoy presidente, decidió no retirarse de un proceso del que salió lastimado. Pero su lealtad y su trayectoria tendrán un reconocimiento. Si no hay sorpresas de última hora, en los próximos días se anunciará que será el nuevo embajador ante El Vaticano.
 

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