Con un tono pausado, sin triunfalismos ni arrogancia, Andrés Manuel López Obrador ofreció anoche sus primeros dos discursos como candidato victorioso a la Presidencia de la República.

No solo ni principalmente habló a sus seguidores. Eligió cuidadosamente las palabras para comunicarse con todas esas personas a las que gobernará, independientemente del voto que hubieran emitido durante la jornada electoral de ayer.

Será presidente de todos los mexicanos, independientemente de la geografía partidaria a la que cada quién pertenezca: “expreso mi respeto a quienes votaron por otros candidatos,” dijo casi al comenzar su intervención y luego saludó a los demás contendientes.

Invitó a los suyos y a los ajenos para que subordinaran los intereses personales a los intereses de la Nación; para reforzar el mensaje citó a Vicente Guerrero: “La Patria es Primero.”

No renunció a la ambición de sus electores para que ocurran cambios profundos, pero advirtió que cualquier reforma o transformación respetará la ley y las instituciones.

Para arrebatarle argumentos a sus peores detractores precisó que su gobierno no sería autoritario, ni tampoco dictatorial; al contrario, las libertades de empresa, de expresión y de organización, entre otras, serán respetadas por su futuro gobierno.

También aprovechó para reiterar a los líderes del sector privado que mantendrá la disciplina fiscal y financiera del gobierno. Repitió que no subiría impuestos porque obtendrá recursos por otras vías: la austeridad y la lucha contra la corrupción.

Una vez que López Obrador ofreció las seguridades que sus adversarios, de la política y la sociedad, necesitaban escuchar, pasó a enumerar las causas con que convocó a su movimiento político: la opción preferencial de su gobierno será por los pobres, particularmente por los indígenas.

Será también prioridad combatir los privilegios y la corrupción que los cobija. La cuarta transformación de México pasa por hacer que el Estado trate con igualdad a la hora de servir a los gobernados.

Varias veces insistió anoche que no iba a fallar, que no iba a decepcionar: “quiero pasar a la historia como un buen presidente … Es una ambición legítima,” subrayó.

Como primera tarea política dijo que trabajaría en un “Plan de Reconciliación y Paz.” Esas dos palabras fueron claves de los dos discursos que pronunció ayer. Dijo que invitaría a las organizaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales, para repensar la política de combate a la violencia.

López Obrador está convencido de que las dos variables que llevaron al país al caos de inseguridad son la desigualdad y la corrupción, y este plan sería entonces una ruta critica para hacer frente común frente a tales amenazas.

Antes ya había dicho que este tema le quitaba el sueño: la violencia. Sabe que necesita de todos, empresarios, líderes de la oposición, sociedad civil, organismos internacionales, seguidores y adversarios, para enfrentarla.

El próximo presidente de México no parece estar dispuesto a gastar energías en pleitos ociosos. Los mensajes de concordia con el gobierno saliente, muy en particular con el presidente Enrique Peña Nieto, fueron también contundentes. Sabe que el periodo entre julio y diciembre es largo, y por tanto igual necesita colaboración de quienes están por partir.

ZOOM: Andrés Manuel López Obrador dice que será presidente de todos los mexicanos; para eso debe transcender al México polarizado. No será tarea fácil porque la comunidad está rota, y sin embargo este es un deseo, secreto o explícito, de todas las partes. El mandato que recibió es para unir y reconciliar, que lo logre no podría ser tarea solamente suya pero desde ayer él lleva mano para conducir la nueva conversación.

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