¿El aire de la Ciudad de México mata? Los límites entre la salud pública y la responsabilidad

Pilar Lozano Mac Donald

Preocupa la lentitud con que las autoridades de la Ciudad de México han atendido el problema. El aire de la zona metropolitana del valle de México puede matar si se combina con partículas de indolencia

El 30 de mayo de 2018, activistas de Greenpeace México colocaban una máscara y un tanque de oxígeno a la estatua de la Diana Cazadora y una manta que decía: “El aire en México MATA”, como parte de una serie de protestas para exigir a las autoridades asumir medidas para que haya aire limpio y transporte público no contaminante en todo el país.
También demandaban a los entonces candidatos reconocieran la gravedad de la situación y se comprometieran con medidas efectivas para mejorar la calidad del aire que respiramos y que, según datos que aportaban, cobra la vida de 48 personas diariamente.

En estos días hemos presenciado en el Valle de México, un ambiente sucio para respirar, perceptible a simple vista, que ha generado malestares a los ciudadanos, y que resulta preocupante, atribuido a los incendios forestales en esa zona metropolitana.

Se sabe que, en la reunión urgente de la Comisión Ambiental de la Megalópolis, la Jefa de Gobierno de la Ciudad, Claudia Sheinbaum, reconoció que las partículas suspendidas de PM 2.5 sí registran una alta concentración y que no se cuenta con un programa de contingencias para este tipo de situaciones.

Resulta preocupante que, ante este grave escenario, los gobiernos del Estado de México y de la Ciudad de México no cuenten con un plan de contingencia ambiental para atender los actuales niveles de contaminación.

No es nueva esta situación. Lo que preocupa es la lentitud con que las autoridades de la Ciudad de México han atendido el problema. La contingencia se declara hasta el martes 14 de mayo, a pesar que desde el fin de semana ya se percibía la gravedad de la situación del aire que respiramos.

La organización World Air Quality Index (Contaminación del aire en el mundo), señaló el domingo 12 de mayo pasado, que nuestro país registra el tercer aire más contaminado, únicamente por debajo de China y Turquía. Reportaba además valores máximos de 177 puntos y una calidad de aire que puede afectar a la salud de los habitantes de la Ciudad de México.

En estos días, gran parte del Valle de México, presenta muy mala calidad del aire, calificado de Insalubre por el Centro de Ciencias de la Atmósfera en la Ciudad de México. Los habitantes de la Ciudad de México, estamos respirando partículas contaminantes suspendidas en el aire en niveles 2.5 (PM 2.5) y 10 (PM 10), ozono (O3), dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y enlaces de carbono-oxígeno).

Si a todo lo anterior, le sumamos que a nivel mundial el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera ha alcanzado niveles jamás visto en toda la existencia de la humanidad, el panorama se torna aún más gris.

Tenemos que cambiar la visión de desarrollo humano, ya no privilegiando la infraestructura automovilística, para pasar a transportes públicos seguros y no contaminantes, así como modificar los límites máximos permitidos por emisiones contaminantes y exposición a ellas que, en el caso de México, continúan siendo laxas en comparación con los valores sugeridos por los organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Conclusión: El aire de la Ciudad de México puede matar si se combina con partículas de indolencia.
 

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