Michèle Albán (parte I)

Paulina Lavista

Me permito dedicar mi columna a la memoria de Michèle Albán, quien lamentablemente falleció el pasado 11 de diciembre en la ciudad de Tepoztlán, Morelos.

Quiso el destino que Michèle muriera en brazos de su hija Mariana Elizondo Albán, igual que pasó cuando murió su padre, Salvador Elizondo, quien también partió al viaje sin retorno mientras Mariana, acostada junto a él, lo animaba en sus últimos momentos acompañado por el “Requiem de Faurè” que le había yo puesto en un tocadiscos junto a su lecho.

Michèle llegó a México siendo una adolescente. Vino refugiada de la guerra en Europa. Rápidamente se adaptó a México. En los años 50 fue condiscípula y amiga del grupo de jóvenes intelectuales españoles refugiados que tanto le dieron a México en el ámbito de la enseñanza. Muy jovencita se casó con el poeta Tomás Segovia, siendo entonces la pareja del momento por la belleza, guapura y gallardía de ambos. Michèle y Tomás no duraron mucho tiempo casados.

Michèle era completamente bilingüe. Adquirió el idioma francés de niña debido a que pasó parte de la segunda guerra en Bruselas en tiempos muy difíciles de carestía para los niños europeos, víctimas inocentes de la guerra.

Michèle se casó en segundas nupcias con Salvador Elizondo en 1958, relación que fue fundamental para Salvador. Entre 1958 y 1965, junto a ella, Salvador empezó una de las épocas más creativas de su vida, amén de que con ella se consolidó como escritor. A su lado escribió Elizondo la novela o texto Farabeuf, publicó las revistas Nuevo Cine y S.NOB y procreó a sus dos hijas: Mariana y Pía.

Cuando me uní a Salvador en diciembre de 1968, hacia ya tres años que se había divorciado de Michèle. Yo pasé a ser la tercera o cuarta “novia” con quien se relacionó ya divorciado, sin embargo conmigo se quedó hasta su muerte. En los 37 años que viví con Salvador llegué a estimar, querer y admirar mucho a Michèle, con quien siempre me llevé muy bien. En mi calidad de madrastra de sus hijas tuvimos una cordial y respetuosa amistad... ( continuará)

Salvador Elizondo escribe Cuaderno de Diario sin número

Lunes 5-V-58.- Hace tres días que me ha entrado una depresión siniestra. No me había yo sentido así desde hace mucho tiempo. Se me han acumulado una serie de cosas y bastante alcohol. He conocido a una muchacha que me interesa bastante —Michèle— lo malo es que se va a París pronto. Suspenso (…)

***En la foto: Michèle Albán, en 1964; fotografía de la autoría de Salvador Elizondo. (CORTESÍA PAULINA LAVISTA)

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