¡Llévele, llévele, bara, bara!

Paulina Benavente

La falta de escrúpulos de directivos que buscan ganar a como dé lugar combinado con la presión que ejerce su afición

Solo en México sucede. Sí, solo en el futbol mexicano sucede, llega este momento del año en el que se ha llevado a cabo el elegantemente llamado Régimen de Transferencias, este pequeño mercadito en el que los jugadores que militan en el balompié nacional que no entran en planes de sus clubes son ofertados, no siempre al mejor postor.

El Draft, coloquialmente llamado, es la exhibición misma de la realidad del futbolista en México, amarrado a decisiones de terceros, carente de libertad, absorto en una continua incertidumbre, van de equipo en equipo buscando tener tiempo suficiente para poder tener continuidad; cada seis meses los jugadores de los equipos que integran las distintas categorías son expuestos, así tal cual como se lee, expuestos, presentados, ofrecidos, les buscan un lugar para poder reemplazarlos; si bien les va podrían ser vendidos, si no transferidos por un periodo que solamente los hará regresar el siguiente torneo, al mismo lugar.

La falta de escrúpulos de directivos que buscan ganar a como dé lugar combinado con la presión que ejerce su afición y la necesidad de un jugador por seguir trabajando, convierten al Régimen de Transferencias en uno de los grandes males del balompié mexicano.

La recién creada Asociación Mexicana de Futbolistas tiene la gran tarea de acabar con esta práctica, de diluir el famoso Pacto de Caballeros, que no permite al jugador buscar opciones, orillando a muchos  a rogar y suplicar por una oportunidad; no será sencillo como futbolistas enfrentar a los dueños del balón y romperles su negocio. 

Tan alto como el gremio  levante la voz, tan alto como les responderán.  Durante años estos mismos han dejado que se lleve a cabo esta práctica, han callado durante mucho tiempo, su silencio los ha hecho permisivos, nadie al momento ha apostado por la rebeldía sabiendo que pone en riesgo su carrera.

En el Draft, se impone el más fuerte, gana el absolutismo financiero, exhibe la doble moral con la que opera la Liga. Los defensores del Régimen apuestan por la continuidad del mercado de piernas, el error no opera en las transferencias recae en la forma, y de esto, poco saben. 

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