Frente al surgimiento de un ismo en potencia, inesperado y sorpresivo en la persona de Andrés Manuel López Obrador, los ismos tradicionales tienen enfrente un gran desafío. Están ante una realidad por la que hablarán lo que han hecho, lo que son ahora y lo que harán en el futuro. Y en ese proceso, se irá configurando el México del porvenir.

Lo que el virtual presidente de la República ha hecho en su lucha por cambiar al país lo ha llevado a ganar las elecciones que, esperadas como muy difíciles, se realizaron en un ambiente inusitado. Los más de 30 millones de votos en su favor le dan un consenso, legalidad y legitimidad para hacer mucho de lo que ofreció para llegar al máximo poder político nacional.

Los años que empleó para alcanzar ese objetivo son la piedra de toque del lopezobradorismo, entendido como una corriente política y filosófica, centrada en una sola persona que comparte lo que AMLO llama la Cuarta Transformación.

Esta es la semilla que, entre muchas dificultades, ganó adeptos, sumó voluntades y ocupó espacios desde los cuales se multiplicó y se recreó a una velocidad inusual, pues en solo cuatro años obtuvo lo que tanto perseguía.

La Presidencia, sumada a la mayoría de Morena en el Congreso, es la plataforma desde la cual AMLO podrá concretar sus acciones de gobierno, convertidas previamente en ley. Las que propuso esta semana están encaminadas a cumplir algunos de sus ofrecimientos en cuanto inicie su administración.

Llegar a ese cargo con todas las ventajas le permitirá consolidar su propia corriente ideológica que, traducida en políticas públicas de beneficio colectivo real e inmediato, se instalará como un ismo personal alrededor del cual giren muchas cosas en el país.

En esa perspectiva, el lopezobradorismo apunta a ser una nueva modalidad de liderazgo que él, empero, desea construir sobre ideales eminentemente sociales, a la manera como lo hicieron dos de sus más admirados próceres, consagrados en la Historia.

Con lo acontecido el 1 de julio puede decirse que llegó la hora de Andrés Manuel López Obrador y que, sobre sus acciones y decisiones, se erigirá un ismo con nuevas improntas que, es de esperar, no sean puramente personalistas, individualistas o caudillistas. Esta es la condición para que trascienda como un buen presidente, según lo ha expresado reiteradamente.

En ese escenario se hallan los ismos de las últimas décadas, considerados a nivel institucional, específicamente los partidos: el priísmo a partir 1928, el panismo desde 1938, el perredismo desde 1988. Los que quisieron serlo, fundados en el personalismo, fueron efímeros.

¿Qué hará el PRI para levantarse de las cenizas luego de noventa años en el poder, con nombres distintos, pero con todo el bagaje político-pragmático original a cuestas?

¿Qué hará el panismo, desnaturalizado en su ideología, doctrina y programa y con el saldo electoral desastroso, definido por la derrota, la división y la pugna interna?

¿Qué puede hacer el PRD con la retahíla de excesos que cometieron sus últimos dirigentes y que causó la huida de la mayoría de sus fundadores e integrantes más conspicuos, incluido Andrés Manuel López Obrador?

Si como dicen sus dirigentes, o quienes aspiran a serlo, su aspiración es refundarse, es indispensable que revisen lo que han hecho y se centren especialmente en su relación con su militancia y con la ciudadanía en general.

El punto clave de esa reflexión lo encontrarán el la firma del Pacto por México, formalizado hace seis años, mediante el que se unieron en contra de la sociedad en acciones y decisiones que la lastimaron y la ofendieron. En los comicios, les pasó la factura a los tres.

La única herramienta que tienen ahora para tratar de reivindicarse es el desgastado discurso al que nadie da crédito, en contraste con AMLO, que tendrá en sus manos todo el instrumental estatal para traducir su palabra en hechos.

Si perciben la dimensión del desafío y no pueden superarlo les queda el recurso de ser parte del lopezobradorismo, del que muchos decidieron ser parte… antes de que el futuro los alcanzara.

SOTTO VOCE… Con el trato delicado, suave y ejecutivo que caracteriza a Ricardo Mon-real, Morena tendrá un excelente coordinador en la Cámara de Senadores… La casta dorada que se formó en los anteriores gobiernos y que ha gozado de beneficios extraordinarios sin aportar nada tendrá que buscar empleo. Y si lo encuentra, ahí sí tendrá que trabajar, pues como dice la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, es un cambio total de paradigma. El que lo entienda, bien; el que no, ¡ni modo! Será una nueva realidad… La visita a Andrés Manuel López Obrador que hoy le harán funcionarios de primer nivel del gobierno de Estados Unidos empezará a marcar una diferencia grande en la relación que se perfila entre ambos países. Si la base de ésta es el respeto, la colaboración y la dignidad, aflorará una nueva época en nuestra política internacional.

ombeluniversal@gmail.com
@mariobeteta

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