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Ni romántico ni soñador, pero prefiero ver el bosque en lugar del árbol: sí, toca abrir con Alemania, esa misma que nos ha vapuleado, pisoteado, ninguneado y por ende, eliminado.
Y más allá de cómo lo tomemos como mexicanos, créanme no que somos especiales para ellos, somos uno más, una víctima común, como muchas que coleccionan en su envidiable historial de Copa del Mundo.
Perder con Alemania tendría que estar en el pronóstico de casi cualquier equipo. Nadie es favorito ante ellos; ganancia se considera poder competirles de igual a igual, algo que México no ha logrado bajo ninguna circunstancia. De tal forma que una derrota en el debut mundialista está en la mente de casi todos, no nos hagamos tarugos. Obvio no la deseo, en lo absoluto, pero tampoco me ciego ante el basto mundo de las posibilidades, esas mismas que no me hacen estar del lado de los pesimistas rotundos: esos que establecen que después de tres juegos México estará de regreso a casa. Definitivamente no comparto la idea.
México es perfectamente capaz de derrotar a Suecia y Corea del Sur. Ninguno de estos equipos ha sido más que México en los últimos años y sus planteles nos permiten imaginarnos escenarios positivos. Si bien se puede no partir como favorito, tampoco se adopta el papel de víctima ni mucho menos.
El grupo de la muerte, le dicen, sí, ese mismo del que México ha salido airoso en ocasiones anteriores como Estados Unidos ‘94 y Francia ‘98.
Pongámosle realismo a la película: jugar ante Alemania en tu debut mundialista no es bajo ninguna perspectiva una buena noticia, (no nos hagamos los valientes), pero Suecia y Corea del Sur no son más que el equipo de Osorio, así que la angustia, preocupación, frustración como quiera llamarle que experimenta el mexicano, se comparte en tierras suecas o asiáticas.
Y ya del quinto partido mejor no hablamos, ahora sí, como dicen los futbolistas en la vieja, aburrida, sistemática y automática frase cuando se les pregunta por el futuro: vayamos viendo partido a partido.
futbol@eluniversal.com.mx
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