A tres años de los trágicos sucesos ocurridos en Iguala, Guerrero, el dolor y el sufrimiento continúan latentes en los padres y familiares de los normalistas desaparecidos, la angustia se prolonga en el tiempo al no tener certeza sobre el paradero de sus hijos.

La colusión de al menos, autoridades políticas y policiales del municipio de Iguala y autoridades policiales de Cocula y Huitzuco, Guerrero, con la delincuencia organizada dedicada al tráfico ilícito de drogas y al secuestro, propició que los días 26 y 27 de septiembre de 2014, se desarrollara en esas demarcaciones una serie de hechos que se tradujeron en violaciones graves a derechos humanos dando como resultado la privación de la vida de 6 personas la lesión de otras 38 y la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal “Rural Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

Los hechos de Iguala, Guerrero, evidenciaron el vínculo delincuencia-autoridad, dejando al desnudo el triángulo perverso entre encubrimiento, complicidad e impunidad. “Iguala” evidenció la aparente normalidad que se vivía. Se tiene que desmontar ese entramado perverso de complicidades y colusiones cuyo trasfondo no es otro que la corrupción.

El tema de la desaparición forzada en México, nos duele e indigna a todos, constituye una forma compleja de violación de los derechos humanos que debe ser comprendida y encarada de una manera integral, pues estamos ante una violación múltiple de numerosos derechos tales como el derecho a la libertad e integridad personal, a la vida y al reconocimiento de la personalidad jurídica.

Todo acto de desaparición forzada y su ejecución, inician con la privación de la libertad de la persona, la falta de información sobre su destino, y continúa hasta en tanto no se conozca su paradero.

En diversos foros he expresado la necesidad de armonizar la legislación nacional sobre esta materia y alinearla de acuerdo a los estándares internacionales, es innegable que el Estado mexicano no ha atendido oportuna y suficientemente las exigencias de las organizaciones de la sociedad civil y de las víctimas, respecto a la expedición de una ley que tipifique de manera adecuada el delito.

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Al inicio de mi gestión, al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, expresé mi compromiso de encabezar una CNDH cercana a la sociedad; exigente y demandante ante la autoridad; implacable ante aquellos que desde el poder enfrentan y atentan contra la dignidad de las personas; incómoda para aquellas autoridades que se olvidan de sus mandantes, y que han hecho del ejercicio público una actividad comodina y ventajosa para sus intereses.

Desde ese momento hice hincapié en mi compromiso con las víctimas y con los familiares de los normalistas, de atender a cabalidad estos hechos lo que implicó necesariamente, abordarlos desde cuatro ejes fundamentales: derecho a la verdad; derecho a la justicia; reparación integral del daño a las víctimas y sus familiares y las garantías de no repetición.

El 11 de julio de 2016 este organismo publicó el Reporte de la CNDH en torno a los Hechos y Circunstancias en las que Julio César Mondragón Fontes, Normalista de Ayotzinapa, fue Privado de la Vida, documento en el que plantearon 4 Observaciones a la PGR; 1 a la Fiscalía General del Estado de Guerrero y 3 a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

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El “Caso Iguala” es un expediente abierto, cuya investigación continúa, en la cual se debe considerar toda línea de investigación sustentada en elementos objetivos y científicos, por lo que no se dará por concluida hasta que se haya esclarecido el destino de los normalistas desaparecidos y tanto las víctimas, como la sociedad en general, tengan conocimiento de la verdad sobre los hechos acontecidos antes, durante y después del 26 y 27 de septiembre en Guerrero. Con ello se propiciará la reparación del daño a las víctimas, así como que los responsables respondan ante las autoridades y reciban la sanción que corresponda conforme a derecho.

La CNDH a través de la fuerza de la ley, la verdad y la moral, es la voz de aquellos que han sufrido en su dignidad violaciones a sus derechos humanos.

Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos

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