Economía y crecimiento mayores a lo que se piensa

Luis de la Calle Pardo

El Inegi anunció la semana pasada el nuevo cálculo del Producto Interno Bruto (PIB) con base en la estructura de la economía de 2013. El instituto revisa cada cinco años, a partir de 2003, la base para el cálculo del PIB. En el pasado lo hacía con mucha menor frecuencia. De esta manera, hay varios cálculos del PIB correspondientes a distintos años base: 1970, 1980, 1993, 2003, 2008 y, ahora, 2013. De hecho, no es posible calcular el crecimiento promedio de la economía para largos períodos con una serie de tiempo única y encadenada como para otros países.

 

La forma más sencilla para entender la implicación del cambio del año base es la siguiente: toda economía tiene una estructura que va modificándose con el tiempo. Tradicionalmente, las economías evolucionan y el sector primario (agricultura sobre todo) pierde terreno primero con respecto al secundario (industrias y manufactura) y luego frente el terciario (servicio). Más aún, cambia también la estructura entre sectores domésticos y exportadores y al interior de agricultura, manufactura y servicios.

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Es bien sabido que la economía nacional ha sufrido modificaciones muy relevantes en los últimos 30 años por lo que la estructura de los 70 poco tiene que ver con la actual, por ejemplo. Sin embargo, la actualización quinquenal del Inegi es un fenómeno relativamente reciente. Parece increíble hoy que hasta 2008 se haya cambiado la estructura del año base de 1993 a 2003 para publicar no sólo las cifras de crecimiento, sino también las de niveles del PIB en México. Es decir, a pesar del destacado crecimiento exportador, México publicaba, estudiaba, analizaba y comentaba el comportamiento de la economía mexicana basado en una estructura que ya no le quedaba. Ese uso rezagado de los años base tenía el doble efecto de subestimar el nivel del PIB y también su tasa de crecimiento ya que la estructura vieja le da menos peso a los sectores más dinámicos al tiempo que sobreestima los que crecen poco y, peor aún, los que decrecen.

 

Por estas razones son muy bienvenidas las actualizaciones del Inegi para contar con una estructura más al día. Al final, el crecimiento del PIB es el crecimiento ponderado de sus componentes sectoriales, por lo que, para mejorar su exactitud, es importante actualizar los ponderadores con frecuencia. Incluso, se podría pensar en que el PIB se convirtiera en un auténtico índice de Divisia con actualizaciones dinámicas de ponderadores.

 

La gráfica anexa muestra el nivel del PIB de México en precios reales de 2013 para cada uno de los años base. En ella se puede apreciar en comportamiento de la economía con base de 1970 hasta 1985, con base de 1980 hasta 1995, con base 1993 hasta 2007, con base 2003 hasta 2013 y 2008 y 2013 hasta 2016. Obviamente, es mucho más preciso hablar del comportamiento de la economía en la medida en que el año base y el año analizado no estén muy distantes.

 

La gráfica deja varias lecciones de suma importancia. Destacan tres: una, hay correcciones al nivel del PIB en la abrumadora mayoría de los casos. Dos, las revisiones del nivel son casi siempre al alza. Esto quiere decir que el PIB ha estado, y quizá todavía lo esté, siempre subestimado. Tres, la tasa de crecimiento del PIB en un año base, que se puede medir de manera aproximada como la pendiente del contorno superior de cada área coloreada, no es muy distinta de la tasa de crecimiento resultante del año base anterior. Las áreas tienen una naturaleza casi paralela.

 

Estas revisiones tienen serias implicaciones en materia de política económica, de análisis y de política-política. La primera de ellas que la economía mexicana es más grande de lo que se pensaba después de cada revisión. Esto implica que el ingreso per cápita también ha sido consistentemente subestimado en los análisis. La segunda, que la economía también ha crecido, de manera repetida, con tasas superiores a las que se suponía ya que el cálculo de éstas en general hace caso omiso de los “escalones” de la gráfica y se concentra sólo en la pendiente. La tercera, que es falso que no se esté mejor, aunque no bien, y que haya que cambiar radicalmente de ruta.

 

La percepción de que no se ha crecido en los últimos 30 años es muy generalizada. Incluso el Fondo Monetario Internacional afirma que no entiende por qué México no crece más rápido a pesar de haber hecho tantas cosas bien. Parte de la explicación, no toda ni mucho menos, es que se ha crecido más de lo que se piensa y la economía es más grande, y también lo es ingreso per cápita, de lo que se dice.

 

La gráfica anexa deja esto claro. Si se calcula el crecimiento de 1970 a 2016 se encontrará que el promedio aritmético es de 3.3% y 1.4% per cápita, lo que no es poca cosa.

 

Sin embargo, si se calcula el crecimiento anual promedio entre el punto A y el C éste resulta ser 3.8% total y 1.9% per cápita. Mucho más de lo que la mayoría supone. Ahora bien, si se toma como punto de partida el pico insostenible de la expansión económica de 1981 que algunos ven como el comparativo que debe hacerse, la tasa promedio aritmético de crecimiento es de 2.2% y per cápita de 0.7%. Es precisamente esto a lo que la mayoría se refiere cuando dice que el crecimiento ha sido pobre. No obstante, este cálculo ignora los escalones antes referidos. Por eso, el cálculo correcto debe estimar el crecimiento geométrico entre B y C para medir con mayor precisión la expansión de la economía entre 1981 y 2016. Medido de esta forma el crecimiento promedio ha sido 3.1% y el per cápita 1.5%.

 

Estos números revisados y propiamente calculados tienen una consecuencia política de primer orden. Quieren decir que México está mejor que en 1981, incluido en términos per cápita, y no peor como varios proponen. Implican que el crecimiento ha sido, además, más acelerado en sectores y regiones del país que han tenido éxito en gran parte gracias a la apertura comercial. Pero, por otro lado, no implican que se haya estado creciendo a las tasas potenciales, ni tampoco a las que se necesitan para superar la pobreza, ni a las que se merecen los ciudadanos.

 

Lo que sí quieren decir es que es falsa la premisa de que el país no crece. En realidad sí lo hace y lo podría hacer aún más si se terminara con la economía de la extorsión y la corrupción político electoral que frenan el crecimiento.
 

La cobertura mediática sobre el cambio del año base se ha concentrado en el hecho de que se subieron las tasas de crecimiento para el sexenio de Peña Nieto y se bajaron para el de Calderón. Lo que sucedió metodológicamente es que bajó el ponderador del sector petrolero que se ha hecho más chico. Pocos han apreciado que la economía es más grande a pesar de que parezca crecer a tasas similares, mal calculadas, al excluir las revisiones.

@eledece
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